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jueves, 6 de diciembre de 2012

New York City - Parte 11

Parece mentira que esta sea la undécima entrada correspondiente a mis visitas a la ciudad de New York. Cuando arranqué con esta aventura (la de escribir, no la de viajar!), nunca se me ocurrió que habría tantas cosas por contar. Pienso que eso es bueno. Al fin y al cabo, es un motivo más para seguir viajando! En la entrada anterior, conté todo lo vivido en la mañana/mediodía del penúltimo día que estuvimos en New York. Se me hizo largo el relato, como dije anteriormente, fue el día que más he disfrutado estando en USA. Si querés leer la entrada anterior, hacé click acá:



Habíamos terminado de comer en el restaurant mexicano. Nuestra siguiente escala era el Central Park. Ya habíamos ido la vez anterior, aunque claro, el clima era completamente distinto. Mientras que en Enero/2011 había nieve por todas partes, gente patinando sobre hielo en algunas pistas y relativamente pocas personas en el parque; en Agosto/2012 (pleno verano!), el Central Park estaba a full. Tal como se ve en las películas, miles de personas corriendo por las calles interiores del parque, otros en bicicleta con su perro corriendo atrás, gente en patines, turistas con sus cámaras, en fin, el parque estaba tremendo. Llegamos a eso de las 1700 hs, con un calor bárbaro. Nuestro objetivo era alquilar bicicletas para pasear y recorrer una distancia mayor en menos tiempo. Teníamos todo calculado, mapa en mano, nos dirigimos al sector donde supuestamente te alquilaban las bicis. Nada. Nadie. Bajón (?). Optamos por preguntarle a un vendedor de pretzels (creo) a ver si tenía idea dónde estaban los birrodados. Eureka! Fuimos a donde nos indicó el tipo: nueva desilusión, eran una especie de carros. Dado que era un embole seguir buscando las bicicletas, arrancamos a caminar hacia cualquier lado para recorrer un poco. Pasamos por lugares que recordaba del viaje anterior, aunque esta vez sin nieve, lo que los hacía completamente distintos y (casi) nuevos. En un momento, comenzamos a escuchar una música semi electrónica, que nos invitó a acercarnos. Cuando llegamos, vimos una gran cantidad de gente que rodeaba una especie de pista central, tomando fotos y filmando. Nos acercamos. Realmente, vimos un espectáculo que nos hizo disfrutar bastante. Era gente "rara" patinando y bailando al ritmo de la música. Dejo un enlace, pero seguro no se podrá apreciar (ni disfrutar) ni el 10% de lo que disfrutamos ahí.


Luego de disfrutar semejante espectáculo durante un buen rato, seguimos viaje. A esa altura, llevábamos varios kilómetros caminados, y el cansancio nos empezó a pegar. Supongo que sería culpa del sol y del calor. Dado que un par de horas después teníamos una cita en el Radio City Music Hall, tomamos un descanso en uno de los bancos del parque y un rato después, nos levantamos y seguimos viaje.

Debido a que era relativamente temprano como para ya caer en el teatro, y dado que queríamos ir a Wall Street, tomamos un subte y nos bajamos en la zona. Nos cruzamos con algunos manifestantes del famoso grupo Occupy Wall Street que estaban acampando y tenían múltiples carteles de protesta. De todas formas, eran relativamente pocos y estaban allí en forma pacífica. Finalmente, antes de partir al teatro, nos compramos un refrigerio (un Smoothie!) en Starbucks y fuimos a conocer el toro de Wall Street. Para los que no lo conocen:



Ahora si era hora de partir. Subte mediante, partimos hacia el Radio City. Como detalle, le erramos a la parada donde nos teníamos que bajar, lo que nos ocasionó tener que correr como seis o siete cuadras para llegar a tiempo.

El Radio City es mágico. Lujoso, grande, majestuoso y todos los epítetos que se le ocurran al lector. Nuestra ubicación era al fondo de la parte baja del teatro. Estaba bastante lleno de gente, era una de las últimas funciones de Zarkana en New York, previo a que se fueran a Las Vegas. De todas formas, estimo que el Cirque du Soleil llenará siempre cada lugar donde va.

La función empezó en tiempo y forma. Estaba prohibido filmar o sacar fotos. Cuando escuché eso me enojé un poco, uno siempre quiere tener un recuerdo de cada lado al que va. Pese a esto, acaté las reglas de la casa (y no me arrepiento). Nunca había ido a un circo. Sabía que no era uno tradicional tampoco. No tenía idea de qué me esperaba cuando se levantara el telón. Estaba ansioso. Muy mucho. Y Zarkana no defraudó. Es una obra que emociona (me siento un tanto idiota escribiendo esto). Uno se va sorprendido, alegre, emocionado, con ganas de más. No precisan hablar (casi) en todo el espectáculo y sin embargo cuentan una historia totalmente entendible. No usan animales. Son profesionales en serio. Tienen momentos en los que te hacen reir, y otros en los que estás totalmente compenetrado con lo que está pasando. Casi no se equivocan (apenas algún error de los trapecistas, pero su actuación fue casi perfecta). En pocas palabras, fue una hora y media de show, en el que vivís pila de cosas y pasás por múltiples estados emocionales. Recomendable al 1000%. Si volviera a visitar una ciudad, sabiendo que el Cirque du Soleil está allí, volvería a ir y a pagar lo que fuera necesario. Para finalizar, agrego una foto del show (no mía), donde aparecen los trapecistas:



Nos fuimos felices del teatro. Volvimos a Queens, donde creo salimos a tomar algo en la noche. Era nuestra última noche en la mejor ciudad del mundo. Para haber sido un viaje de menos de cuatro días, la pasamos genial. En la siguiente entrada (que debería ser la última de NYC (por ahora!)), voy a contar el último día en la ciudad, entre compras de regalos y todo eso que implica el último día de vacaciones.

Gracias por llegar hasta acá! :)

sábado, 24 de noviembre de 2012

New York City - Parte 10

Cada vez me cuesta más hacer las introducciones de las entradas. Creo que ya hablé varias veces sobre cuánto me gusta escribir y cuánto más viajar. Esta vez voy a ser original y voy a cortar por lo sano. Si querés leer la entrada anterior, entrá en el siguiente link:



Era el tercer día del viaje relámpago a New York. Si bien sabíamos que el viaje sería corto, no nos habíamos acostumbrado a la vida de la gran manzana, cuando ya nos quedaba menos de la mitad del tiempo de estadía en la ciudad. Hasta ahora, casi nada había salido como nos hubiera gustado: no teníamos las entradas para ir al Cirque du Soleil, habíamos perdido algunas horas en poder ubicarnos en el apartamento, debimos gastar un día entero en trámites. En fin, nos quedaban menos de dos días para hacer todo lo que teníamos pensado.

Arrancamos temprano. Alrededor de las 11 hs teníamos entrada al 9/11 Memorial, con lo cual, salimos hacia Manhattan a eso de las 9, 9 y algo. Como todas las mañanas, partimos de Queens en el subte y pegamos desayuno en un Starbucks cercano al Memorial. El primer día (la primer tarde/noche) de este viaje, descubrí un sabor nuevo en esta cafetería: los Smoothies. Desde ese momento, me hice algo así como que fanático de los mismos. Es una especie de batido de frutas, al que incluso se le puede agregar complejos vitamínicos. Lo cierto, es que esta tercer mañana en la ciudad, me encontró nuevamente disfrutando de un Smoothie de frutilla bien fría, mientras esperábamos para poder entrar al Memorial. Generalmente, es necesario hacer una gran cola para poder entrar. Sin embargo, esta mañana era poca la gente que deseaba acceder. Pasamos bastante rápido por los controles, aunque debo decir, que eran bastantes y demasiado estrictos. Eran incluso más completos que los que se realizan en los aeropuertos, incluía cacheos, revisión de metales, scanneres y demás.

Superados los controles, se accede a un predio enorme, donde tiempo atrás estaban las torres gemelas. Actualmente, se está construyendo un complejo gigante, con torres realmente asombrosas (y altas!). Donde estaban las torres derribadas, se construyeron dos "piscinas", que en los bordes tienen los nombres de las personas fallecidas en el incidente del 11 de Setiembre. Dejo foto por si no fui del todo bueno en mi explicación.


Es un complejo realmente fascinante, extremadamente verde y cuidado. La gente circula con mucho respeto por la zona, sacando fotos y apreciando el paisaje. Pero no hay ruidos molestos, nadie corre, nadie anda apurado. Es un lugar de paz dentro de la ciudad más agitada del mundo. Sacamos varias fotos, de las nuevas torres, de las piletas, del paisaje. Es recomendable para ir, incluso, es de las pocas cosas a las que se puede acceder gratis en la ciudad. Finalmente, como simbolismo, tienen cercado un árbol que habría sobrevivido al derrumbe de las torres (así como a todos los movimientos que hubo en la zona). Nuevamente, sea quien sea que esté leyendo esto, le recomiendo ir al Memorial. Lo único que se debe tener en cuenta, es que las entradas hay que sacarlas por Internet previamente, pero siempre hay disponibilidad de horarios para ir.

Al fin nos empezaban a salir bien las cosas. El paseo por el Memorial había sido estupendo e íbamos por más. Era cerca del mediodía y hacía bastante calor. Tomamos un subte y aparecimos (para variar) desde abajo de la tierra en la zona del Times Square. Caminamos un poco por allí, cuando de pronto vemos a unos chicos entregando afiches de Zarkana, la obra que queríamos ver del Cirque du Soleil, en el Radio City Music Hall. Nos acercamos, les pedimos algunos, y vimos que tenían una promoción en la cual se pagaba la mitad del costo de la entrada, únicamente era necesario presentar el afiche a la hora de sacar las entradas! Felices, afiches en mano, caminamos hacia el teatro. En nuestro camino, surgió repentinamente una tienda donde vendían fruta fresca (y fría), que nos vendría bien para consumir e hidratarnos un poco. Compramos unos pedazos de mango, de sandía y unas frutillas (creo) que fueron felizmente consumidas frente a una fuente de agua del Rockefeller Center. Era un día que pintaba para ser glorioso. Allí estábamos nosotros, disfrutando de tremendo paisaje, mezcla perfecta entre naturaleza y ciudad alborotada.

Terminadas las frutas, arrancamos para el Radio City Music Hall para intentar conseguir esas entradas. Basta mirar en el google maps, para darse cuenta que del Rockefeller Center al RCMH hay apenas dos cuadras de distancia, por lo cual, un ratito después, estábamos con las entradas en nuestros bolsillos. Conseguimos lugares en la parte de abajo del teatro, en una de las filas del final (por decir algo, habremos conseguido en la fila 25, habiendo 30). Tal como había mencionado antes, usamos los afiches que nos dieron en el Times Square, con lo cual, ahorramos la mitad del precio de las entradas (que de por sí eran medio caripelas).

En Enero/2011, fecha de mi primer viaje, estuvimos alrededor de cuatro o cinco días en la ciudad. Fueron sumamente intensos y sin embargo, nos quedaron muchas cosas por conocer. Entre ellas, no habíamos ido al Harlem ni lugares cercanos. Lo más cerca que estuvimos, fue durante nuestro paseo por el nevado Central Park, pero nada más. Esta vez, teníamos otros planes. Tomamos un subte que nos dejó en un extremo del parque (en la W 110 st y la 8th Ave) y comenzamos a caminar hacia el oeste. La zona es hermosa, quizás el barrio residencial que más me ha gustado de NYC. Tiene un aire al Prado montevideano, pero con edificios bastante más altos y calles bastante más amplias. Desde Montevideo, un amante de la serie Seinfeld, nos había pedido que fuéramos al restaurant que aparece a menudo en la serie, por lo cual, fuimos allí. Dejo una foto por si alguien no se da cuenta de qué estoy hablando:



Si alguien no conoce la serie, la foto anterior no le aporta nada. Sin embargo, aquellos que nos hemos reído horas y horas con Jerry Seinfeld, le encontramos un valor emotivo (?).

Una vez que pasamos por el bar de Tom, compramos unos chicles de sandía (que están tremendos!) y nos pusimos en contacto con una chica (también uruguaya) que vivía por la zona y que amablemente nos ayudó a conocer los alrededores. Caminamos por el enooorme predio de la Universidad de Columbia, que es, francamente espectacular. Tiene un entorno plagado de edificios que ofician de residencia para los estudiantes y es una zona muy alegre, llena de vida y juventud. Me encantó conocerla y volvería a ir. Los edificios son majestuosos, tienen una vista privilegiada de la ciudad, la gente andaba ligera de ropa por ser verano, en fin, fui feliz, muy mucho.

A eso de las 4 pm, almorzamos con Sofía en un restaurant mexicano unas fajitas. Allí, pude volver a degustar la exquisita horchata (que había probado en el primer viaje, en Playa del Carmen), aunque seré sincero, la de Mexico era más rica. Tuvimos un almuerzo tan agradable, entre uruguayos, nachos, salsas picantes, horchatas y fajitas, que cuando quisimos acordar, ya era hora de seguir nuestro camino.

Por hoy, creo que ya escribí bastante. La próxima entrada completará lo relatado en esta, el tercer día del viaje. Hablaré sobre el paseo por el Central Park y el Cirque du Soleil.

martes, 20 de noviembre de 2012

New York City - Parte 9

Tiempo atrás, descubrí que tenía ganas de viajar y que seguramente disfrutaría mucho cuando lo hiciera. Meses (años?) después, se me ocurrió usar dinero del que estaba juntando, para hacer un viaje por Europa. Cuando la idea tomó forma, un cocodrilo invadió mi bolsillo y me susurró que Europa sería bastante caro, que quizás me convenía viajar a Estados Unidos. Se lo propuse a un amigo, que sorpresivamente se colgó con la idea y decidimos viajar en Enero de 2011 a Estados Unidos y México. Posteriormente, en Agosto/Setiembre del año siguiente, con el mismo compañero de ruta, hicimos un viaje relámpago a NYC, como para sacarse las ganas.

Este blog tiene por objetivo relatar experiencias de mis viajes, compartir sensaciones, lugares, y distintas culturas que he podido conocer en este último tiempo. Esta entrada en particular, sigue la línea de las anteriores y corresponde a la novena para la ciudad de Nueva York (correspondiente a mi segundo viaje a la ciudad). Si por H o por B no pudiste leerla, o esta es la primera vez que entrás a mi blog y querés acceder a entradas anteriores, hacé click en el enlace siguiente:


El plan era sencillo, íbamos a estar tres días y medio en la ciudad y queríamos hacer lo máximo posible. Contábamos con una ventaja importante respecto al viaje anterior: era verano. Ese detalle, por más simple que parezca, nos hizo una gran diferencia, los días eran mucho más largos respecto al viaje anterior y andar con menos ropa, nos permitió ser bastante más rápidos en las calles neoyorkinas. Sin embargo, el plan tenía una falencia: por la duración del viaje, no podíamos tener contratiempos. Debíamos ser organizados, aprovechar el tiempo al máximo, no perdernos, no fallar en nada. Evidentemente, el lector astuto, podrá darse cuenta que el plan no fue exitoso. Por distintas razones que no vienen al caso, pasamos la mañana de nuestro segundo día en la ciudad más importante del mundo, haciendo cola en UPS, para retirar un paquete que tenía que volver con nosotros a Montevideo. Hacía mucho calor, demasiado para andar cargando cosas por la ciudad (diga que el sistema de metros es francamente admirable y nos salvó bastante la plata). Quizás lo único positivo de esa mañana haya sido el haber probado una exquisitez: un bagel con crema con gusto a cebollas y no sé qué más, que estaba de la hostia. Es de esos sabores que querés volver a probar en tu vida (y que en Uruguay no hay nada similar!), con lo cual, tendré que volver a NYC a degustarlo nuevamente! 

La tarde nos deparaba otro mandado no muy gratificante. Algo que SI o SI debíamos hacer en nuestra estadía era ir a New Jersey. Dado que habíamos perdido alrededor de medio día ya, optamos por dedicar la tarde para realizar este paseo. La noche anterior, nos habíamos (me había) quedado con las ganas de comer una pizza de la cadena Pizza Hut. Nuestro tren (NYC -> NJ) partía desde la Penn Station, que casualmente, tenía una pizzería cercana, por lo cual, raudamente nos dirigimos a la misma. NYC es cosmopolita, quizás (seguramente) como ninguna otra ciudad del mundo. Sin embargo, nos llamó poderosamente la atención que TODO el personal de ese Pizza Hut parecía proceder de un mismo país, tenían todos aspectos similares y se comunicaban en un idioma inentendible por nosotros. Yo supuse que serían de India, Bangladesh o algún país de esos, pero también supuse que no les agradaría demasiado que les preguntáramos. Nos demoraron como 20 minutos en preparar una Pizza Margarita. Compramos un par de bebidas onda vitamínicas (que guardamos en un bolsillo de un bolsito de mano que llevábamos) y salimos corriendo para la estación de trenes.

Asombra ver la cantidad de gente que circula por la Penn Station, corren, caminan, pasan hablando por celular, con valijas de mano, con carros, es un alboroto constante pero raramente ordenado. Pese a esto, cualquier persona que te choque o se tropiece contigo, tiene la delicadeza de parar lo que estaba haciendo y disculparse, algo que entre la locura que viven, podría llegar a sorprender. Mientras hacíamos la cola para el tren, descubrimos que el próximo tren saldría en tres minutos. Todavía no sé cómo hicimos para en tres breves minutos, terminar la cola, sacar los pasajes, encontrar el anden donde partía el tren y subirnos al mismo.

El viaje fue bastante disfrutable, el tren se movía bastante rápido, con lo cual, pudimos apreciar el cambio de paisaje entre la ciudad gigante que es New York y el verde que comienza a verse cuando se circula por New Jersey. Continuamente puede notarse la presencia de casas y pueblos vecinos a las vías del tren, pero bastante más esporádicos que los vistos antes. Descubrimos ciudades pequeñas y pintorescas en nuestro recorrido mientras degustábamos la muzzarella, lleno de casas al estilo americano, pero totalmente distintos a cualquier otra gran ciudad estadounidense. La anécdota del viaje, refiere a un chorro de líquido que comenzó a caer desde nuestra valija de mano, hacia la espalda de unos viajeros ubicados en el asiento detrás al nuestro. Nuestras bebidas vitamínicas estaban mal cerradas (o se abrieron durante el viaje), mojando todo (los asientos, los americanos, la valija de mano, el piso, todo!).

El resto del viaje no tuvo ningún otro aspecto destacable. Llegamos a Astoria y con el cansancio acumulado de una larga jornada, no nos dio para volver a Manhattan. Decidimos entonces dar una vuelta por un minicentro de Astoria, donde cenamos y disfrutamos de unos caliboratos y de la gente linda americana.

El segundo día culminó con una sensación bastante amarga. Íbamos a estar menos de cuatro días en la ciudad y perdimos uno realizando "trámites". Por suerte, el resto del viaje no tuvo otras dificultades. El día tres (que será el que relate en la próxima entrada) fue estupendo, mágico, fabulofantástico o fantabuloso. Fuimos al sitio donde estaban las torres gemelas y pudimos ver el memorial, luego fuimos a la zona del Harlem, donde visitamos el predio de la Universidad de Columbia y comimos en un restaurant mexicano. En la tarde, recorrimos el bellísimo Central Park, donde nos encotramos con ciertos espectáculos artísticos, pero no logramos encontrar bicicletas para recorrerlo! En la tardecita fuimos al Wall Street y liquidamos la jornada yendo al Radio City Music Hall a ver el espectáculo Zarkana del Cirque du Soleil. Así que estate atento que se viene alto relato!

miércoles, 26 de septiembre de 2012

New York City - Parte 7

Tal vez sea complejo por vivir en una ciudad relativamente chica, o un país enano al lado de dos gigantes, pero sea lo que fuera, no me voy a cansar nunca de ir a New York. Como dijo un uruguayo la primera vez que fui, todos los días conocés algo nuevo, todos los días vez algo diferente, es una ciudad que no te deja de sorprender.

Cuando comencé a escribir estos relatos, mi objetivo era poder volver a viajar al poco tiempo de haber terminado de escribir todo, de forma de nunca detenerme en la escritura. Sin embargo, se combinaron dos asuntos que impidieron que esto pasara: el primero, se me complicó para escribir (mitad por boludo y mitad por tener otras cosas para hacer) y el segundo, porque a finales de agosto salió un viaje relámpago a NYC que alteró todo el cronograma que me había armado.

Este post corresponde a una serie perteneciente a la ciudad de New York, siendo el séptimo de su linaje. Los primeros seis se corresponden a mi primer viaje a la ciudad, en enero de 2011. A partir del séptimo y de ahora en más, relataré mis experiencias de mi segundo viaje, en el verano neoyorkino, 2012. Si querés leer los anteriores, pasá por:



Viajar a NYC, si se va por American Airlines, implica pasar por Miami. Llegamos a eso de las 5 AM al aeropuerto de la ciudad. Quizás por las ansias del viaje, quizás porque viajás incómodo como en un 149 a las seis de la tarde con destino Mendoza, lo cierto es que casi no pegué un ojo en toda la noche y estaba un tanto abombado (más de lo habitual!). Cuando hicimos los trámites de inmigración, me toca una minita con pinta latina, y nombre yanqui, con lo cual, apliqué la misma táctica del viaje anterior: le hablé en español. Me respondió en inglés. Evidentemente, no empezaba bien el día. Como siempre, me pidió que pusiera todos los dedos sobre el scaner que tienen, me preguntó para qué iba, cuanto tiempo y todos los papos, hasta que se dió cuenta que no había terminado de completar el formulario de ingreso, lo cual me hizo notar. Divino. Le pido una lapicera. La muy HDP, me mira seria y me dice que si, pero que tiene cargo (wtf! pensé yo, me cobra por usar dos minutos una la lapicera?!?!?!). Retrocedo, en búsqueda de una lapicera "without charges", a lo que me responde: "I'm joking" y me extiende la lapicera. Humillación miamesca a las 5 AM, tremendo arranque de jornada.

Luego del owned más grande del año, trasladamos las valijas para que las despacharan hacia New York y nos quedó un rato libre. Rato libre, un año y medio sin pisar USA hacía que  inexorable e inevitablemente se me cruzara una única palabra por la mente: Starbucks. Ya habíamos desayunado abundantemente bien en el avión, pero hay que resistirse al Caramel Macchiato! Aprovechamos para tomarlo, comiendo una especie de brownie de banana (creo) en la salida del aeropuerto, donde ya se notaba la temperatura calurosa que íbamos a buscar. Pasar de los 10 grados de Montevideo a los 25 grados de Miami a las 5 AM era una sensación gloriosa.

Una vez culminado el café, nos dirigimos hacia el lugar donde salía nuestro avión. En el camino, tal como pasa en Carrasco, nos cruzamos con un monumento (escultura? obra?) de un avión, colgado en uno de los pasajes de la terminal. Se me ocurrió fotografiarlo de abajo, para que se notara completo, por lo cual, debí acostarme (literalmente) en el piso del pasillo, para obtener la toma correcta. Aparentemente algún gil se rió (ni me enteré), pero no me conocía nadie, así que poco me importó. La dichosa foto es:


Seguimos viaje. En el avión, optamos por decidir qué paseos haríamos en nuestra estadía y cumplida esa tarea, miramos el primer capítulo de Breaking Bad (no subtitles), como para ir acostumbrando la oreja. Llegamos a NYC, pero con una diferencia con respecto al viaje anterior, esta vez llegamos en avión (la anterior en bus desde Boston). La vista es asombrosa, espectacular, me quedo corto en adjetivos si quiero describirlo. Por otra parte, en lugar de ir por el aeropuerto JFK, esta vez llegamos desde el aeropuerto de LaGuardia (LGA), mucho más chico que el Kennedy, pero sobre todo, mucho más cerca de nuestro destino, dado que nos hospedábamos en Astoria, Queens.

Luego de algunos incidentes menores (no encontrábamos a los dueños de casa), logramos entrar las valijas al apto y aprontarnos para salir. Esta vez iba preparado, llevé la camiseta del glorioso Peñarol a pasear por la gran manzana y la saqué a relucir el primer día.

Tal como nos había sucecido en el viaje anterior, el primer destino fue el Times Square. Previo a esto, y como supe aconsejar en uno de mis primeros posts, sacamos la free pass de subte, te despreocupás de andar sacando boletos y viajás todas las veces que querés por algunos dólares. En fin. Es inexplicable la diferencia entre NYC en verano y en invierno, la vez anterior con -10 grados y ahora con 30, la cantidad de ropa menos que precisás, la facilidad que tenés para moverte. Se vuelve mucho más transitable la ciudad en verano, por más que haya más gente en las calles y respirás felicidad (estoy hecho un poeta!). 

Luego de dar algunas (varias) vueltas por el Times Square (y de consumir un refrigerio de Starbucks), arrancamos hacia el Rockefeller Center, donde nos llevamos una mayúscula sorpresa. En el invierno de 2011, habíamos visto una pista de patinaje sobre hielo en la base de uno de los edificios, con una escultura dorada y banderas de países de todo el mundo a su alrededor. Ahora en cambio, había un espacio vacío, con algunas mesitas de algún café cercano. Pero nada de hielo, ni de patinaje, ni escultura, ni banderas, nada. Estuvimos un rato largo discutiendo y caminando alrededor del edificio para convencernos que estábamos en el mismo lugar. A los pocos días, nos enteramos que aparentemente, arman esa estructura para invierno y la desarman para el verano. Muy loco.

Uno de los objetivos que nos habíamos propuesto en el viaje era poder ir al Radio City Music Hall, al espectáculo Zarkana, del Cirque su Soleil. Sabíamos que a través de internet, se podían conseguir promociones especiales, de forma de ahorrar algunos dólares, o por el mismo precio, tener localidades con buena visibilidad. Días anteriores, ya habíamos encontrado una página con un código, que era el que permitía un descuento de 50% en la web de compra de tickets. Nos detuvimos en la puerta de un Starbucks a garronear internet e intentar acceder a ese código. No había forma. Conseguimos otros, pero no eran tan buenos y terminabas pagando una torta de guita.

Finalmente la búsqueda resultó infructuosa, con lo cual, decidimos ir al teatro a averiguar cómo era la movida y ver si podíamos tener algún descuento o algo. Nada. Alta decepción. Luego de varias horas, el Cirque du Soleil nos había vencido y nos quería hacer abonar el precio total, sin descuento. Optamos por esperar hasta la noche e (computadora mediante) intentar nuevamente. Pondría alguna foto del Radio City Music Hall, pero creo que en post anteriores ya lo hice.

Este post finaliza por acá. En el siguiente, relataré nuestra visita al museo de cera, Madame Tussaud's  Gracias por llegar hasta acá!

domingo, 9 de septiembre de 2012

New York City - Parte 6

Fallé, me había propuesto escribir de forma constante e ininterrumpida hasta contar todas mis experiencias. No lo logré. La facultad, el trabajo, y algunos otros menesteres me impidieron ser constante en la tarea. Si había algún lector asiduo, las disculpas del caso. Hechas las aclaraciones, prosigo.

Este post corresponde a mis experiencias vividas en la ciudad de Nueva York. Hasta ahora, se basaban en un único viaje realizado en el mes de Enero de 2011. Sin embargo, surgió uno nuevo a fines de Agosto, que fue medio relámpago, tanto en duración como en la toma de decisiones; en menos de 10 días surgió la idea, compramos los pasajes, viajamos y volvimos a Montevideo. Ya contaré más detalles, no quiero perder el hilo del blog. Este post entonces, viene a ser el número 6 correspondiente a New York City. Si querés acceder al post inmediato anterior, hacé click en:


Saliendo del Central Park, nos encontramos con un puesto de venta de productos Apple. Puede parecer poco interesante que cuente esto, me explico con una foto:


Esa es la entrada. Puede verse una escalera hacía un piso inferior. Todo el local (que es gigante!) está en un primer subsuelo, al cual se puede acceder bajando la escalera que se aprecia en la foto, o mediante un ascensor (que no se ve muy bien). Después de esto, no hay mucha magia, es un local de Apple donde se puede encontrar de todo, IPods, IPads, IPhones, accesorios, etc, etc, etc.

Continuamos la caminata. Era hora de llegar al Radio City Music Hall. Lo vimos por fuera (en el segundo viaje entramos). Wikipediando un poco, veo que está considerado como el teatro más importante del país (por ende, estimo que ha de ser uno de los teatros más importantes del mundo) y es apodado como Showplace of the Nation. La capacidad de este animalito es de unas 6.000 personas. Dejo una panorámica para que se hagan una idea:



En próximos post, cuando relate mi segundo viaje, describiré un poco más el teatro y el espectáculo que fuimos a ver (Zarkana, Cirque du Soleil).

El teatro está ubicado en el predio del Rockefeller Center. Tal como son la mayoría de las cosas en USA, el Rockefeller Center es enorme. Es un complejo de 19 edificios comerciales (la mayoría altísimos) en Midtown Manhattan. Fue construído por la familia Rockefeller por la década de 1930. Muchos de los edificios contienen agencias de prensa, bancos, tiendas importantes y teatros. Es un gran atractivo turístico de la ciudad y fue reconocido como National Historic LandMark en 1987. En nuestro primer viaje era pleno invierno y en la base de uno de los edificios habían armado una pista de patinaje sobre hielo, con una escultura dorada en uno de sus costados. La pista estaba rodeada múltiples banderas de países (estimo que estaría la bandera de todos) y en uno de sus laterales había un negocio de LEGO que era impresionante. Había obras (no encuentro otra palabra mejor) que tendrían miles (por no decir millones) de fichas: castillos, dragones, personajes famosos e incluso habían construido el mismo Rockefeller Center, en fin, quienes las hayan hecho son unos grandes.

Seguimos viaje. Esa misma tarde fuimos al Brooklyn Bridge. El puente une los distritos de Manhattan y de Brooklyn en New York City. En su momento, fue catalogado como el puente colgante más largo del mundo, midiendo 1.825 metros de largo. Es un símbolo (otro) de la ciudad y se utiliza habitualmente en postales o fotos para hacer referencia a la misma. Para el que no lo ubique aún, les dejo una tremenda foto del puente:



Lo recorrimos de inicio a fin y obtuvimos grandes panorámicas, tanto del puente, como de Manhattan. La vista desde el BB es asombrosa y altamente recomendable.

La estadía en New York City estaba terminando ya. De todas formas, esa misma noche y acompañados por otro uruguayo, residente en NYC (y que nos dio alojamiento en ambos viajes :D), hicimos algunos paseos bastante "exóticos" que detallo en breves líneas. 

- Conocimos una playa neoyorkina durante la noche. Ni idea si en verano se bañarán ahí o no. Fue bastante bizarro caminar sobre la arena cubierta de nieve, pero estuvo realmente bueno y es algo que sin ir con alguien que conozca, es difícil encontrar.
- Fuimos a la zona rusa de la ciudad. Entramos a un supermercado ruso, repleto de especialidades locales y productos típicos. Era un súper común y corriente, con la excepción de que la mayoría de las personas hablaban algo inentendible y muchos productos no tenía ni idea qué eran (y sus carteles no ayudaban en lo absoluto!).
- Pasamos por el barrio judío. En esa zona, todas las personas que nos cruzamos eran judíos ortodoxos, los hombres con su típico peinado y rulos oscuros, mientras que las mujeres iban vestidas de largo y formales.
- Finalmente, fuimos a una zona donde todos los habitantes eran de tez oscura. No sé en qué parte de la ciudad estábamos en ese momento.

Finalmente, no tenía idea que estuviera tan dividida la ciudad según la procedencia y características culturales de sus habitantes. Me llamó bastante la atención, pues si bien sabía que NYC era una ciudad altamente poblada por inmigrantes, no imaginaba que estuvieran tan segregados (o autosegregados, desconozco).

En síntesis, confirmé mis pronósticos, New York City es el mejor lugar para vivir y altamente recomendable para visitar. En el próximo post, espero contar la experiencia vivida hace algunas semanas.