Hace algunos años, posiblemente más de diez, leí El Señor de los Anillos. Probablemente sea uno de los mejores libros que haya leído y seguramente también de los mejores que vaya a leer. Es una obra muy intrincada y a medida que se avanza en la misma, se plantean distintos escenarios, diferentes personajes y el relato se centra por momentos en uno y al siguiente capítulo en otro totalmente distinto, permitiendo que la historia sea muy heterogénea y rica en contenido. Sería de mucho atrevimiento compararme con Tolkien (no me llega ni a los talones!), sin embargo, mi idea con los relatos de Florida sería poder desarrollar una historia similar, con idas y vueltas, cambiando permanentemente de escenarios y de situaciones, de fechas y de protagonistas. Hacia allí vamos!
La historia arranca en Miami, allá por Enero de 2011, cuando por primera vez me subía a un avión. Tal como comencé a relatar en Chicago - Parte 1, Miami formaba parte de una gran vacación tanto por Estados Unidos como por México. De hecho, Miami fue la primera ciudad que pisé luego de bajarme por primera vez de un avión. Sin embargo, ese primer pasaje por la ciudad fue muy breve, dado que era nuestra conexión para ir a Chicago. En menos de dos horas desde que nos bajamos del avión, debimos hacer todos los trámites migratorios, trasladar nuestras valijas (las grandes) de un sector a otro del aeropuerto y luego correr infinitamente (con nuestros carry on) hasta llegar al avión siguiente.
Aproximadamente dos semanas después, temprano en la mañana, estábamos tomando un vuelo desde la soñada New York hasta la cálida ciudad de Orlando. Pasábamos de temperaturas heladas, a encontrarnos una ciudad con casi 30 grados. De paso, comparto una foto del hotel donde nos alojamos, el Clarion Inn Lake Buena Vista.
El objetivo era poder estar dos días en la ciudad e ir a dos parques temáticos. Por un inconveniente en nuestra salida desde NYC, en lugar de estar dos días completos en la ciudad, estaríamos sólamente un día y medio, con lo cual, debíamos planificar realmente bien qué parques visitar. Una vez que hicimos check-in en el hotel, al bajar al lobby descubrimos algo que hay en todos los alojamientos en Orlando: una persona que se dedica exclusivamente a asesorarte acerca de a qué parques te conviene ir, te vende entradas, te da folletos, completito el asunto. Teniendo en cuenta que ya era pasado el mediodía de nuestro primer (y penúltimo) día en la ciudad, el amable caballero nos recomendó visitar Seaworld y Busch Gardens (en Tampa), debido a que ambos parques forman parte de la misma empresa y contratando ambos paseos conseguiríamos un mejor precio (?). No dudamos mucho y aceptamos su propuesta. Taxi mediante, partimos hacia el parque de agua.
Al igual que todos los parques que más adelante relataré, Seaworld es sumamente prolijo y muy bien cuidado y decorado. Tal como sugiere su nombre, todas las atracciones y espectáculos tienen al agua como protagonista. Pueden verse también distintos animales libres caminando por sus instalaciones (en la mayoría de los casos no están al alcance de los visitantes, aunque sí muy cerca). Para muestra un botón, bah, un flamenco:
El parque es realmente bonito y tiene diversos espectáculos en grandes piscinas, con delfines y demás animales, que actúan en conjunto con múltiples acróbatas. Por otra parte, se puede disfrutar de algunas (no demasiadas) montañas rusas y atracciones con agua. Pese a esto, el parque es realmente grande y es necesario caminar muchísimo para recorrerlo por completo. Además, si bien la entrada da acceso a todos los juegos y espectáculos básicos, existen otros shows para los cuales es necesario desembolsar más dinero. Sin embargo, el parque no es nada del otro mundo y no entraría dentro de mis prioridades volver a ir. Si el lector jamás ha ido a Orlando y está pensando en ir, le recomiendo primero visitar los parques de Disney, para luego recién pensar en otras alternativas. Finalizada la recorrida, al salir del parque existe un sistema de ómnibus que esperan afuera y te llevan al hotel que les indiques (o a algunos con los que tienen convenio, ya no recuerdo!).
Al llegar al hotel, cenamos en un Pizza Hut realmente cercano y recorrimos los alrededores del lugar. Fue increíble darnos cuenta de que casi no se veía gente caminando, sino que todo el mundo andaba en su auto. Finalmente, dado que nos habíamos hecho "amigos" del taxista (un iraquí/paquistaní/afgano o símil), lo llamamos para que nos llevara a conocer la noche de Orlando. Allí, entramos a un par de pubs así como a un boliche medio pop/reggeatonero. Como detalle que me pareció medio extraño, la mayoría de la gente que nos cruzamos esa noche tenía pinta de latino (estilo centroamericano), cosa que uno se esperaría quizás en Miami, pero no allí. No es que todas las personas lo fueran, sino que todos estaban vestidos con un look similar. En fin, tomamos algunos drinks y luego volvimos a contactarnos con el tachero amigo, para volver al hotel.
La siguiente entrada seguirá siendo de Orlando, hablaré de Busch Gardens, de los Outlets y de alguna otra cosita más.
El objetivo es compartir experiencias, anécdotas y aventuras vividas mientras estuve de viaje. También, por qué no, recomendaciones y cosas que no te podés perder. Ah, y sacarme las ganas que siempre tuve de escribir.
Mostrando entradas con la etiqueta Chicago. Mostrar todas las entradas
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jueves, 31 de octubre de 2013
domingo, 16 de diciembre de 2012
New York City - Parte 12
Así como no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista, así pasó con nuestro viaje relámpago. Planificamos en cinco días, un viaje que duraría cuatro (en realidad, duró cinco, pero fueron cuatro en la ciudad), y ese viaje estaba llegando a su fin. Tengo un sentimiento de vacío. Por un lado, cuando empecé a escribir sobre mis viajes, mi objetivo era terminar mis relatos y poder viajar poco tiempo después. Sin embargo, mis relatos se hicieron cada vez más discontínuos, y (sorpresivamente) surgió este viaje en el medio de la nada, que nutrió en forma significativa mis historias.
Esta entrada es la número doce de mis (dos) viajes a la ciudad de Nueva York. El primero se dio en Enero/2011 y formó parte de un viaje por la costa Este de Estados Unidos y Playa del Carmen en México. El segundo viaje, se produjo a finales de Agosto/2012, únicamente a NYC. Para arrancar por el principio de mis historias neoyorkinas, pasá por acá:
Esta entrada es la número doce de mis (dos) viajes a la ciudad de Nueva York. El primero se dio en Enero/2011 y formó parte de un viaje por la costa Este de Estados Unidos y Playa del Carmen en México. El segundo viaje, se produjo a finales de Agosto/2012, únicamente a NYC. Para arrancar por el principio de mis historias neoyorkinas, pasá por acá:
Como dije antes, nuestro viaje por mi ciudad favorita estaba llegando a su fin. Milagrosamente, habíamos hecho todo lo que teníamos previsto hacer, pese a que nos habíamos encontrado con algunos traspiés (que no vienen al caso). Era el último día. No teníamos regalos ni chocolates comprados. Nuestro avión salía en la tardecita/noche. Como he dicho en más de una oportunidad, fuimos imantados hacia el Times Square. Pese a que nos alojábamos en Queens, Times Square era casi como nuestro lugar de partida, entonces, hacia allí fuimos.
Cuando uno viaja, la gente espera chocolates. Uno puede haberse ido un fin de semana a Buenos Aires, pero si no trae chocolates, es como que wooooooooo, viajó y no trajo chocolates para compartir, y ya te empiezan a mirar de costado. Lo bueno que tiene estar en Times Square, es que existen en la zona dos grandes casas de chocolates (ideales para regalar o regalarse!): M&M y Hershey's. Fuimos a ambas. Son realmente grandes, sobre todo la de M&M. Tienen todos los tipos de chocolates que a uno se le pueden ocurrir y facilitan cualquier regalo que uno tenga que hacer. La siguiente foto, es del local de M&M.
No sé si se llegará a apreciar demasiado, pero son grandes contenedores de los clásicos M&M, de los cuales uno puede servirse y luego paga según el peso. Me gustó bastante la idea y entiendo que para los "puristas" de los M&M debe estar bueno. Para mi, todos tienen el mismo gusto. Como todos los locales comerciales, además de chocolates, vendían remeras, gorros, pegotines, o sea, tenían todo un marketing atrás de los afamados chocolates.
Luego de pasar un buen rato adentro de estos locales, partimos con un par de bolsas de regalos y algunos dólares menos en nuestros bolsillos. La siguiente parada era en B&H. Quizás no todo el mundo haya sentido hablar de este local, para quien no lo conoce, es (muy burdamente hablando) un lugar donde venden tecnología. Cámaras de fotos, computadoras, accesorios, televisiones, blu rays, en fin, todo lo que a uno se le ocurra, en sus últimas versiones, puede ser encontrado en este lugar. Si bien se manejan mucho con las ventas por Internet, el comercio es realmente grande y con una organización en niveles inimaginados. No sólo llevan un registro de sus clientes y de las compras realizadas, sino que tienen un sistema interior, en el cual el cliente le pide al vendedor todo lo que precisa, y éste únicamente digita en una PC el pedido, el cual, es enviado desde los depósitos hasta las cajas mediante unos rieles (cerca del techo) que los trasladan. Y funciona. Todo funciona. Los tipos son relojitos, es un lugar donde aparentemente, nada falla. Además de su organización, debo decir nuevamente, que tienen todos los productos que a uno se le podrían ocurrir y además, a buenos precios.
Cada vez nos acercábamos más a la hora de partida, apenas si nos dio para pasar por Starbucks a tomar un refrigerio y comprar algún café para regalar.
Pocas horas después, ya estábamos en LaGuardia, esperando nuestro avión para volver a Montevideo. Habían sido cuatro días realmente intensos y si bien hicimos todo lo que estaba en nuestros planes, me volvió a quedar la sensación de que es mi lugar en el mundo. Ojalá pudiera vivir algún día allí!
No queda mucho para contar, la escala en Miami duró algunas horas, suficientes para recorrer un poco y pasar por algún free shop, no mucho más. Cuando quisimos acordar, ya era media mañana del lunes y estábamos de vuelta con nuestras valijas, pero en Uruguay.
Seguramente, mi próxima entrada sea un compilado de cosas que están buenas para hacer tanto en Chicago como en New York. Por el momento, no he decidido por qué ciudad voy a seguir escribiendo, pero recomiendo estar atentos a la llegada de una nueva entrada
viernes, 13 de julio de 2012
New York City - Parte 5
Supongo que cualquier mortal sentirá lo mismo. El primer gran viaje que haga, será incomparable. La primer subida a un avión, el primer despegue. Las ansias y nervios de los días previos. La tramitación de la VISA. El primer aterrizaje. En fin.
Esta entrada corresponde a la parte 5 de la ciudad de New York, perteneciente a un viaje por la costa Este de Estados Unidos y México. Quizás haga referencia a entradas previas, por lo cual, si querés acceder a la anterior, hacelo acá:
Esta entrada corresponde a la parte 5 de la ciudad de New York, perteneciente a un viaje por la costa Este de Estados Unidos y México. Quizás haga referencia a entradas previas, por lo cual, si querés acceder a la anterior, hacelo acá:
Si mi memoria fotográfica no me falla y estoy relacionando bien los acontecimientos, voy a escribir sobre el día 3 en NYC. Tal como había comentado en otros post, la escala anterior a NYC fue Boston, desde el cual llegamos vía bus. Una de los lugares que más tenía ganas de conocer (y por el cual pasó el mencionado bus) era el Central Park. Es un lugar emblemático de la ciudad, inevitable para el turista. Tiene cierta magia en el aire. Sentís paz en medio de una ciudad en contínuo movimiento. Una isla en medio de la ciudad.
Era enero y hacía frío. Tuvimos la (mala) suerte de viajar en medio de la peor tormenta de nieve en los últimos 50 años en Estados Unidos. Muchos vuelos cancelados, mucho frío, mucha nieve. De todas formas, pese a eso, el Central Park estaba espectacular, mágico.
Apenas llegamos, me di cuenta que es enorme. Es el doble de grande que Mónaco. Tiene muchos detalles (muchos escondidos), muchas cosas por conocer, con una cámara de fotos a mano, te enloquecés. Por las razones que expliqué anteriormente, el parque estaba cubierto de nieve. Era una capa espesa de 20 o 30 cms, salvo en los senderos del parque, que estaban completamente limpios y con su color negro asfáltico habitual. Existen muchos carros tirados por caballos, los que se pueden contratar para hacer un paseo por el parque. Nosotros preferimos caminar.
En una parte del parque, hay un "monumento" a John Lennon. Es una especie de placa circular, tipo un monolito, de unos dos o tres metros de diámetro y puesta en el piso, con la inscripción "IMAGINE".
Cerca, había una placa que agradecía a la generosidad de Yoko Ono y a una lista de países (incluido Uruguay) que habían aprobado y contribuido con la restauración de esa parte del parque. Continuamos caminando. En cierto lugar del parque, rodeado de nieve, había una fuente a la que llegaban múltiples caminos. Imagino que sería algún lugar central del parque, pero ni idea.
Algo medio bizarro que nos pasó, fue encontrarnos con un filipino (o de por ahí) vendiendo hot dogs al grito de "jo tó! jo tó!". No me inspiraba confianza, absolutamente nada. De todas formas, le compramos un jugo de naranja, cuyo color era similar al caribeño vencido de mandarina, y su gusto era peor.
La siguiente foto, tomada por mí, es de las mejores tomas del viaje. Es en uno de los bordes del parque, como podrán apreciar:
En un momento, llegamos a un ZOO infantil, al cual no entramos, dado que había que pagar y no pintaba mucho. De todas formas, pudimos recorrer un poco las zonas cercanas. Por otra parte, había un laguito cercano, donde habitaban decenas de patos y animales similares. Un entendido en la materia quizás podría reconocer varias especies de animales nadando en el lago, para mi eran todos patos. Creo que incluso se los podía alimentar, dado que no estaban muy separados del acceso del público.
Finalmente, como no podía ser de otra forma, nos encontramos con una pista de patín sobre hielo. Dado que ya habíamos demostrado nuestras aptitudes en la pista de Chicago, optamos por no avergonzar a los pobres niños patinadores. No queríamos que cargaran con ese peso el resto de su vida.
Luego de sacar varias fotos más, optamos por abandonar el parque. Algo curioso, en uno de los bordes, pueden verse diversas esculturas y monumentos de próceres y políticos latinoamericanos.
Por ahora no escribo más, aunque en estos días, prometo volver con la parte 6 de NYC!
lunes, 25 de junio de 2012
Chicago, "The windy city" - Parte 5
Toda historia tiene un inicio, que podés encontrar acá:
http://mathiasonthetrip.blogspot.com/2012/06/chicago-windy-city-parte-1.html
Si ya leíste todas las partes anteriores, FELICITACIONES!
Debés ser uno de los dos que lo han hecho!
Tal como expresé en la parte 4 de Chicago, el objetivo de la parte 5 será contar situaciones distintas, bizarras, extrañas o al menos, que no estuvieran planificadas.
Las corridas por el aeropuerto de Miami
El vuelo que iniciaba el recorrido, salía de Montevideo a las 23.15 de la noche. Debido a que no existen vuelos directos (todavía (?)) hacia Chicago, debimos hacer escala en Miami. El plan de viaje indicaba que teníamos menos de dos horas entre vuelo y vuelo. Sin embargo, el que partía desde Montevideo, vaya uno a saber por qué, se atrasó como 45 minutos. Luego de un viaje bastante normal (salvo por el hecho de que me costó dormirme y tuve que diazepanearme un poco), arribamos a Miami 20 minutos atrasados del plan original. Como estábamos haciendo escala en Miami y era nuestra entrada a Estados Unidos, debimos ir a buscar nuestras maletas y despacharlas hacia Chicago, para recién después, encontrar el lugar al que teníamos que ir para tomar el siguiente avión. No sé si el aeropuerto de Miami es gigante, si corrimos en vueltas o qué, lo cierto, es que con la valija de mano habremos corrido como 15 o 20 minutos y parecía que cada vez estábamos más lejos. Por la alegoría de mi relato, el lector podrá darse cuenta que llegamos bien a tomar el siguiente avión, pero sufrimos más de lo esperado! Igual ta, alguna foto que otra metí.
El problema de la valija al llegar
Si hay un momento en el que quedo pegado, es este. Ya hice la historia que tomamos el metro en el aeropuerto de Chicago, que nos dejó a cuatro cuadras del hostal. Cuando nos bajamos con TODAS las valijas, teníamos que salir por una puerta giratoria, desde la parada de metro, hacia la calle. Iluso yo, pensé que la puerta giraba 360 grados, y se me ocurrió dejar una valija atrás, pensando que podía dar toda la vuelta en la puerta y volver a buscarla. Evidentemente, la puerta no giraba los 360 grados y me quedó una valija en el camino. Diga que se podía ir por otro lado a buscarla, sino, no iba a ser el mejor comienzo de viaje.
La noche de Chicago
Estuvimos dos noches en Chicago. Sin embargo, no tengo recuerdos de dos noches, salvo que en las dos noches hayamos hecho lo mismo. Fuimos a un bar cercano al hostal (tipo, dos cuadras). En la calle, no andaba un alma, eran cerca de las 10 pm. Sin embargo, adentro del bar estaba repleto. Era un espacio bastante grande, con una barra central cuadrada y sillas alrededor para quienes quisieran tomar en la barra. Además, había mesas y sillas por todas partes. Todo el mundo charlando feliz, karaoke, Jack Daniel's con coca y algunos shots para sacar el frío.
Burritos & Margaritas
Luego de una de esas dos noches, salimos del bacilón y fuimos a un barzucho mexicano. Pedimos un burrito que era enorme, parecía como para tres personas. No había chance de terminarlo. Creo que no tomamos margaritas, no sé por qué, si porque no había, o porque el local no tenía mucha pinta de ser pulcro.
Esmeralda
Ya veníamos cebados con hablar en español. Yo cuando llegué a Miami hice todo el check-in en español. En el hostal había un mexicano con el que hablamos de fútbol. Encontramos bastantes personas que hablaban español. El mediodía del segundo o tercer día, fuimos a comer a un restaurant de pinta latina. La moza, una señora de tipo 50 años, con mucho aspecto de doña centroamericana se nos acercó. En el cartelito que tenía su nombre, decía "Esmeralda". Evidentemente, le hablamos en español. Puso la peor cara de OGT y se hizo la que no entendía. Seguro que no...
La salida de gala
Una de las tarde-noche en las que salimos, terminamos yendo a un local donde había música en vivo. Una vez que estábamos adentro, el ambiente era bastante formalote. Los tipos de pantalón de vestir y saco, las señoras de trajecito, y el más joven tenía unos 38 años. Se nos acercó un security a invitarnos a que nos acercáramos a la ropería. Allí fuimos gentilmente invitados a cambiarnos (ellos nos proporcionaban la ropa), o bien a retirarnos. Evidentemente, nos quedamos! Terminé de vaquero, remera con un saco arriba y unos zapatos talle 46 aprox. Tomamos algo y nos fuimos rápido. El local estaba bastante bueno, pero creo que estaba más enfocado a gente más grande.
Un año y medio después de haber escrito esta entrada, acabo de descubrir que el local se llamaba Readhead Piano Bar. Yey!
La yapa
Creo que fue en Chicago, aunque no lo recuerdo muy bien. Haciendo uso de la garra charrúa y de la viveza criolla, se me ocurrió "violar una regla". Me colé en el metro (teniendo en mi bolsillo la tarjeta para viajar). En realidad, aproveché la misma pasada de molinete de entrada. Después anduve perseguido como por dos horas!
http://mathiasonthetrip.blogspot.com/2012/06/chicago-windy-city-parte-1.html
Si ya leíste todas las partes anteriores, FELICITACIONES!
Debés ser uno de los dos que lo han hecho!
Tal como expresé en la parte 4 de Chicago, el objetivo de la parte 5 será contar situaciones distintas, bizarras, extrañas o al menos, que no estuvieran planificadas.
Las corridas por el aeropuerto de Miami
El vuelo que iniciaba el recorrido, salía de Montevideo a las 23.15 de la noche. Debido a que no existen vuelos directos (todavía (?)) hacia Chicago, debimos hacer escala en Miami. El plan de viaje indicaba que teníamos menos de dos horas entre vuelo y vuelo. Sin embargo, el que partía desde Montevideo, vaya uno a saber por qué, se atrasó como 45 minutos. Luego de un viaje bastante normal (salvo por el hecho de que me costó dormirme y tuve que diazepanearme un poco), arribamos a Miami 20 minutos atrasados del plan original. Como estábamos haciendo escala en Miami y era nuestra entrada a Estados Unidos, debimos ir a buscar nuestras maletas y despacharlas hacia Chicago, para recién después, encontrar el lugar al que teníamos que ir para tomar el siguiente avión. No sé si el aeropuerto de Miami es gigante, si corrimos en vueltas o qué, lo cierto, es que con la valija de mano habremos corrido como 15 o 20 minutos y parecía que cada vez estábamos más lejos. Por la alegoría de mi relato, el lector podrá darse cuenta que llegamos bien a tomar el siguiente avión, pero sufrimos más de lo esperado! Igual ta, alguna foto que otra metí.
El problema de la valija al llegar
Si hay un momento en el que quedo pegado, es este. Ya hice la historia que tomamos el metro en el aeropuerto de Chicago, que nos dejó a cuatro cuadras del hostal. Cuando nos bajamos con TODAS las valijas, teníamos que salir por una puerta giratoria, desde la parada de metro, hacia la calle. Iluso yo, pensé que la puerta giraba 360 grados, y se me ocurrió dejar una valija atrás, pensando que podía dar toda la vuelta en la puerta y volver a buscarla. Evidentemente, la puerta no giraba los 360 grados y me quedó una valija en el camino. Diga que se podía ir por otro lado a buscarla, sino, no iba a ser el mejor comienzo de viaje.
La noche de Chicago
Estuvimos dos noches en Chicago. Sin embargo, no tengo recuerdos de dos noches, salvo que en las dos noches hayamos hecho lo mismo. Fuimos a un bar cercano al hostal (tipo, dos cuadras). En la calle, no andaba un alma, eran cerca de las 10 pm. Sin embargo, adentro del bar estaba repleto. Era un espacio bastante grande, con una barra central cuadrada y sillas alrededor para quienes quisieran tomar en la barra. Además, había mesas y sillas por todas partes. Todo el mundo charlando feliz, karaoke, Jack Daniel's con coca y algunos shots para sacar el frío.
Burritos & Margaritas
Luego de una de esas dos noches, salimos del bacilón y fuimos a un barzucho mexicano. Pedimos un burrito que era enorme, parecía como para tres personas. No había chance de terminarlo. Creo que no tomamos margaritas, no sé por qué, si porque no había, o porque el local no tenía mucha pinta de ser pulcro.
Esmeralda
Ya veníamos cebados con hablar en español. Yo cuando llegué a Miami hice todo el check-in en español. En el hostal había un mexicano con el que hablamos de fútbol. Encontramos bastantes personas que hablaban español. El mediodía del segundo o tercer día, fuimos a comer a un restaurant de pinta latina. La moza, una señora de tipo 50 años, con mucho aspecto de doña centroamericana se nos acercó. En el cartelito que tenía su nombre, decía "Esmeralda". Evidentemente, le hablamos en español. Puso la peor cara de OGT y se hizo la que no entendía. Seguro que no...
La salida de gala
Una de las tarde-noche en las que salimos, terminamos yendo a un local donde había música en vivo. Una vez que estábamos adentro, el ambiente era bastante formalote. Los tipos de pantalón de vestir y saco, las señoras de trajecito, y el más joven tenía unos 38 años. Se nos acercó un security a invitarnos a que nos acercáramos a la ropería. Allí fuimos gentilmente invitados a cambiarnos (ellos nos proporcionaban la ropa), o bien a retirarnos. Evidentemente, nos quedamos! Terminé de vaquero, remera con un saco arriba y unos zapatos talle 46 aprox. Tomamos algo y nos fuimos rápido. El local estaba bastante bueno, pero creo que estaba más enfocado a gente más grande.
Un año y medio después de haber escrito esta entrada, acabo de descubrir que el local se llamaba Readhead Piano Bar. Yey!
La yapa
Creo que fue en Chicago, aunque no lo recuerdo muy bien. Haciendo uso de la garra charrúa y de la viveza criolla, se me ocurrió "violar una regla". Me colé en el metro (teniendo en mi bolsillo la tarjeta para viajar). En realidad, aproveché la misma pasada de molinete de entrada. Después anduve perseguido como por dos horas!
Me olvidé de todo esto
Una de las cosas a las que me sometía al escribir estas líneas, era a olvidarme de contar algunas cosas, por o cual, todo lo que se me vaya ocurriendo no lo voy a relatar en un nuevo artículo, sino en esta sección.
Una de las dos noches que pasamos en Chicago, fuimos a tomar algo al Hard Rock Café. En realidad, pasamos primero por la tienda de souvenirs a comprar algunos recuerdos (en mi caso una remera) y chusmear un poco. Sin embargo, el café estaba al lado y tenía un ambiente espectacular. Entramos a ver qué onda. Era un local grande (enorme) y con dos niveles. El otro día estaba intentando acordarme si tocaba una banda en vivo o no. No pude. Me acuerdo que tomamos unos caliboratos y seguimos viaje. Altamente recomendable si alguien anda por ahí.
También Chicago supo conocer mi destreza como patinador en hielo. Cual gacela en la sabana, supe deslizarme por el gélido mar blanco y sacarle chispas con mi velocidad. En realidad, no fue tan así. Lo cierto, es que botijas de cinco o seis años pasaban como pedo por al lado mío como si patinar fuera tan fácil como caminar. Me sentí humillado. Por algún lado andan algunas fotos, pero el lector jamás las conocerá!
domingo, 24 de junio de 2012
Chicago, "The windy city" - Parte 4
Antes de leer lo siguiente, debes saber que es la continuación de:
http://mathiasonthetrip.blogspot.com/2012/06/chicago-windy-city-parte-3.html
Creo que íbamos por el día tres!
Para desgracia mía, ese día no nevó, por más que aún quedaba un poco de nieve en las calles. El día estuvo realmente soleado, supongo que habrían unos -4 o -5 grados. El plan del día se iniciaba en "Navy Pier". Es un paseo que se encuentra en la rivera del lago Michigan. Hay un pequeño puerto (como su nombre lo indica), una rueda gigante y distintas esculturas que dan ganas de fotografiar. Desde arriba de la rueda gigante se pueden ver paisajes realmente espectaculares de Chicago. Adjunto una foto (no mía) que más o menos describe lo que se ve.
En fin, es un paseo divertido para hacer con amigos y es de los infaltables en caso de ir varias a la ciudad.
Luego de un almuerzo por alguna cadena de restaurantes internacional, el último paseo en Chicago era ir a un acuario. Puntualmente al John G. Shedd Aquarium. Mirando en el maps de google, acabo de darme cuenta que está realmente cerca de Navy Pier. Supongo que habremos ido en metro, pero la distancia (a lo sumo) será de dos kilómetros por la S Lake Shore Dr. Al igual que Navy Pier, el Shedd Aquarium está en la costa de lago Michigan.
La experiencia fue inolvidable (como muchas del viaje). Creo que en mi vida nunca había ido a un acuario, o por lo menos, no lo tengo grabado en mi memoria. Existen muchíiiisimas especies de peces y animales del mar en espacios realmente grandes. Al igual que nos pasó cuando fuimos al Field Museum, no nos dio la tarde para recorrerlo completo. Para quienes puedan ir alguna vez, recomiendo un lugar central del acuario, donde hay una pileta redonda que es GIGANTE. Se puede caminar los 360 grados alrededor de la misma y ver todo un ecosistema que vive adentro. Hay una tortuga de tamaño colosal, que todavía no entiendo como hace para moverse. Los empleados del acuario permiten que te saques fotos e incluso tengas contacto con algunas de las especies. Como buen niño chico, me saqué el gusto de tocar una estrella de mar. Una boludez, como tantas otras, pero estuvo simpática. Por otra parte, hay recreaciones de submarinos a las que se puede entrar a conocer. Podíamos haber ido también a un show con delfines y no sé qué más, pero había que abonar como 20 o 30 dólares adicionales. No lo hicimos.
A esa altura de los acontecimientos, la experiencia por Chicago estaba llegando a su fin. Teníamos pasajes para Kansas City, Missouri para las 9 pm, por lo cual, debíamos aprontar todo para seguir la recorrida. Al igual que cuando llegamos, utilizamos el metro para ir del hostal al aeropuerto.
Podría pensarse que la historia termina acá, pero no!
En una de las entradas anteriores, mencioné nuestra ida al John Hancock Center, con la cafetería con vista panorámica. Allí se me ocurrió comprar una de esas bolas que tienen un paisaje en su interior, y que cuando las das vuelta parece que cae nieve. Ni idea si tienen algún nombre o no. Inexperto yo, se me ocurrió ponerla en la valija de mano. Grave error. El que tenga UN vuelo arriba, sabe que ese tipo de cosas no deberían ir en el carry-on. Cuando estábamos pasando por los detectores de metales, me frena uno de los tipos encargados de la seguridad, me pide que le de la valija y, guantes en mano, la comienza a inspeccionar hasta que obtiene lo que buscaba, mi recuerdo del Hancock Center! Acá viene mi "iluso - parte 2", cuando veo lo que era, alargo la mano (pensando que me lo iba a devolver) hacia la bola con efecto de nieve. Acto seguido, el tipo me la aleja con cara enojada y la expresión "DON'T TOUCH!". Y bueno, ta, tuve que regalarsela!
Me fui de Chicago con la sensación de que es un lugar al que tengo que volver.
Si bien terminé el relato de mis tres días en Chicago, dejo los siguientes puntos (a modo de recordatorio) para relatar en próximas oportunidades:
- Las corridas por el aeropuerto de Miami.
- El problema de la valija al llegar.
- La noche en Chicago.
- Burritos and Margaritas.
- Esmeralda.
- La salida de gala.
http://mathiasonthetrip.blogspot.com/2012/06/chicago-windy-city-parte-3.html
Creo que íbamos por el día tres!
Para desgracia mía, ese día no nevó, por más que aún quedaba un poco de nieve en las calles. El día estuvo realmente soleado, supongo que habrían unos -4 o -5 grados. El plan del día se iniciaba en "Navy Pier". Es un paseo que se encuentra en la rivera del lago Michigan. Hay un pequeño puerto (como su nombre lo indica), una rueda gigante y distintas esculturas que dan ganas de fotografiar. Desde arriba de la rueda gigante se pueden ver paisajes realmente espectaculares de Chicago. Adjunto una foto (no mía) que más o menos describe lo que se ve.
En fin, es un paseo divertido para hacer con amigos y es de los infaltables en caso de ir varias a la ciudad.
Luego de un almuerzo por alguna cadena de restaurantes internacional, el último paseo en Chicago era ir a un acuario. Puntualmente al John G. Shedd Aquarium. Mirando en el maps de google, acabo de darme cuenta que está realmente cerca de Navy Pier. Supongo que habremos ido en metro, pero la distancia (a lo sumo) será de dos kilómetros por la S Lake Shore Dr. Al igual que Navy Pier, el Shedd Aquarium está en la costa de lago Michigan.
La experiencia fue inolvidable (como muchas del viaje). Creo que en mi vida nunca había ido a un acuario, o por lo menos, no lo tengo grabado en mi memoria. Existen muchíiiisimas especies de peces y animales del mar en espacios realmente grandes. Al igual que nos pasó cuando fuimos al Field Museum, no nos dio la tarde para recorrerlo completo. Para quienes puedan ir alguna vez, recomiendo un lugar central del acuario, donde hay una pileta redonda que es GIGANTE. Se puede caminar los 360 grados alrededor de la misma y ver todo un ecosistema que vive adentro. Hay una tortuga de tamaño colosal, que todavía no entiendo como hace para moverse. Los empleados del acuario permiten que te saques fotos e incluso tengas contacto con algunas de las especies. Como buen niño chico, me saqué el gusto de tocar una estrella de mar. Una boludez, como tantas otras, pero estuvo simpática. Por otra parte, hay recreaciones de submarinos a las que se puede entrar a conocer. Podíamos haber ido también a un show con delfines y no sé qué más, pero había que abonar como 20 o 30 dólares adicionales. No lo hicimos.
A esa altura de los acontecimientos, la experiencia por Chicago estaba llegando a su fin. Teníamos pasajes para Kansas City, Missouri para las 9 pm, por lo cual, debíamos aprontar todo para seguir la recorrida. Al igual que cuando llegamos, utilizamos el metro para ir del hostal al aeropuerto.
Podría pensarse que la historia termina acá, pero no!
En una de las entradas anteriores, mencioné nuestra ida al John Hancock Center, con la cafetería con vista panorámica. Allí se me ocurrió comprar una de esas bolas que tienen un paisaje en su interior, y que cuando las das vuelta parece que cae nieve. Ni idea si tienen algún nombre o no. Inexperto yo, se me ocurrió ponerla en la valija de mano. Grave error. El que tenga UN vuelo arriba, sabe que ese tipo de cosas no deberían ir en el carry-on. Cuando estábamos pasando por los detectores de metales, me frena uno de los tipos encargados de la seguridad, me pide que le de la valija y, guantes en mano, la comienza a inspeccionar hasta que obtiene lo que buscaba, mi recuerdo del Hancock Center! Acá viene mi "iluso - parte 2", cuando veo lo que era, alargo la mano (pensando que me lo iba a devolver) hacia la bola con efecto de nieve. Acto seguido, el tipo me la aleja con cara enojada y la expresión "DON'T TOUCH!". Y bueno, ta, tuve que regalarsela!
Me fui de Chicago con la sensación de que es un lugar al que tengo que volver.
Si bien terminé el relato de mis tres días en Chicago, dejo los siguientes puntos (a modo de recordatorio) para relatar en próximas oportunidades:
- Las corridas por el aeropuerto de Miami.
- El problema de la valija al llegar.
- La noche en Chicago.
- Burritos and Margaritas.
- Esmeralda.
- La salida de gala.
viernes, 22 de junio de 2012
Chicago, "The windy city" - Parte 3
Antes de leer esta parte, te comunico que es la continuación de otras dos. Este es el link a la parte 2 de Chicago:
http://mathiasonthetrip.blogspot.com/2012/06/chicago-windy-city-parte-2.html
A partir del día siguiente, fue cuando realmente nos empezamos a mover por la ciudad. Si bien en el día 1 de nuestra estadía en Chicago nos dedicamos a conocer, y caminamos bastante, a partir del segundo día comenzamos a utilizar el metro.
Acá viene mi primer consejo: Si van a una ciudad grande, por varios días, averigüen si no existen tickets semanales para el metro, o cosas similares. Nosotros sacamos un ticket válido por una semana (o cinco días, no recuerdo) y lo utilizamos para todos los viajes que necesitamos hacer, sin pagar un dólar de más. Es independiente de la cantidad de veces que subas o trasbordos que hagas.
Volvamos al viaje. El segundo día fuimos a la Sears Tower (o Willis Tower). Es muy similar a lo que habíamos hecho la noche anterior, salvo que esta vez subimos al piso 103. Algo que tiene, bastante interesante, es que el ascensor utilizado para subir tiene una pantalla tipo LCD donde te indica el piso actual y va comparando la altura en la que estás, con edificios igual de altos. Ponele, cuando llegás al piso 100, te dice que estás a la misma altura que el techo del Empire State. En el piso 103 hay una panorámica gigante de toda la ciudad. Como era de día, pudimos apreciar mucho de la ciudad, en toda su extensión. Es realmente recomendable. Como yapa, el edificio tiene salientes en ese piso, con el objetivo de que te saques fotos y parezca que estás suspendido en el aire. Algo así:
Casi todos los edificios o lugares recreativos tienen en su interior amplios espacios de compras, donde te podés llevar desde un simple llavero, hasta réplicas (en este caso del edificio) de 60 o 70 cms. Lo loco, es que para salir del edificio si o si necesitabas pasar por ese lugar, no ofrecían otra salida. Es como cuando llegás al aeropuerto después del viaje y quieras evitar pasar por el Free Shop. No podés!
Continuamos la recorrida por el Field Museum. Tiene muchos esqueletos de dinosaurios, incluso, la reconstrucción más grande (más completa y mejor preservada) del mundo de un
Tyrannosaurus Rex. Por momentos me hizo acordar a la película "Una noche en el museo", sobretodo por la disposición de los elementos a la entrada del edificio. Pero no tiene únicamente esqueletos, también incluye reconstrucciones de cómo se verían algunos animales prehistóricos en su hábitat natural, así como referencias a la cultura indígena, nativa de las tierras estadounidenses. Como en gran parte de los museos visitados, incluye ciertas peceras con animales marinos, aunque eran los menos. También había referencias a algunos elementos silvestres, pero no me acuerdo mucho, así que no voy a entrar en detalle. Lo cierto es que estuvimos algunas horas adentro del museo, y cuando salimos, nuevamente era de tardecita y el sol ya se estaba ocultando. Era complicado acostumbrarse al horario!
Lo último es la referencia a Subway. Si bien ahora están abriendo algunos locales más en Montevideo, y ni que hablar que conocía de su existencia, fue en Chicago donde por primera vez comí en ese lugar. Cuando estás en el exterior, no tenés ganas, ni tiempo ni lugar donde cocinar, Subway rinde como loco. Comés bien, sano, barato y las bebidas tienen refill gratis. Fue uno de los lugares a los que más fuimos a comer.
Terminé por hoy!
http://mathiasonthetrip.blogspot.com/2012/06/chicago-windy-city-parte-2.html
A partir del día siguiente, fue cuando realmente nos empezamos a mover por la ciudad. Si bien en el día 1 de nuestra estadía en Chicago nos dedicamos a conocer, y caminamos bastante, a partir del segundo día comenzamos a utilizar el metro.
Acá viene mi primer consejo: Si van a una ciudad grande, por varios días, averigüen si no existen tickets semanales para el metro, o cosas similares. Nosotros sacamos un ticket válido por una semana (o cinco días, no recuerdo) y lo utilizamos para todos los viajes que necesitamos hacer, sin pagar un dólar de más. Es independiente de la cantidad de veces que subas o trasbordos que hagas.
Volvamos al viaje. El segundo día fuimos a la Sears Tower (o Willis Tower). Es muy similar a lo que habíamos hecho la noche anterior, salvo que esta vez subimos al piso 103. Algo que tiene, bastante interesante, es que el ascensor utilizado para subir tiene una pantalla tipo LCD donde te indica el piso actual y va comparando la altura en la que estás, con edificios igual de altos. Ponele, cuando llegás al piso 100, te dice que estás a la misma altura que el techo del Empire State. En el piso 103 hay una panorámica gigante de toda la ciudad. Como era de día, pudimos apreciar mucho de la ciudad, en toda su extensión. Es realmente recomendable. Como yapa, el edificio tiene salientes en ese piso, con el objetivo de que te saques fotos y parezca que estás suspendido en el aire. Algo así:
Casi todos los edificios o lugares recreativos tienen en su interior amplios espacios de compras, donde te podés llevar desde un simple llavero, hasta réplicas (en este caso del edificio) de 60 o 70 cms. Lo loco, es que para salir del edificio si o si necesitabas pasar por ese lugar, no ofrecían otra salida. Es como cuando llegás al aeropuerto después del viaje y quieras evitar pasar por el Free Shop. No podés!
Continuamos la recorrida por el Field Museum. Tiene muchos esqueletos de dinosaurios, incluso, la reconstrucción más grande (más completa y mejor preservada) del mundo de un
Tyrannosaurus Rex. Por momentos me hizo acordar a la película "Una noche en el museo", sobretodo por la disposición de los elementos a la entrada del edificio. Pero no tiene únicamente esqueletos, también incluye reconstrucciones de cómo se verían algunos animales prehistóricos en su hábitat natural, así como referencias a la cultura indígena, nativa de las tierras estadounidenses. Como en gran parte de los museos visitados, incluye ciertas peceras con animales marinos, aunque eran los menos. También había referencias a algunos elementos silvestres, pero no me acuerdo mucho, así que no voy a entrar en detalle. Lo cierto es que estuvimos algunas horas adentro del museo, y cuando salimos, nuevamente era de tardecita y el sol ya se estaba ocultando. Era complicado acostumbrarse al horario!
Lo último es la referencia a Subway. Si bien ahora están abriendo algunos locales más en Montevideo, y ni que hablar que conocía de su existencia, fue en Chicago donde por primera vez comí en ese lugar. Cuando estás en el exterior, no tenés ganas, ni tiempo ni lugar donde cocinar, Subway rinde como loco. Comés bien, sano, barato y las bebidas tienen refill gratis. Fue uno de los lugares a los que más fuimos a comer.
Terminé por hoy!
Chicago, "The windy city" - Parte 2
Lo que leerás a continuación, corresponde a la segunda parte de:
http://mathiasonthetrip.blogspot.com/2012/06/chicago-windy-city-parte-1.html
Chicago es una ciudad increíble. Quizás se deba a que era la primer ciudad a la que llegábamos, o quizás es increíble realmente. Tendría que volver a ir y redescubrirla. Junto con New York (también volvería a Orlando), es una ciudad en la que me quedaron muchas por hacer, muchos lugares por conocer y a la que sin dudar, volvería a ir.
Si no recuerdo mal, habremos estado cuatro o cinco días. Apenas llegamos, como mencioné en el artículo anterior, comenzó a nevar, no mucho, pero hacía bastante frío. Dejamos todo en el hostal y salimos a caminar bajo la nieve. Dejo constancia que el orden del relato puede no corresponderse con el orden real de los acontecimientos, aunque intentaré respetarlo lo más fielmente.
Empezamos a caminar por una avenida bastante principal. No me daban los ojos para mirar todos los edificios y paisajes. Tampoco me daba la cámara para sacar tantas fotos. Pese a que lo intuía, me llamó mucho la atención la diferencia del skyline de las construcciones de Chicago, respecto a las de Montevideo. Edificios de 60, 80 pisos eran habituales y los había por todas partes.
En un momento llegamos una plaza con pista de patín. No, no patiné (en esa!). Igual, es anecdótico el hecho, pues en realidad, quería hacer mención a un "monumento" (por no encontrarle una mejor definición) llamado "Cloud Gate" (puerta de/hacia la nube). Agregué una foto de las que saqué allí. Es cuando menos raro. Al observar detenidamente el monumento, se puede apreciar el reflejo de los edificios vecinos.
Dicho esto, sigo la historia.
Continuamos el recorrido. Creo que a esa altura ya habíamos pasado por Starbucks. Para quien no ha tenido la experiencia, es una cadena de cafeterías internacional, que durante el viaje se nos volvió casi un amigo de ruta (más que un amigo, un hermano). Tal vez por el frío, por la necesidad de tomar algo caliente, o nomás por lo rico que era el café y el chocolate, lo cierto es que supimos ir hasta dos o tres veces por día durante todo el viaje. Hay tres tamaños de café (el venti creo que era el más grande) y bastante variedad de tipos y sabores. Para sacarse el frío, puede agregársele uno, dos o hasta tres shots al café. En fin, altamente recomendable. Y si te pudrís de tomar café, el chocolate caliente de Starbucks es MUY rico (sobretodo si hace frío). A Uruguay no ha llegado aún. Habría que hacer una fuerza para traerlos!
Continúo. A esa altura eran como las 4 pm y ya notábamos que estaba anocheciendo. También notamos que no habíamos almorzado aún, por lo cual, empezamos a buscar algún lugar para calmar al estómago. Entramos en un lugar cercano al Hard Rock Café de Chicago. Si el lector es impaciente, se preguntará por qué carajo dedico tantas líneas al almuerzo. La razón es simple. Los mozos en Estados Unidos son amables, MUY amables, quizás, demasiado amables, atentos y efusivos. Me explico. Apenas entrás a un lugar a comer, ya te preguntan cuántas personas son y te dirigen a una mesa acorde. Te traen la carta. No pasaron cinco minutos, que ya viene el mozo a ver si decidiste qué vas a comer (así el lugar esté vacío y no haya nadie para atender, o que hubiera necesidad de vaciar las mesas rápido). Evidentemente, acostumbrados a los bares uruguayos, nosotros aún no habíamos ni empezado a mirar el menú. Hasta que no les decís qué vas a comer, cada cinco minutos vuelven a ver si decidiste o no. Uno podría pensar que cuando te traen la comida detienen su actitud y te dejan comer tranquilo. Pero no. Cada poco rato vuelven a ver si todo está OK, o si precisás algo. Al principio, es hasta gracioso (por la diferencia del servicio respecto al uruguayo), pero después comienza a molestar un poco. No digo que sea bueno o malo el servicio o la atención, de hecho, se notaba que los mozos se preocupaban de que todo estuviera bien, pero fue una de las pocas diferencias culturales que me chocó o por lo menos, me resultó llamativo.
Esa misma noche fuimos al John Hancock Center. No voy a subir ninguna foto, porque no salieron muy bien. El interesado puede googlear un poco. Para resumirlo, es una de las torres más altas de Chicago. En su momento, fue el rascacielos más alto del mundo (fuera de New York). Subimos al piso 95, donde hay una cafetería con vista panorámica. Te sentís en el techo del mundo, pero te das cuenta también de lo chiquito que sos. Aprovechamos para sacarnos el frío tomando algo, compramos algunos recuerdos (de hecho, un recuerdo de esos me lo sacaron en el aeropuerto, después cuento mejor) y seguimos viaje. Y así terminamos el día. En la vuelta al hostal, vimos ardillas correteando en la nieve y subiéndose a los árboles. Otra boludez, pero me resultó simpática.
Voy dejando por acá. Después sigo.
http://mathiasonthetrip.blogspot.com/2012/06/chicago-windy-city-parte-1.html
Chicago es una ciudad increíble. Quizás se deba a que era la primer ciudad a la que llegábamos, o quizás es increíble realmente. Tendría que volver a ir y redescubrirla. Junto con New York (también volvería a Orlando), es una ciudad en la que me quedaron muchas por hacer, muchos lugares por conocer y a la que sin dudar, volvería a ir.
Si no recuerdo mal, habremos estado cuatro o cinco días. Apenas llegamos, como mencioné en el artículo anterior, comenzó a nevar, no mucho, pero hacía bastante frío. Dejamos todo en el hostal y salimos a caminar bajo la nieve. Dejo constancia que el orden del relato puede no corresponderse con el orden real de los acontecimientos, aunque intentaré respetarlo lo más fielmente.
Empezamos a caminar por una avenida bastante principal. No me daban los ojos para mirar todos los edificios y paisajes. Tampoco me daba la cámara para sacar tantas fotos. Pese a que lo intuía, me llamó mucho la atención la diferencia del skyline de las construcciones de Chicago, respecto a las de Montevideo. Edificios de 60, 80 pisos eran habituales y los había por todas partes.
En un momento llegamos una plaza con pista de patín. No, no patiné (en esa!). Igual, es anecdótico el hecho, pues en realidad, quería hacer mención a un "monumento" (por no encontrarle una mejor definición) llamado "Cloud Gate" (puerta de/hacia la nube). Agregué una foto de las que saqué allí. Es cuando menos raro. Al observar detenidamente el monumento, se puede apreciar el reflejo de los edificios vecinos.
Dicho esto, sigo la historia.
Continuamos el recorrido. Creo que a esa altura ya habíamos pasado por Starbucks. Para quien no ha tenido la experiencia, es una cadena de cafeterías internacional, que durante el viaje se nos volvió casi un amigo de ruta (más que un amigo, un hermano). Tal vez por el frío, por la necesidad de tomar algo caliente, o nomás por lo rico que era el café y el chocolate, lo cierto es que supimos ir hasta dos o tres veces por día durante todo el viaje. Hay tres tamaños de café (el venti creo que era el más grande) y bastante variedad de tipos y sabores. Para sacarse el frío, puede agregársele uno, dos o hasta tres shots al café. En fin, altamente recomendable. Y si te pudrís de tomar café, el chocolate caliente de Starbucks es MUY rico (sobretodo si hace frío). A Uruguay no ha llegado aún. Habría que hacer una fuerza para traerlos!
Continúo. A esa altura eran como las 4 pm y ya notábamos que estaba anocheciendo. También notamos que no habíamos almorzado aún, por lo cual, empezamos a buscar algún lugar para calmar al estómago. Entramos en un lugar cercano al Hard Rock Café de Chicago. Si el lector es impaciente, se preguntará por qué carajo dedico tantas líneas al almuerzo. La razón es simple. Los mozos en Estados Unidos son amables, MUY amables, quizás, demasiado amables, atentos y efusivos. Me explico. Apenas entrás a un lugar a comer, ya te preguntan cuántas personas son y te dirigen a una mesa acorde. Te traen la carta. No pasaron cinco minutos, que ya viene el mozo a ver si decidiste qué vas a comer (así el lugar esté vacío y no haya nadie para atender, o que hubiera necesidad de vaciar las mesas rápido). Evidentemente, acostumbrados a los bares uruguayos, nosotros aún no habíamos ni empezado a mirar el menú. Hasta que no les decís qué vas a comer, cada cinco minutos vuelven a ver si decidiste o no. Uno podría pensar que cuando te traen la comida detienen su actitud y te dejan comer tranquilo. Pero no. Cada poco rato vuelven a ver si todo está OK, o si precisás algo. Al principio, es hasta gracioso (por la diferencia del servicio respecto al uruguayo), pero después comienza a molestar un poco. No digo que sea bueno o malo el servicio o la atención, de hecho, se notaba que los mozos se preocupaban de que todo estuviera bien, pero fue una de las pocas diferencias culturales que me chocó o por lo menos, me resultó llamativo.
Esa misma noche fuimos al John Hancock Center. No voy a subir ninguna foto, porque no salieron muy bien. El interesado puede googlear un poco. Para resumirlo, es una de las torres más altas de Chicago. En su momento, fue el rascacielos más alto del mundo (fuera de New York). Subimos al piso 95, donde hay una cafetería con vista panorámica. Te sentís en el techo del mundo, pero te das cuenta también de lo chiquito que sos. Aprovechamos para sacarnos el frío tomando algo, compramos algunos recuerdos (de hecho, un recuerdo de esos me lo sacaron en el aeropuerto, después cuento mejor) y seguimos viaje. Y así terminamos el día. En la vuelta al hostal, vimos ardillas correteando en la nieve y subiéndose a los árboles. Otra boludez, pero me resultó simpática.
Voy dejando por acá. Después sigo.
Chicago, "The windy city" - Parte 1
Un lector perspicaz, viendo la sección de aeropuertos visitados, podría pensar (o al menos esperar) que la primer entrada referente a viajes, hablaría de New York City. O al menos, si yo estuviera leyendo el blog de otra persona, pensaría así.
Una ciudad con millones de personas, cientos de culturas conviviendo en un mismo lugar, movimiento permanente, centro mundial, seduce a cualquier escritor, aún a los más inexperientes (like me!).
Aquellos más enamorados de los paisajes, o de las playas, intuirían que Playa del Carmen es el primer destino, el elegido. Por sus paisajes, por su historia, por las ruinas y construcciones pertenecientes a la Riviera Maya, en fin, por todo.
Sin embargo, los relatos comienzan por Chicago, la ciudad de los vientos/ventosa (the windy city).
Chicago - The windy city
Todo empezó en la ciudad de los vientos, por allá por Enero/2011.
Ubicada al norte de Estados Unidos (en el estado de Illinois), al borde del Lago Michigan, se encuentra la ciudad de Chicago. Según wikipedia, cuenta con aproximadamente 3 millones de habitantes (casi tanto como Uruguay!), siendo la tercer ciudad del país con más población.
Para el que no conoce, o no ha visto ninguna foto, les regalo esta panorámica:
El plan original de las vacaciones era recorrer la costa este de Estados Unidos, por eso decidimos ir a la ciudad de los vientos. Aunque para ser sincero, no conocíamos demasiados detalles de la ciudad, ni qué se podía hacer allí. Lo cierto, es que nos esperaba una temperatura MUY inferior a la que había en ese momento en Montevideo. Pasábamos de 25 o 30 grados del verano uruguayo, a los -10 o -15 grados del invierno estadounidense.
Los avatares del primer vuelo, check-in y las corridas por el aeropuerto de Miami, formarán parte de próximos relatos.
Lo cierto, es que un 7 de enero de 2011 estábamos llegando al aeropuerto internacional O'Hare, grande por donde se lo mire. Un primer detalle en la historia, es que el aeropuerto cuenta con salidas de metro desde una terminal, a la que se accede sin tener que salir del aeropuerto. Cosa rara para alguien que no está acostumbrado. Un viajero con miles de millas encima quizás lo considera una pelotudez digna de un pelotudo importante, pero para mi fue todo una experiencia.
En síntesis, me pasó de subirme a un avión en Montevideo, bajarme en Miami, correr en el aeropuerto de Miami con la valijita de viaje (carry-on). Abordar un segundo avión hacia Chicago. Llegar a Chicago. Recuperar las valijas. Abrigarme como quien llega al Polo. Caminar por el aeropuerto. Llegar a una terminal de metro. Subirme a un metro. Empezar la aventura.
Nos alojamos en un hostal en el barrio griego de Chicago, que es realmente vecino al centro de la ciudad. Para fortuna nuestra, el metro nos dejaba a tres o cuatro cuadras del hostal. Luego de un pequeño incidente con las valijas (que en algún otro cuento relataré), comenzamos a caminar por las calles de la ciudad. Perdón, por las calles nevadas de la ciudad. Si bien no era LA nevada, alcanzó para cumplir mi ilusión de ver nieve y de ver nevar (no podía anticipar tampoco las nevadas que viviríamos semanas después!). Pese a que sabía que me esperaba una ciudad grande, con tamaños y proporciones muy distintas a las de Montevideo, me pasó de levantar la vista mientras caminábamos, y sorprenderme por la altura de los edificios céntricos (vale aclarar que la Sears Tower estaba bien cerca y es altísima, si no le erro, durante un tiempo fue el edificio más alto del mundo, aunque capaz estoy diciendo cualquiera!).
Hacía frío. Realmente.
Sin embargo, no era un frío húmedo como el que acostumbra a sentirse en Uruguay, sino que era seco. Y la diferencia es notoria. Salvo gorro y guantes, no llevaba más abrigo que el utilizado para soportar los inviernos locales. Creo que vivir a -15 grados en Montevideo se haría insoportable.
Corto la primer parte por acá, con la promesa de continuarlo en las próximas horas!
Una ciudad con millones de personas, cientos de culturas conviviendo en un mismo lugar, movimiento permanente, centro mundial, seduce a cualquier escritor, aún a los más inexperientes (like me!).
Aquellos más enamorados de los paisajes, o de las playas, intuirían que Playa del Carmen es el primer destino, el elegido. Por sus paisajes, por su historia, por las ruinas y construcciones pertenecientes a la Riviera Maya, en fin, por todo.
Sin embargo, los relatos comienzan por Chicago, la ciudad de los vientos/ventosa (the windy city).
Chicago - The windy city
Todo empezó en la ciudad de los vientos, por allá por Enero/2011.
Ubicada al norte de Estados Unidos (en el estado de Illinois), al borde del Lago Michigan, se encuentra la ciudad de Chicago. Según wikipedia, cuenta con aproximadamente 3 millones de habitantes (casi tanto como Uruguay!), siendo la tercer ciudad del país con más población.
Para el que no conoce, o no ha visto ninguna foto, les regalo esta panorámica:
El plan original de las vacaciones era recorrer la costa este de Estados Unidos, por eso decidimos ir a la ciudad de los vientos. Aunque para ser sincero, no conocíamos demasiados detalles de la ciudad, ni qué se podía hacer allí. Lo cierto, es que nos esperaba una temperatura MUY inferior a la que había en ese momento en Montevideo. Pasábamos de 25 o 30 grados del verano uruguayo, a los -10 o -15 grados del invierno estadounidense.
Los avatares del primer vuelo, check-in y las corridas por el aeropuerto de Miami, formarán parte de próximos relatos.
Lo cierto, es que un 7 de enero de 2011 estábamos llegando al aeropuerto internacional O'Hare, grande por donde se lo mire. Un primer detalle en la historia, es que el aeropuerto cuenta con salidas de metro desde una terminal, a la que se accede sin tener que salir del aeropuerto. Cosa rara para alguien que no está acostumbrado. Un viajero con miles de millas encima quizás lo considera una pelotudez digna de un pelotudo importante, pero para mi fue todo una experiencia.
En síntesis, me pasó de subirme a un avión en Montevideo, bajarme en Miami, correr en el aeropuerto de Miami con la valijita de viaje (carry-on). Abordar un segundo avión hacia Chicago. Llegar a Chicago. Recuperar las valijas. Abrigarme como quien llega al Polo. Caminar por el aeropuerto. Llegar a una terminal de metro. Subirme a un metro. Empezar la aventura.
Nos alojamos en un hostal en el barrio griego de Chicago, que es realmente vecino al centro de la ciudad. Para fortuna nuestra, el metro nos dejaba a tres o cuatro cuadras del hostal. Luego de un pequeño incidente con las valijas (que en algún otro cuento relataré), comenzamos a caminar por las calles de la ciudad. Perdón, por las calles nevadas de la ciudad. Si bien no era LA nevada, alcanzó para cumplir mi ilusión de ver nieve y de ver nevar (no podía anticipar tampoco las nevadas que viviríamos semanas después!). Pese a que sabía que me esperaba una ciudad grande, con tamaños y proporciones muy distintas a las de Montevideo, me pasó de levantar la vista mientras caminábamos, y sorprenderme por la altura de los edificios céntricos (vale aclarar que la Sears Tower estaba bien cerca y es altísima, si no le erro, durante un tiempo fue el edificio más alto del mundo, aunque capaz estoy diciendo cualquiera!).
Hacía frío. Realmente.
Sin embargo, no era un frío húmedo como el que acostumbra a sentirse en Uruguay, sino que era seco. Y la diferencia es notoria. Salvo gorro y guantes, no llevaba más abrigo que el utilizado para soportar los inviernos locales. Creo que vivir a -15 grados en Montevideo se haría insoportable.
Corto la primer parte por acá, con la promesa de continuarlo en las próximas horas!
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