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jueves, 17 de julio de 2014

Berlín, Alemania - Parte 5

Casi sin querer, estamos (en esta relación escritor-lector) en la quinta entrada respecto a Berlín, capital de Alemania. He notado que de alguna manera los relatos han ido evolucionando, desde simplemente cuentos de lugares visitados y anécdotas, a relatos con chispazos de historia y cultura general. No sé si esto se debe a una mejora en mi nivel de escritura o si simplemente, Berlín es la primera ciudad que visité con mucha (demasiada) historia reciente. Creo que prefiero no saberlo.

Para el lector desprevenido, vengo contando mis avatares por la capital teutona. Si te perdiste la entrada anterior, te la dejo al alcance de un click:


Amanecía un nuevo día en Berlín. Luego de varios días soleados y primaverales, el cielo volvía a estar amenazante y se notaba que la lluvia no se haría desear demasiado. El plan para el día era ir por primera vez al centro de la ciudad, o Mitte, como se lo conoce en aquellas latitudes. Para ubicar espacialmente al lector, para llegar al centro, bastaba con volver a la Puerta de Brandeburgo y desde allí, en lugar de caminar hacia el Tiergarten, ir exactamente hacia el lado opuesto, caminando por el bulevar principal de la ciudad: Unter den Linden (en español: Bajo los Tilos).

Volvíamos de salir de lo del amigo Thomas. No sé si lo había comentado antes o no, pero luego del incidente en el subte, descubrimos que teníamos un ómnibus a dos cuadras de nuestro alojamiento que nos dejaba enfrente a Potsdamer Platz. Hacia allí fuimos, utilizando nuestro ticket por tres días.

En este momento, haré un paréntesis para contar algo que me pareció raro en Berlín. En todas las ciudades en las que estuve donde había subte, los vagones eran individuales y de tamaño similar al de un ómnibus. Para salir de un vagón y entrar a otro, era necesario salir por una puerta e ingresar al siguiente. En Berlín, los subtes son diferentes. 



Como se puede ver en la foto, es un espacio contínuo desde una punta a la otra del tren. Es muy extraño ver hacia la parte de atrás cuando se está en movimiento, sobre todo cuando se está pasando por una curva, dado que el tren parece ir serpenteando por las vías. Con esto cierro el paréntesis: )

Llegamos a Potsdamer Platz, compramos un café en Starbucks y continuamos hasta el lugar planeado. Sin embargo, antes de caminar por el bulevar más famoso de la ciudad, teníamos una parada obligatoria: el Reichstagsgebäude o edificio del Reichstag. En este edificio, funciona actualmente el parlamento alemán.



Como el lector se podrá imaginar, por su cercanía, el edificio se encuentra en el barrio del Tiergarten, en el distrito Mitte. Fue terminado de construir en el año 1894 y (según Wikipedia) tiene un estilo neorrenacentista (espero que por lo menos un lector entienda esta última parte). Desde el año 1999 y cada cinco años se reúne en el Reichstagsgebäude la Convención Federal para elegir al presidente de Alemania. No confundir al presidente con el canciller de Alemania. Por lo menos en estos lares, estoy convencido de que (casi) nadie conoce al presidente alemán, un tal Joachim Gauck. Sin embargo, creo que todos sabemos el nombre de esta señora:



Me volví a desviar del tema principal: El edificio del Reichstag. Si el lector es frecuente del blog, habrá notado que en ningún momento mencioné que dicho edificio hubiera sido dañado durante la Batalla de Berlín en la Segunda Guerra Mundial. Bueno, lo menciono ahora. Durante dicha batalla, el Reichstagsgebäude fue lugar de cruentos enfrentamientos, siendo seriamente dañado. Incluso, a fines de febrero del año 1933, el edificio del parlamento ardió en llamas debido a un incendio intencional que nunca fue aclarado. Fue recién luego de la reunificación de Alemania, que el parlamento volvió a sesionar allí, previo a una gran reforma y modernización del edificio. Una de las principales características del recinto pasó a ser su nueva cúpula, que se ha convertido en una gran atracción turística, recibiendo miles de visitantes por día. Dentro de la misma existen rampas que permiten acceder a un mirador, que se levanta a 40 metros del suelo.



Como último comentario de la cúpula y tal como mencioné anteriormente, la misma puede ser visitada por turistas. De hecho, si no recuerdo mal se puede hacer en forma gratuita el paseo, mediante una reserva por la web. El día que pasamos por allí no teníamos hecha la reserva y luego no volvimos a ir, por lo cual, la subida a la cúpula quedará para el próximo viaje.

El clima estaba amenazando desde hacía algunas horas, hasta que en un momento cercano al mediodía comenzó a llover en forma bastante intensa, debiendo refugiarnos un buen rato en la Puerta de Brandeburgo. Cuando amainó un poco el agua, retomamos la caminata. Del otro lado de la puerta, está otra plaza bastante famosa de Berlín: la Pariser Platz (plaza de París). Luego de la plaza, comienza el bulevar Unter den Linden (que vendría a ser una continuación de Straße des 17. Juni, la que cruza el Tiergarten), uno de los más famosos de la ciudad y una de las principales rutas hacia el centro.

En Unter den Linden existen múltiples tiendas donde comprar recuerdos y chucherías de la ciudad, así como la versión alemana del museo de cera Madame Tussauds. Sobre este bulevar hay algunos edificios universitarios, así como diversos comercios y restaurantes. Tal como indica su nombre, existen cientos de árboles de tilo a lo largo de la calle, que fueron plantados en el año 1950. Al igual que en varios puntos de la ciudad, múltiples edificios importantes que dan a este bulevar están siendo remodelados o refaccionados, en la mayoría de los casos, con el objetivo de dejarlos idénticos a su construcción original.

Durante la caminata, me encontré con un Buddy Bär (oso Buddy), que es una escultura de un oso, de tamaño natural, de la cual hay 300 por todo Berlín (ubicados en plazas y calles importantes de la ciudad). Una peculiaridad que tienen, es que cada uno de los osos está pintado con un diseño distinto. De hecho, hace algunos años, vino una exposición de estos osos pintados a Montevideo, que si no recuerdo mal, se colocaron en la Plaza Independencia. Por otra parte, los osos promueven la tolerancia, la comprensión entre los pueblos y la paz entre las naciones del mundo.



A menos de dos kilómetros de la Puerta de Brandeburgo, caminando por Unter den Linden, se llega a un lugar llamado Isla de los Museos. La razón es simple, es literalmente una isla entre dos ramas del Río Spree donde hay varios museos. Sin embargo, la Isla de los Museos será parte del próximo relato.

Gracias por la compañía!

sábado, 5 de julio de 2014

Berlín, Alemania - Parte 3

El día había estado agitado, horas atrás habíamos despegado desde un aeropuerto en las afueras de Londres, para llegar a otro en las afueras de Berlín. Llegamos a nuestro alojamiento con el cansancio natural de quien ha caminado mucho y dormido poco en los últimos días, sumado al desgaste mental de la entrada a la Pension Thomas. Caminamos hasta Potsdamer Platz, bordeamos el Tiergarten, entramos al Holocaust-Mahnmal y sus miles de losas de distinta altura. Finalmente, llegamos a Brandenburger Tor. Si te perdiste el relato anterior, todavía estás a tiempo de leerlo! Entrá acá:



Ya era de noche y estábamos cansados. Había sido un largo día. Optamos por deshacer el camino hecho, cosa de llegar (sin perdernos) a la Pension Thomas. En nuestra vuelta, pasamos por un supermercado berlinés, a comprar víveres para consumir por el camino (seguramente una botella de agua y alguna golosina). Es increíble darse cuenta que cuando no hay un idioma en común entre dos personas que hablan lenguas distintas, TODO puede volverse dificultoso. Descubrimos en este viaje que en Berlín (por lo menos en la parte de servicios) no es frecuente que las personas hablen inglés (español ni probamos), por lo cual, todo puede ser bastante más complicado de lo común para un turista a la hora de querer hacer algo.

Llegando a nuestro alojamiento, encontramos un par de lugares con comida turca y a precios razonables. En mi vida había probado un kebab ni ninguna de esas cosas (bah, probé sí, pero en su versión montevideana), por lo cual, decidimos que podía ser una buena experiencia darle una chance a los turcos. Para contextualizar un poco, el kebab es una variedad de comidas que tienen como ingrediente principal carne asada en pinchos que van girando, de forma que toda la carne se vaya cociendo pareja.


En la imagen anterior, un rico kebab sobre una base de papas fritas y con una especie de salsa (que tranquilamente podía ser de yogurt), acompañado de una Warsteiner helada, una de las cervezas más típicas de Alemania. Volviendo al kebab, la carne también puede ser acompañada por ensaladas o arroz. Por otra parte, también se podían comprar tortillas turcas, bastante similares a los lehmeyunes armenios. Lo cierto es que, por unos 8 o 10 euros, uno puede comer hasta llenarse y con comida realmente rica. Obviamente, reincidimos un par de veces en el lugar.

Al día siguiente, optamos por volver a Potsdamer Platz y continuar con la recorrida iniciada durante el día anterior. Esta vez haríamos algo un poco más inteligente: dado que teníamos los tickets de tres días para todo el sistema de transporte de la ciudad, elegimos subirnos (o bajarnos) al subte y hacer el recorrido en menos tiempo. Para llegar a nuestro destino, debíamos tomar una línea de subte, bajar en la parada siguiente y allí, tomar otro. En menos de quince minutos habríamos llegado. Con este plan en mente, tomamos el primer subte y nos bajamos en la primera parada. Mapa desplegado en mano, comenzamos a buscar el lugar indicado para subirnos al siguiente subte y mientras lo hacíamos, un grupo de tres chicos aparentemente también estaba perdido, dado que se veían casi tan desorientados como nosotros. Como no encontrábamos la parada donde pasaría nuestro segundo subte, decidimos salir al aire libre (todo esto era bajo tierra) a ver si encontrábamos alguna indicación. Cuando nos dimos cuenta que los muchachos desorientados comenzaron a seguirnos de cerca, razonamos que quizás no estaban tan perdidos y apuramos el paso. Subiendo la escalera, notamos que uno de ellos acercó peligrosamente su mano a una de nuestras billeteras, sin éxito. Con bastante susto (no debe estar bueno que te quiera robar alguien a quien ni siquiera le entendés su idioma) salimos caminando ligero del lugar y nos alejamos presurosos.

Volvamos a la historia original. Llegamos (un poco más tarde de lo planeado) a Potsdamer Platz y entendimos necesario pasar por Starbucks a hacer una parada técnica. En todo el viaje, debo haber tomado unos cuatro o cinco litros de Caramel Macchiato. Debo decir que no me canso de esa bebida.


Ahora sí, volvamos a la historia original. Al costado de Potsdamer Platz, uno accede al Tiergarten, el parque principal de Berlín. Está ubicado en el centro de la ciudad. En sus primeros años, era utilizado para la caza de jabalíes y ciervos (en alemán, Tiergarten significa jardín de animales o zoo). Sin embargo, actualmente se utiliza para el disfrute de la gente. Recorriéndolo, me hizo acordar al Central Park en New York (aunque bastante más pequeño), un gran lugar verde en el medio de una ciudad enorme. Es el pulmón de la ciudad. Se encuentra circundado además por lugares históricos de Berlín, como Potsdamer Platz, el Reichstag, el Palacio de Bellevue o la Berliner Philharmonie. La siguiente es una imagen del parque.


Caminando por el parque, es frecuente ver (en días lindos) a grupos de personas descansando tiradas sobre el pasto, andando en bicicleta o caminando por el lugar. Hay decenas de esculturas y caminos de piedras armados para acceder a distintos lugares del parque. Volviendo a la analogía del Central Park, en el Tiergarten hay pequeños lagos con puentecitos de piedra que los cruzan y permiten cruzar de un sector a otro del parque. Tal como se aprecia en la imagen precedente, en el centro del parque hay una columna de grandes dimensiones, llamada Siegessäule (en español, Columna de la Victoria). Vista de al lado, es una columna monumental. Dado que la misma se encuentra en el centro de una rotonda importante (conecta cinco avenidas importantes de la ciudad) y con muchísimo tráfico, existen cuatro túneles bajo tierra que conectan la rotonda con el parque. Al salir de uno de esos tuneles, se puede tener esta vista:



Una característica extraña de esta construcción, es que originalmente fue erigida en un lugar distinto al actual (antes estaba enfrente al Reichstag). Luego de la Segunda Guerra Mundial, Francia quiso dinamitar el monumento, pero fue vetada. Por otra parte, de los cuatro anillos que se ven en la imagen, sólo tres estaban presentes en la construcción inicial. El cuarto anillo fue colocado entre los años 1938 y 1939, cuando el monumento fue trasladado. La columna es coronada por la estatua de la Diosa Victoria, que según la mitología romana, personifica el triunfo.

En el interior de la columna existen 285 escalones en caracol, que permiten llegar casi a su tope. Dentro de sus instalaciones, hay una muestra donde se puede observar la historia de la columna, sus relocalizaciones, sus agregados y los momentos históricos que se han vivido allí. Por otra parte, mientras se suben los miles de escalones (sí, eran 285, pero parecían miles), cada cierto tiempo existen descansos con sillas de hierro y ventanitas al exterior. Si se presta atención, cada una de estas ventanitas permite ver (controlar) cada una de las cinco avenidas mencionadas anteriormente. Supongo que durante épocas de guerra, estos descansos en la columna serían utilizados como puestos de guardia y control de las principales avenidas de Berlín.

En el tope de la columna (debajo de la estatua de Victoria) hay una serie de pinturas que rodean la construcción: pinturas de reyes, de guerras, de militares; probablemente representando la sociedad de otra época.

La siguiente imagen (última de esta entrada) muestra lo mencionado anteriormente, respecto a las ventanillas que apuntan a las principales avenidas de la ciudad.



Detrás de la ventanilla, una silla verde de hierro estaba colocada en el descanso de la escalera caracol.

Por el momento, esto es todo. La siguiente entrada seguramente contenga información de Alexanderplatz, del Reichstag, de la Puerta de Brandeburgo, de Unter den Linden y alguna cosilla más.

martes, 4 de marzo de 2014

Florida - Miami/Orlando - Parte 4

Hace unos meses atrás, cuando comenzaba a pensar cómo haría para relatar mis experiencias en el estado de Florida, me veía en una posición difícil. Por lejos, ha sido el lugar (fuera de Uruguay) donde más tiempo he estado, así como uno de los lugares que más he podido recorrer en varias ocasiones. Podría seguir lo que viene siendo costumbre para cada ciudad: escribir lo vivido cronológicamente sin complicarme demasiado. Sin embargo, opto por algo distinto esta ocasión.

Si el lector ha caído por acá sin demasiada información previa, le recomiendo pasar por:


Allí comienzan mis relatos respecto al mencionado estado.

Pues bien, es momento de hablar de un tema recurrente cuando un turista pasa por Miami (y alrededores): las compras. A lo largo de esta entrada, pretenderé hablar acerca de shoppings y lugares similares que pude visitar y recorrer varias horas. El lector deberá comprender que no relataré experiencias en los centros comerciales más chic de la Florida, sino que muy por el contrario, apunté al segmento de establecimientos low cost. Aclarado esto, comencemos.

Cronológicamente, el primer lugar que visité se denomina Premium Outlet y está ubicado en la ciudad de Orlando, Florida. El lector frecuente podrá recordar que en la segunda entrada de Florida, ya mencioné este lugar. En breves palabras, es un shopping de outlets, con la característica principal de ser a cielo abierto. Como muchas veces es complicado imaginarse un lugar a partir de su descripción, dejo una imagen:


Tal y como puede verse en la imagen, hay outlets de muchísimas marcas (famosas y no tanto) que forman un centro con más de doscientos locales. Si uno de los objetivos de una persona al visitar este tipo de lugares es comprar compulsivamente, recomiendo dedicar un día entero a recorrerlo. Con paciencia, pueden encontrarse ofertas que rayan lo ridículo y que permiten ahorrar una buena cantidad de dólares. A diferencia de un shopping tradicional, las veces en las que he podido ir a Premium Outlet, si bien había una considerable cantidad de gente, se podía caminar sin andar pechándose con otros, quizás esta sea una ventaja de su enorme tamaño.

Pasaré ahora a hablar sobre tres centros comerciales que se encuentran en Miami y alrededores: Aventura Mall, Sawgrass Mills y Dolphin Mall. Como consejo (sobre todo para los dos primeros lugares) en caso de ir en auto, recomiendo prestar especial atención al lugar donde se lo deja.

Tal como indica su nombre, Aventura Mall se encuentra en una zona denominada Aventura, apenas al norte de North Miami Beach. Si se conduce por la Collins Ave. desde el sur, se podrán ver (a la derecha) múltiples torres construídas por el magnate Donald Trump, muchas de ellas incluso, cuentan con playas privadas para que sus usuarios no se junten con la chusma (?). Volviendo al tema principal, Aventura es un shopping gigante (comparando con cualquier shopping montevideano). Pude conocer este centro comercial en la mañana de un día entre semana, por lo cual, no me llamó la atención la poca gente que transitaba por los pasillos del lugar. De hecho, uno de los pocos lugares con alta concurrencia era un Starbucks en uno de los pisos superiores. Café en mano, pude conocer una casa de la marca Ferrari, con una réplica de un auto de carreras dentro del local. Macy's también era parte de Aventura Mall. Sin embargo, la mayoría de las marcas que se encontraban en este shopping no me resultaban conocidas y como detalle, en ninguno de los locales se veían los precios en las vidrieras. Mala señal. Evidentemente, el único consumo que hice en Aventura Mall fue un rico café.

Sawgrass Mills es un establecimiento que se encuentra bastante más al norte que Aventura, apenas al oeste del aeropuerto de Fort Lauderdale y apenas al este de los Everglades. A diferencia del shopping anterior, en Sawgrass Mills uno puede romper la chanchita tranquilo y gastar unos buenos dólares sin remordimiento. Las principales marcas tienen su local en este shopping y la mayoría de ellas son outlets, con lo cual se pueden conseguir productos realmente más baratos que su precio original. Ojo, no todos los productos se encuentran tan baratos, pero recorriendo un poco se obtienen precios únicos. Es más, existen algunas casas como Marshalls o T.J.Maxx, en donde se pueden encontrar productos de marca a precios incluso más baratos que en su local oficial. Algo interesante de este lugar, es un lugar para ir a comer llamado Rainforest Cafe. El mismo, se encuentra decorado como si se estuviera en medio de una selva, con múltiples maquetas que representan animales, tal como muestro en la siguiente imagen:



Finalmente, en Sawgrass probé algo típicamente estadounidense: los Pretzels de canela. Son altamente recomendables!

El último shopping del que hablaré es Dolphin Mall. El mismo es un shopping muy cercano al aeropuerto principal de Miami y es ideal para visitar el último día y luego emprender el retorno. En este caso, seré un tanto más breve; Dolphin Mall es muy parecido a Sawgrass Mills, aunque bastante más pequeño. A nivel de precios, creo que Sawgrass tiene mejores ofertas, aunque quizás también dependa de la época del año en la que se vaya. Como comentarios culinarios, contaré brevemente dos vivencias: por un lado, en este mall probé el pollo más exquisito que comí en mi vida (no sé que tenía, pero parecía bañado en una salsa con naranja y miel), por otro lado, probé jugo de caña de azúcar (pasan las cañas por una prensadora y del otro lado sale el jugo) que resultó ser bastante dulce.

Como bonus track, mencionaré Sports Authority, no es un shopping sino una casa de deportes con muy buenos precios. Recomendado si se busca comprar calzado o (como yo) raquetas de tenis.

lunes, 18 de marzo de 2013

Boston - Parte 1

En la entrada anterior, había culminado el racconto de mis travesías por New York. Sobre el final, mencioné que mi próxima entrada seguramente contaría cosas buenas para hacer tanto en Chicago como en NYC. Beh, me arrepentí. En algún momento lo voy a hacer, pero desde hace varios días, vengo inspirado y con ganas de escribir sobre la ciudad de Boston. Pero es raro, porque si bien pasamos dos días en la ciudad y tengo pila de recuerdos de la misma, mi mente no logra seguir una línea temporal de las cosas y estoy seguro de que ya me he olvidado de bastante. Como siempre, voy a intentar contar las cosas utilizando como recordatorio mis propias fotos.

En post anteriores, he hablado de Chicago y New York City. Si te interesa leer mis experiencias en ambas ciudades, pasá por acá:



Era Enero de 2011. Quizás para la mayoría de las personas, esa fecha no aporta demasiado al relato. Sin embargo, nuestro viaje se vio afectado seriamente por suceder en esta época del año. A mediados del mes de Enero de 2011, se produjo una de las peores tormentas de nieve en el norte y noreste de los Estados Unidos. Como consecuencia de lo anterior, muchos vuelos se reprogramaron y varios otros se cancelaron hasta nuevo aviso. Nosotros en ese momento, nos encontrábamos en Kansas City, en el estado de Missouri, siendo Boston nuestro próximo destino. Sufrimos cuatro cancelaciones o postergaciones de vuelos por esta tormenta amiga. Además, lo que más nos enojaba, era que ya de por sí íbamos a estar muy pocos días en la ciudad de Boston, por lo cual, un día menos en la misma, significaba perder un gran porcentaje de lugares para conocer. Decidimos ir al aeropuerto y pedir una solución; la alternativa que nos consiguieron fue hacer escala en Dallas en lugar de Chicago, dado que el mismo estaba cerrado. No dudamos y aceptamos la propuesta. Del aeropuerto de Dallas no tengo demasiado para decir, salvo que es grande (demasiado) y que tiene un sistema de trenes que permite desplazarse entre las terminales del mismo. Dejo un link:


Como podrán leer en el link anterior, está totalmente automatizado, siendo el sistema de trenes de aeropuerto más grande del mundo. Como detalle adicional, pasa cada dos minutos y alcanza los 56 km/h.

Dicho lo anterior, pasemos a lo que realmente motiva este relato: Boston. Lo primero que vimos en la ciudad fue nieve. Mucha. Nieve a niveles escandalosos. Habíamos convivido con nieve tanto en Chicago como en Kansas City. Incluso en esta última hicimos un snowman al calor del pleno invierno. Sin embargo, mi experiencia es que Boston en invierno es escandalosamente nevado. Apenas llegamos, tomamos un taxi desde el aeropuerto hasta llegar al apartamento donde nos alojaríamos. Era tanta la nieve, que cuando el taxi se detuvo, notamos que había un auto estacionado enfrente a nosotros, que tenía dos montañas de nieve, tanto adelante como atrás. Nieve que habían retirado para poder sacarlo. Nieve que, acumulada, era más alta que el propio auto. Pero no era de esa nieve blanca de los cuentos de hadas o de ese color infinitamente blanco de los paisajes nevados del Central Park. Toda la nieve que vimos en Boston era nieve sucia, marrón, nieve transitada por autos y acumulada contra las veredas para facilitar el paso. Una de las pocas ventajas, es que pese al clima nevado y a la poca temperatura, no se sentía demasiado frío.

Al llegar al apartamento, nos esperaba una rica muzzarella y un PS3 (sí, ríanse, pero en Enero/2011, un PS3 estaba recién saliendo!). Creo que esa primera noche no hicimos demasiadas cosas. Habíamos llegado bastante tarde y no daba para salir a explorar la ciudad a las 3 am, sabiendo que te vas a quedar únicamente un día más.

Se hizo el día, el único que pasaríamos en Boston. Sinceramente, me arrepiento de haber pasado un único día allí, aunque la idea original (maldita tormenta!) era estar dos días y medio (o algo así). Debido a que los dueños de casa tenían que salir a trabajar, aprovechamos para levantarnos temprano. Si no recuerdo mal, bastante temprano de hecho. Demasiado temprano si uno piensa que está de vacaciones, algo así como 6 am (o capaz que fue a las 9 y tengo muy mala memoria!). Recuerdo que una de las personas que nos alojaba, iba siguiendo mediante su smartphone el recorrido del ómnibus y no salimos del apartamento hasta tanto no estuviera lo suficientemente cerca. Lo único rescatable del trayecto en bus fue que en ese momento, terminé de darme cuenta que había demasiada nieve y que era marrón.

Nos bajamos en una zona que era cercana al MIT. Quizás no muchos conozcan qué es este instituto. No voy a darles el pescado, voy a enseñarles a pescar. Acá va un link:



En un breve resumen, es el mejor instituto de ingeniería del mundo. En facultad, muchos de los materiales de estudio recomendados, o bien, que se obtienen al googlear, proceden del MIT. Eso evidentemente, genera a cualquier estudiante de ingeniería en una relación de amor-odio hacia el MIT. De todas maneras, si hay algún motivo por el cual este instituto puede ser conocido en Uruguay, es por el Plan Ceibal. En un breve resumen, este plan es una extensión de OLPC (One Laptop Per Child), idea propuesta por Nicholas Negroponte, fundador del MIT Media Lab. Para más información:



En fin, paseamos un buen rato por los nevados terrenos del MIT, por supuesto, con un café bien cargado de Starbucks y con la cámara de fotos en mano. Además, entramos en la tienda del instituto, donde se pueden adquirir desde el clásico material de estudio, hasta distintivos del MIT, como remeras, buzos, gorros, tazas, jarras, banderas; no sé, lo que se te ocurra. Dejo una imagen de una camiseta que se puede comprar en ese lugar:


Nos divertimos un rato y luego partimos. Algo que nos pareció bastante interesante, es que en los terrenos nevados del colegio, alguien (algún estudiante quizás) aprovechó para hacer un iglú y diversas esculturas muy simpáticas con la nieve (esta nieve sí era blanca).

Por hoy no voy a escribir más. Mi idea es hacer una entrada más acerca de Boston. Al fin de cuentas, estuvimos un día y dos noches allí, no hay demasiada cosa por contar. En la próxima entrada, debería hablar de nuestro paseo por el Museo de Ciencia, por los terrenos de la Universidad de Harvard y finalmente, de la cena más cara que en mi vida degusté. Finalmente, hablé bastante de la nieve pero casi no puse imágenes, así que dejo alguna de yapa cuando andábamos cerca del MIT.


Podrán apreciar que la nieve es bastante blanca y no en las cantidades que puse más arriba, pero créanme, había mucha más.

Si llegaste hasta acá, gracias! :D

domingo, 16 de diciembre de 2012

New York City - Parte 12

Así como no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista, así pasó con nuestro viaje relámpago. Planificamos en cinco días, un viaje que duraría cuatro (en realidad, duró cinco, pero fueron cuatro en la ciudad), y ese viaje estaba llegando a su fin. Tengo un sentimiento de vacío. Por un lado, cuando empecé a escribir sobre mis viajes, mi objetivo era terminar mis relatos y poder viajar poco tiempo después. Sin embargo, mis relatos se hicieron cada vez más discontínuos, y (sorpresivamente) surgió este viaje en el medio de la nada, que nutrió en forma significativa mis historias.

Esta entrada es la número doce de mis (dos) viajes a la ciudad de Nueva York. El primero se dio en Enero/2011 y formó parte de un viaje por la costa Este de Estados Unidos y Playa del Carmen en México. El segundo viaje, se produjo a finales de Agosto/2012, únicamente a NYC.  Para arrancar por el principio de mis historias neoyorkinas, pasá por acá:



Como dije antes, nuestro viaje por mi ciudad favorita estaba llegando a su fin. Milagrosamente, habíamos hecho todo lo que teníamos previsto hacer, pese a que nos habíamos encontrado con algunos traspiés (que no vienen al caso). Era el último día. No teníamos regalos ni chocolates comprados. Nuestro avión salía en la tardecita/noche. Como he dicho en más de una oportunidad, fuimos imantados hacia el Times Square. Pese a que nos alojábamos en Queens, Times Square era casi como nuestro lugar de partida, entonces, hacia allí fuimos. 

Cuando uno viaja, la gente espera chocolates. Uno puede haberse ido un fin de semana a Buenos Aires, pero si no trae chocolates, es como que wooooooooo, viajó y no trajo chocolates para compartir, y ya te empiezan a mirar de costado. Lo bueno que tiene estar en Times Square, es que existen en la zona dos grandes casas de chocolates (ideales para regalar o regalarse!): M&M y Hershey's. Fuimos a ambas. Son realmente grandes, sobre todo la de M&M. Tienen todos los tipos de chocolates que a uno se le pueden ocurrir y facilitan cualquier regalo que uno tenga que hacer. La siguiente foto, es del local de M&M.


No sé si se llegará a apreciar demasiado, pero son grandes contenedores de los clásicos M&M, de los cuales uno puede servirse y luego paga según el peso. Me gustó bastante la idea y entiendo que para los "puristas" de los M&M debe estar bueno. Para mi, todos tienen el mismo gusto. Como todos los locales comerciales, además de chocolates, vendían remeras, gorros, pegotines, o sea, tenían todo un marketing atrás de los afamados chocolates.

Luego de pasar un buen rato adentro de estos locales, partimos con un par de bolsas de regalos y algunos dólares menos en nuestros bolsillos. La siguiente parada era en B&H. Quizás no todo el mundo haya sentido hablar de este local, para quien no lo conoce, es (muy burdamente hablando) un lugar donde venden tecnología. Cámaras de fotos, computadoras, accesorios, televisiones, blu rays, en fin, todo lo que a uno se le ocurra, en sus últimas versiones, puede ser encontrado en este lugar. Si bien se manejan mucho con las ventas por Internet, el comercio es realmente grande y con una organización en niveles inimaginados. No sólo llevan un registro de sus clientes y de las compras realizadas, sino que tienen un sistema interior, en el cual el cliente le pide al vendedor todo lo que precisa, y éste únicamente digita en una PC el pedido, el cual, es enviado desde los depósitos hasta las cajas mediante unos rieles (cerca del techo) que los trasladan. Y funciona. Todo funciona. Los tipos son relojitos, es un lugar donde aparentemente, nada falla. Además de su organización, debo decir nuevamente, que tienen todos los productos que a uno se le podrían ocurrir y además, a buenos precios.

Cada vez nos acercábamos más a la hora de partida, apenas si nos dio para pasar por Starbucks a tomar un refrigerio y comprar algún café para regalar.

Pocas horas después, ya estábamos en LaGuardia, esperando nuestro avión para volver a Montevideo. Habían sido cuatro días realmente intensos y si bien hicimos todo lo que estaba en nuestros planes, me volvió a quedar la sensación de que es mi lugar en el mundo. Ojalá pudiera vivir algún día allí!

No queda mucho para contar, la escala en Miami duró algunas horas, suficientes para recorrer un poco y pasar por algún free shop, no mucho más. Cuando quisimos acordar, ya era media mañana del lunes y estábamos de vuelta con nuestras valijas, pero en Uruguay.

Seguramente, mi próxima entrada sea un compilado de cosas que están buenas para hacer tanto en Chicago como en New York. Por el momento, no he decidido por qué ciudad voy a seguir escribiendo, pero recomiendo estar atentos a la llegada de una nueva entrada

jueves, 6 de diciembre de 2012

New York City - Parte 11

Parece mentira que esta sea la undécima entrada correspondiente a mis visitas a la ciudad de New York. Cuando arranqué con esta aventura (la de escribir, no la de viajar!), nunca se me ocurrió que habría tantas cosas por contar. Pienso que eso es bueno. Al fin y al cabo, es un motivo más para seguir viajando! En la entrada anterior, conté todo lo vivido en la mañana/mediodía del penúltimo día que estuvimos en New York. Se me hizo largo el relato, como dije anteriormente, fue el día que más he disfrutado estando en USA. Si querés leer la entrada anterior, hacé click acá:



Habíamos terminado de comer en el restaurant mexicano. Nuestra siguiente escala era el Central Park. Ya habíamos ido la vez anterior, aunque claro, el clima era completamente distinto. Mientras que en Enero/2011 había nieve por todas partes, gente patinando sobre hielo en algunas pistas y relativamente pocas personas en el parque; en Agosto/2012 (pleno verano!), el Central Park estaba a full. Tal como se ve en las películas, miles de personas corriendo por las calles interiores del parque, otros en bicicleta con su perro corriendo atrás, gente en patines, turistas con sus cámaras, en fin, el parque estaba tremendo. Llegamos a eso de las 1700 hs, con un calor bárbaro. Nuestro objetivo era alquilar bicicletas para pasear y recorrer una distancia mayor en menos tiempo. Teníamos todo calculado, mapa en mano, nos dirigimos al sector donde supuestamente te alquilaban las bicis. Nada. Nadie. Bajón (?). Optamos por preguntarle a un vendedor de pretzels (creo) a ver si tenía idea dónde estaban los birrodados. Eureka! Fuimos a donde nos indicó el tipo: nueva desilusión, eran una especie de carros. Dado que era un embole seguir buscando las bicicletas, arrancamos a caminar hacia cualquier lado para recorrer un poco. Pasamos por lugares que recordaba del viaje anterior, aunque esta vez sin nieve, lo que los hacía completamente distintos y (casi) nuevos. En un momento, comenzamos a escuchar una música semi electrónica, que nos invitó a acercarnos. Cuando llegamos, vimos una gran cantidad de gente que rodeaba una especie de pista central, tomando fotos y filmando. Nos acercamos. Realmente, vimos un espectáculo que nos hizo disfrutar bastante. Era gente "rara" patinando y bailando al ritmo de la música. Dejo un enlace, pero seguro no se podrá apreciar (ni disfrutar) ni el 10% de lo que disfrutamos ahí.


Luego de disfrutar semejante espectáculo durante un buen rato, seguimos viaje. A esa altura, llevábamos varios kilómetros caminados, y el cansancio nos empezó a pegar. Supongo que sería culpa del sol y del calor. Dado que un par de horas después teníamos una cita en el Radio City Music Hall, tomamos un descanso en uno de los bancos del parque y un rato después, nos levantamos y seguimos viaje.

Debido a que era relativamente temprano como para ya caer en el teatro, y dado que queríamos ir a Wall Street, tomamos un subte y nos bajamos en la zona. Nos cruzamos con algunos manifestantes del famoso grupo Occupy Wall Street que estaban acampando y tenían múltiples carteles de protesta. De todas formas, eran relativamente pocos y estaban allí en forma pacífica. Finalmente, antes de partir al teatro, nos compramos un refrigerio (un Smoothie!) en Starbucks y fuimos a conocer el toro de Wall Street. Para los que no lo conocen:



Ahora si era hora de partir. Subte mediante, partimos hacia el Radio City. Como detalle, le erramos a la parada donde nos teníamos que bajar, lo que nos ocasionó tener que correr como seis o siete cuadras para llegar a tiempo.

El Radio City es mágico. Lujoso, grande, majestuoso y todos los epítetos que se le ocurran al lector. Nuestra ubicación era al fondo de la parte baja del teatro. Estaba bastante lleno de gente, era una de las últimas funciones de Zarkana en New York, previo a que se fueran a Las Vegas. De todas formas, estimo que el Cirque du Soleil llenará siempre cada lugar donde va.

La función empezó en tiempo y forma. Estaba prohibido filmar o sacar fotos. Cuando escuché eso me enojé un poco, uno siempre quiere tener un recuerdo de cada lado al que va. Pese a esto, acaté las reglas de la casa (y no me arrepiento). Nunca había ido a un circo. Sabía que no era uno tradicional tampoco. No tenía idea de qué me esperaba cuando se levantara el telón. Estaba ansioso. Muy mucho. Y Zarkana no defraudó. Es una obra que emociona (me siento un tanto idiota escribiendo esto). Uno se va sorprendido, alegre, emocionado, con ganas de más. No precisan hablar (casi) en todo el espectáculo y sin embargo cuentan una historia totalmente entendible. No usan animales. Son profesionales en serio. Tienen momentos en los que te hacen reir, y otros en los que estás totalmente compenetrado con lo que está pasando. Casi no se equivocan (apenas algún error de los trapecistas, pero su actuación fue casi perfecta). En pocas palabras, fue una hora y media de show, en el que vivís pila de cosas y pasás por múltiples estados emocionales. Recomendable al 1000%. Si volviera a visitar una ciudad, sabiendo que el Cirque du Soleil está allí, volvería a ir y a pagar lo que fuera necesario. Para finalizar, agrego una foto del show (no mía), donde aparecen los trapecistas:



Nos fuimos felices del teatro. Volvimos a Queens, donde creo salimos a tomar algo en la noche. Era nuestra última noche en la mejor ciudad del mundo. Para haber sido un viaje de menos de cuatro días, la pasamos genial. En la siguiente entrada (que debería ser la última de NYC (por ahora!)), voy a contar el último día en la ciudad, entre compras de regalos y todo eso que implica el último día de vacaciones.

Gracias por llegar hasta acá! :)

sábado, 24 de noviembre de 2012

New York City - Parte 10

Cada vez me cuesta más hacer las introducciones de las entradas. Creo que ya hablé varias veces sobre cuánto me gusta escribir y cuánto más viajar. Esta vez voy a ser original y voy a cortar por lo sano. Si querés leer la entrada anterior, entrá en el siguiente link:



Era el tercer día del viaje relámpago a New York. Si bien sabíamos que el viaje sería corto, no nos habíamos acostumbrado a la vida de la gran manzana, cuando ya nos quedaba menos de la mitad del tiempo de estadía en la ciudad. Hasta ahora, casi nada había salido como nos hubiera gustado: no teníamos las entradas para ir al Cirque du Soleil, habíamos perdido algunas horas en poder ubicarnos en el apartamento, debimos gastar un día entero en trámites. En fin, nos quedaban menos de dos días para hacer todo lo que teníamos pensado.

Arrancamos temprano. Alrededor de las 11 hs teníamos entrada al 9/11 Memorial, con lo cual, salimos hacia Manhattan a eso de las 9, 9 y algo. Como todas las mañanas, partimos de Queens en el subte y pegamos desayuno en un Starbucks cercano al Memorial. El primer día (la primer tarde/noche) de este viaje, descubrí un sabor nuevo en esta cafetería: los Smoothies. Desde ese momento, me hice algo así como que fanático de los mismos. Es una especie de batido de frutas, al que incluso se le puede agregar complejos vitamínicos. Lo cierto, es que esta tercer mañana en la ciudad, me encontró nuevamente disfrutando de un Smoothie de frutilla bien fría, mientras esperábamos para poder entrar al Memorial. Generalmente, es necesario hacer una gran cola para poder entrar. Sin embargo, esta mañana era poca la gente que deseaba acceder. Pasamos bastante rápido por los controles, aunque debo decir, que eran bastantes y demasiado estrictos. Eran incluso más completos que los que se realizan en los aeropuertos, incluía cacheos, revisión de metales, scanneres y demás.

Superados los controles, se accede a un predio enorme, donde tiempo atrás estaban las torres gemelas. Actualmente, se está construyendo un complejo gigante, con torres realmente asombrosas (y altas!). Donde estaban las torres derribadas, se construyeron dos "piscinas", que en los bordes tienen los nombres de las personas fallecidas en el incidente del 11 de Setiembre. Dejo foto por si no fui del todo bueno en mi explicación.


Es un complejo realmente fascinante, extremadamente verde y cuidado. La gente circula con mucho respeto por la zona, sacando fotos y apreciando el paisaje. Pero no hay ruidos molestos, nadie corre, nadie anda apurado. Es un lugar de paz dentro de la ciudad más agitada del mundo. Sacamos varias fotos, de las nuevas torres, de las piletas, del paisaje. Es recomendable para ir, incluso, es de las pocas cosas a las que se puede acceder gratis en la ciudad. Finalmente, como simbolismo, tienen cercado un árbol que habría sobrevivido al derrumbe de las torres (así como a todos los movimientos que hubo en la zona). Nuevamente, sea quien sea que esté leyendo esto, le recomiendo ir al Memorial. Lo único que se debe tener en cuenta, es que las entradas hay que sacarlas por Internet previamente, pero siempre hay disponibilidad de horarios para ir.

Al fin nos empezaban a salir bien las cosas. El paseo por el Memorial había sido estupendo e íbamos por más. Era cerca del mediodía y hacía bastante calor. Tomamos un subte y aparecimos (para variar) desde abajo de la tierra en la zona del Times Square. Caminamos un poco por allí, cuando de pronto vemos a unos chicos entregando afiches de Zarkana, la obra que queríamos ver del Cirque du Soleil, en el Radio City Music Hall. Nos acercamos, les pedimos algunos, y vimos que tenían una promoción en la cual se pagaba la mitad del costo de la entrada, únicamente era necesario presentar el afiche a la hora de sacar las entradas! Felices, afiches en mano, caminamos hacia el teatro. En nuestro camino, surgió repentinamente una tienda donde vendían fruta fresca (y fría), que nos vendría bien para consumir e hidratarnos un poco. Compramos unos pedazos de mango, de sandía y unas frutillas (creo) que fueron felizmente consumidas frente a una fuente de agua del Rockefeller Center. Era un día que pintaba para ser glorioso. Allí estábamos nosotros, disfrutando de tremendo paisaje, mezcla perfecta entre naturaleza y ciudad alborotada.

Terminadas las frutas, arrancamos para el Radio City Music Hall para intentar conseguir esas entradas. Basta mirar en el google maps, para darse cuenta que del Rockefeller Center al RCMH hay apenas dos cuadras de distancia, por lo cual, un ratito después, estábamos con las entradas en nuestros bolsillos. Conseguimos lugares en la parte de abajo del teatro, en una de las filas del final (por decir algo, habremos conseguido en la fila 25, habiendo 30). Tal como había mencionado antes, usamos los afiches que nos dieron en el Times Square, con lo cual, ahorramos la mitad del precio de las entradas (que de por sí eran medio caripelas).

En Enero/2011, fecha de mi primer viaje, estuvimos alrededor de cuatro o cinco días en la ciudad. Fueron sumamente intensos y sin embargo, nos quedaron muchas cosas por conocer. Entre ellas, no habíamos ido al Harlem ni lugares cercanos. Lo más cerca que estuvimos, fue durante nuestro paseo por el nevado Central Park, pero nada más. Esta vez, teníamos otros planes. Tomamos un subte que nos dejó en un extremo del parque (en la W 110 st y la 8th Ave) y comenzamos a caminar hacia el oeste. La zona es hermosa, quizás el barrio residencial que más me ha gustado de NYC. Tiene un aire al Prado montevideano, pero con edificios bastante más altos y calles bastante más amplias. Desde Montevideo, un amante de la serie Seinfeld, nos había pedido que fuéramos al restaurant que aparece a menudo en la serie, por lo cual, fuimos allí. Dejo una foto por si alguien no se da cuenta de qué estoy hablando:



Si alguien no conoce la serie, la foto anterior no le aporta nada. Sin embargo, aquellos que nos hemos reído horas y horas con Jerry Seinfeld, le encontramos un valor emotivo (?).

Una vez que pasamos por el bar de Tom, compramos unos chicles de sandía (que están tremendos!) y nos pusimos en contacto con una chica (también uruguaya) que vivía por la zona y que amablemente nos ayudó a conocer los alrededores. Caminamos por el enooorme predio de la Universidad de Columbia, que es, francamente espectacular. Tiene un entorno plagado de edificios que ofician de residencia para los estudiantes y es una zona muy alegre, llena de vida y juventud. Me encantó conocerla y volvería a ir. Los edificios son majestuosos, tienen una vista privilegiada de la ciudad, la gente andaba ligera de ropa por ser verano, en fin, fui feliz, muy mucho.

A eso de las 4 pm, almorzamos con Sofía en un restaurant mexicano unas fajitas. Allí, pude volver a degustar la exquisita horchata (que había probado en el primer viaje, en Playa del Carmen), aunque seré sincero, la de Mexico era más rica. Tuvimos un almuerzo tan agradable, entre uruguayos, nachos, salsas picantes, horchatas y fajitas, que cuando quisimos acordar, ya era hora de seguir nuestro camino.

Por hoy, creo que ya escribí bastante. La próxima entrada completará lo relatado en esta, el tercer día del viaje. Hablaré sobre el paseo por el Central Park y el Cirque du Soleil.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

New York City - Parte 7

Tal vez sea complejo por vivir en una ciudad relativamente chica, o un país enano al lado de dos gigantes, pero sea lo que fuera, no me voy a cansar nunca de ir a New York. Como dijo un uruguayo la primera vez que fui, todos los días conocés algo nuevo, todos los días vez algo diferente, es una ciudad que no te deja de sorprender.

Cuando comencé a escribir estos relatos, mi objetivo era poder volver a viajar al poco tiempo de haber terminado de escribir todo, de forma de nunca detenerme en la escritura. Sin embargo, se combinaron dos asuntos que impidieron que esto pasara: el primero, se me complicó para escribir (mitad por boludo y mitad por tener otras cosas para hacer) y el segundo, porque a finales de agosto salió un viaje relámpago a NYC que alteró todo el cronograma que me había armado.

Este post corresponde a una serie perteneciente a la ciudad de New York, siendo el séptimo de su linaje. Los primeros seis se corresponden a mi primer viaje a la ciudad, en enero de 2011. A partir del séptimo y de ahora en más, relataré mis experiencias de mi segundo viaje, en el verano neoyorkino, 2012. Si querés leer los anteriores, pasá por:



Viajar a NYC, si se va por American Airlines, implica pasar por Miami. Llegamos a eso de las 5 AM al aeropuerto de la ciudad. Quizás por las ansias del viaje, quizás porque viajás incómodo como en un 149 a las seis de la tarde con destino Mendoza, lo cierto es que casi no pegué un ojo en toda la noche y estaba un tanto abombado (más de lo habitual!). Cuando hicimos los trámites de inmigración, me toca una minita con pinta latina, y nombre yanqui, con lo cual, apliqué la misma táctica del viaje anterior: le hablé en español. Me respondió en inglés. Evidentemente, no empezaba bien el día. Como siempre, me pidió que pusiera todos los dedos sobre el scaner que tienen, me preguntó para qué iba, cuanto tiempo y todos los papos, hasta que se dió cuenta que no había terminado de completar el formulario de ingreso, lo cual me hizo notar. Divino. Le pido una lapicera. La muy HDP, me mira seria y me dice que si, pero que tiene cargo (wtf! pensé yo, me cobra por usar dos minutos una la lapicera?!?!?!). Retrocedo, en búsqueda de una lapicera "without charges", a lo que me responde: "I'm joking" y me extiende la lapicera. Humillación miamesca a las 5 AM, tremendo arranque de jornada.

Luego del owned más grande del año, trasladamos las valijas para que las despacharan hacia New York y nos quedó un rato libre. Rato libre, un año y medio sin pisar USA hacía que  inexorable e inevitablemente se me cruzara una única palabra por la mente: Starbucks. Ya habíamos desayunado abundantemente bien en el avión, pero hay que resistirse al Caramel Macchiato! Aprovechamos para tomarlo, comiendo una especie de brownie de banana (creo) en la salida del aeropuerto, donde ya se notaba la temperatura calurosa que íbamos a buscar. Pasar de los 10 grados de Montevideo a los 25 grados de Miami a las 5 AM era una sensación gloriosa.

Una vez culminado el café, nos dirigimos hacia el lugar donde salía nuestro avión. En el camino, tal como pasa en Carrasco, nos cruzamos con un monumento (escultura? obra?) de un avión, colgado en uno de los pasajes de la terminal. Se me ocurrió fotografiarlo de abajo, para que se notara completo, por lo cual, debí acostarme (literalmente) en el piso del pasillo, para obtener la toma correcta. Aparentemente algún gil se rió (ni me enteré), pero no me conocía nadie, así que poco me importó. La dichosa foto es:


Seguimos viaje. En el avión, optamos por decidir qué paseos haríamos en nuestra estadía y cumplida esa tarea, miramos el primer capítulo de Breaking Bad (no subtitles), como para ir acostumbrando la oreja. Llegamos a NYC, pero con una diferencia con respecto al viaje anterior, esta vez llegamos en avión (la anterior en bus desde Boston). La vista es asombrosa, espectacular, me quedo corto en adjetivos si quiero describirlo. Por otra parte, en lugar de ir por el aeropuerto JFK, esta vez llegamos desde el aeropuerto de LaGuardia (LGA), mucho más chico que el Kennedy, pero sobre todo, mucho más cerca de nuestro destino, dado que nos hospedábamos en Astoria, Queens.

Luego de algunos incidentes menores (no encontrábamos a los dueños de casa), logramos entrar las valijas al apto y aprontarnos para salir. Esta vez iba preparado, llevé la camiseta del glorioso Peñarol a pasear por la gran manzana y la saqué a relucir el primer día.

Tal como nos había sucecido en el viaje anterior, el primer destino fue el Times Square. Previo a esto, y como supe aconsejar en uno de mis primeros posts, sacamos la free pass de subte, te despreocupás de andar sacando boletos y viajás todas las veces que querés por algunos dólares. En fin. Es inexplicable la diferencia entre NYC en verano y en invierno, la vez anterior con -10 grados y ahora con 30, la cantidad de ropa menos que precisás, la facilidad que tenés para moverte. Se vuelve mucho más transitable la ciudad en verano, por más que haya más gente en las calles y respirás felicidad (estoy hecho un poeta!). 

Luego de dar algunas (varias) vueltas por el Times Square (y de consumir un refrigerio de Starbucks), arrancamos hacia el Rockefeller Center, donde nos llevamos una mayúscula sorpresa. En el invierno de 2011, habíamos visto una pista de patinaje sobre hielo en la base de uno de los edificios, con una escultura dorada y banderas de países de todo el mundo a su alrededor. Ahora en cambio, había un espacio vacío, con algunas mesitas de algún café cercano. Pero nada de hielo, ni de patinaje, ni escultura, ni banderas, nada. Estuvimos un rato largo discutiendo y caminando alrededor del edificio para convencernos que estábamos en el mismo lugar. A los pocos días, nos enteramos que aparentemente, arman esa estructura para invierno y la desarman para el verano. Muy loco.

Uno de los objetivos que nos habíamos propuesto en el viaje era poder ir al Radio City Music Hall, al espectáculo Zarkana, del Cirque su Soleil. Sabíamos que a través de internet, se podían conseguir promociones especiales, de forma de ahorrar algunos dólares, o por el mismo precio, tener localidades con buena visibilidad. Días anteriores, ya habíamos encontrado una página con un código, que era el que permitía un descuento de 50% en la web de compra de tickets. Nos detuvimos en la puerta de un Starbucks a garronear internet e intentar acceder a ese código. No había forma. Conseguimos otros, pero no eran tan buenos y terminabas pagando una torta de guita.

Finalmente la búsqueda resultó infructuosa, con lo cual, decidimos ir al teatro a averiguar cómo era la movida y ver si podíamos tener algún descuento o algo. Nada. Alta decepción. Luego de varias horas, el Cirque du Soleil nos había vencido y nos quería hacer abonar el precio total, sin descuento. Optamos por esperar hasta la noche e (computadora mediante) intentar nuevamente. Pondría alguna foto del Radio City Music Hall, pero creo que en post anteriores ya lo hice.

Este post finaliza por acá. En el siguiente, relataré nuestra visita al museo de cera, Madame Tussaud's  Gracias por llegar hasta acá!

viernes, 22 de junio de 2012

Chicago, "The windy city" - Parte 2

Lo que leerás a continuación, corresponde a la segunda parte de:
http://mathiasonthetrip.blogspot.com/2012/06/chicago-windy-city-parte-1.html

Chicago es una ciudad increíble. Quizás se deba a que era la primer ciudad a la que llegábamos, o quizás es increíble realmente. Tendría que volver a ir y redescubrirla. Junto con New York (también volvería a Orlando), es una ciudad en la que me quedaron muchas por hacer, muchos lugares por conocer y a la que sin dudar, volvería a ir.


Si no recuerdo mal, habremos estado cuatro o cinco días. Apenas llegamos, como mencioné en el artículo anterior, comenzó a nevar, no mucho, pero hacía bastante frío. Dejamos todo en el hostal y salimos a caminar bajo la nieve. Dejo constancia que el orden del relato puede no corresponderse con el orden real de los acontecimientos, aunque intentaré respetarlo lo más fielmente.


Empezamos a caminar por una avenida bastante principal. No me daban los ojos para mirar todos los edificios y paisajes. Tampoco me daba la cámara para sacar tantas fotos. Pese a que lo intuía, me llamó mucho la atención la diferencia del skyline de las construcciones de Chicago, respecto a las de Montevideo. Edificios de 60, 80 pisos eran habituales y los había por todas partes.


En un momento llegamos una plaza con pista de patín. No, no patiné (en esa!). Igual, es anecdótico el hecho, pues en realidad, quería hacer mención a un "monumento" (por no encontrarle una mejor definición) llamado "Cloud Gate" (puerta de/hacia la nube). Agregué una foto de las que saqué allí. Es cuando menos raro. Al observar detenidamente el monumento, se puede apreciar el reflejo de los edificios vecinos.




Dicho esto, sigo la historia.
Continuamos el recorrido. Creo que a esa altura ya habíamos pasado por Starbucks. Para quien no ha tenido la experiencia, es una cadena de cafeterías internacional, que durante el viaje se nos volvió casi un amigo de ruta (más que un amigo, un hermano). Tal vez por el frío, por la necesidad de tomar algo caliente, o nomás por lo rico que era el café y el chocolate, lo cierto es que supimos ir hasta dos o tres veces por día durante todo el viaje. Hay tres tamaños de café (el venti creo que era el más grande) y bastante variedad de tipos y sabores. Para sacarse el frío, puede agregársele uno, dos o hasta tres shots al café. En fin, altamente recomendable. Y si te pudrís de tomar café, el chocolate caliente de Starbucks es MUY rico (sobretodo si hace frío). A Uruguay no ha llegado aún. Habría que hacer una fuerza para traerlos!


Continúo. A esa altura eran como las 4 pm y ya notábamos que estaba anocheciendo. También notamos que no habíamos almorzado aún, por lo cual, empezamos a buscar algún lugar para calmar al estómago. Entramos en un lugar cercano al Hard Rock Café de Chicago. Si el lector es impaciente, se preguntará por qué carajo dedico tantas líneas al almuerzo. La razón es simple. Los mozos en Estados Unidos son amables, MUY amables, quizás, demasiado amables, atentos y efusivos. Me explico. Apenas entrás a un lugar a comer, ya te preguntan cuántas personas son y te dirigen a una mesa acorde. Te traen la carta. No pasaron cinco minutos, que ya viene el mozo a ver si decidiste qué vas a comer (así el lugar esté vacío y no haya nadie para atender, o que hubiera necesidad de vaciar las mesas rápido). Evidentemente, acostumbrados a los bares uruguayos, nosotros aún no habíamos ni empezado a mirar el menú. Hasta que no les decís qué vas a comer, cada cinco minutos vuelven a ver si decidiste o no. Uno podría pensar que cuando te traen la comida detienen su actitud y te dejan comer tranquilo. Pero no. Cada poco rato vuelven a ver si todo está OK, o si precisás algo. Al principio, es hasta gracioso (por la diferencia del servicio respecto al uruguayo), pero después comienza a molestar un poco. No digo que sea bueno o malo el servicio o la atención, de hecho, se notaba que los mozos se preocupaban de que todo estuviera bien, pero fue una de las pocas diferencias culturales que me chocó o por lo menos, me resultó llamativo.


Esa misma noche fuimos al John Hancock Center. No voy a subir ninguna foto, porque no salieron muy bien. El interesado puede googlear un poco. Para resumirlo, es una de las torres más altas de Chicago. En su momento, fue el rascacielos más alto del mundo (fuera de New York). Subimos al piso 95, donde hay una cafetería con vista panorámica. Te sentís en el techo del mundo, pero te das cuenta también de lo chiquito que sos. Aprovechamos para sacarnos el frío tomando algo, compramos algunos recuerdos (de hecho, un recuerdo de esos me lo sacaron en el aeropuerto, después cuento mejor) y seguimos viaje. Y así terminamos el día. En la vuelta al hostal, vimos ardillas correteando en la nieve y subiéndose a los árboles. Otra boludez, pero me resultó simpática.


Voy dejando por acá. Después sigo.