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jueves, 26 de septiembre de 2013

Cleveland - Parte 4

Había una vez, truz. Cuack! En fin, esta debería ser la cuarta (y última) entrada correspondiente a mi visita a la ciudad de Cleveland (y Sandusky), en el mes de Agosto de 2013. Para los lectores que no sean frecuentes, les cuento que desde hace algún tiempo vengo armando un blog con mis experiencias en distintos viajes. Mi principal idea es contar anécdotas, dar consejos, recomendar sitios, etc. Disfruto tanto al escribir, que cada entrada escrita aumenta mis ganas de volver a viajar, es como un círculo vicioso.

Te recomiendo que antes de leer esta entrada, pases por acá:


A modo de breve resumen, mi visita a Cleveland formó parte de un viaje bastante relámpago que también incluyó una ida al estado de Florida, por las ciudades de Miami, Sarasota, Naples y algún que otro poblado cercano. Todo en cinco días.

Retomo el relato de la entrada anterior. Cleveland es una ciudad chica, bastante para el tamaño estándar de las ciudades de Estados Unidos. Habíamos investigado en internet algunos lugares para ir en la media jornada que teníamos disponible, siendo el museo de Rock and Roll uno de los lugares más recomendados. Hacia allí fuimos. Si el lector es asiduo de estos lares, recordará que en la primera entrada correspondiente a esta ciudad, mostré una imagen de una guitarra, en honor al museo, en el aeropuerto. Indiscutiblemente es una de las mayores atracciones de la ciudad. Según la wikipedia, el salón de la fama de rock es un museo dedicado al recuerdo y memoria de los artistas más famosos e influyentes de la industria musical a través del género de la música rock.

La siguiente imagen muestra la entrada principal del museo y salón de la fama:


No se aprecia demasiado, pero el lugar es realmente grande y cuenta con distintas áreas divididas según ocho (o nueve?) categorías. En cada uno de esos sectores, existen stands dedicados a bandas o cantantes famosos, donde se muestran fragmentos de letras, ropas  o atuendos típicos, así como extractos de revistas y videos. En otros casos, habían auriculares para poder disfrutar algunas canciones. Incluso allí adentro, transmitía en vivo una radio, que me imagino, pasaría Rock. No me voy a explayar demasiado hablando del museo, les dejo una foto más y cambio furibundamente de tema:


El atuendo, tal como surge en la carátula del álbum que aparece debajo, corresponde al disco Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, de los Beatles; para muchos, considerado el mejor disco de la historia. Para mi no, aunque creo que tampoco tengo un disco favorito. 

Luego de comprar algún recuerdo del lugar y sacar alguna que otra foto, continuamos nuestra travesía. El siguiente paso era conocer un submarino utilizado en la segunda guerra mundial. Suerte para nosotros, el mismo estaba ubicado a escasas dos o tres cuadras del museo, ideal para nuestro tiempo disponible. Al llegar, descubrimos que en la parte de afuera del submarino, había algunos instrumentos en exposición, tales como un periscopio y un torpedo.

Finalmente entramos. Lo primero que debo decir, es que el lugar no es apto para claustrofóbicos. Los espacios son realmente reducidos y los pasillos muy angostos. Pese a esto, es extremadamente largo y con espacio para contener decenas de personas en su interior. Como muestra, en la siguiente foto se puede observar el lugar donde dormían los militares de menor rango.


Tal como surge de la imagen, en esa sala dormirían por lo menos 20 o 25 personas. Alguien que haya visto alguna película que transcurra en algún submarino, podrá darse cuenta que las escenas donde los militares corren raudos y presurosos por los pasillos, sin chocarse, podrá darse cuenta que no hay chance de que eso suceda en la vida real. En otros sectores, te podías encontrar con baños, cocina (bastante completa por cierto), dormitorios con menor cantidad de camas (seguramente para personal de mayor rango que el de la foto anterior), una sala para lavar ropa, la sala de torpedos, el periscopio, motores, etc. Es, realmente, gigantesco. Un detalle que omití en el relato, es que en cada una de esas salas había un reproductor donde se explicaba el rol de ese sector del submarino, quiénes trabajaban ahí y sus tareas. En fin, si alguien visita la ciudad, no puede perderse este paseo (salvo que, tal como ya advertí, sea claustrofóbico).

Nos quedaban MUY pocas horas en la ciudad. El hambre arremetía contra nuestra voluntad de seguir paseando, con lo cual, optamos por visitar el Hard Rock Café local. Por el poco tiempo disponible, comimos una hamburguesa al pan con fritas (que sabía bastante mejor de lo que suena en este momento). Un elemento destacable del lugar, es que se encuentra emplazado en un hotel/centro comercial. Hasta ahora, todos los que había visitado eran locales individuales. Finalmente, con más prisa que pausa, retiramos el Spark del estacionamiento y nos fuimos para el aeropuerto.

Este es el momento donde confirmamos que la mala suerte era la tercera persona que iba en el viaje. Llegamos al sector donde se devolvían los autos, lo dejamos y nos fuimos en el bus que ya mencioné en la segunda entrada de Cleveland. Estando en el aeropuerto, a punto de despachar las valijas, nos dimos cuenta de dos cosas. La primera, era que nuestro vuelo se había atrasado unos 45'. Nos venía bien porque estábamos medio apretados de tiempo. La segunda, era que habíamos perdido una billetera. Caos. Adios dinero, tarjetas, documentos, todo. La única chance que nos quedaba era que se hubiera caído dentro del Spark, por lo cual, despachamos las valijas y nos fuimos, nuevamente, al edificio donde se alquilaban los autos. Para no demorarla más, la billetera terminó apareciendo en el auto, con todos los elementos que tenía antes de perderse (y eso que había bastante dinero adentro). Bastante aliviados, volvimos al edificio principal y partimos hacia Miami.

sábado, 29 de septiembre de 2012

New York City - Parte 8

Viajar envicia. O por lo menos, a mi me ha enviciado. Te queda siempre esa sensación de que fue poco y ganas de más, de conocer más, de recorrer más, de disfrutar más. Nunca parece suficiente, por más cansado que estés, mientras estás de viaje, cada mañana amanecés con energías renovadas y salís a la calle como si fuese el primer día. En este blog me he propuesto, entre otras cosas, relatar mis viajes y experiencias vividas. Este post es el octavo correspondiente a la ciudad de New York. En los primeros seis, encontrarás relatos correspondientes a mi primer viaje, en Enero de 2011. A partir del séptimo, lo vivido en Setiembre de 2012. Si querés leer el post anterior, hacé click en el siguiente link:



Estábamos en el primer día. Habíamos intentado conseguir descuentos para ver Zarkana, del Cirque du Soleil y no habíamos tenido éxito. Pasamos más de una hora (quizás dos) en esos trámites y no estábamos demasiado contentos con los resultados obtenidos. En el viaje entre Miami y NYC, habíamos hecho una lista de cosas por hacer en los pocos días de visita, y cada hora que pasaba, era (potencialmente) un lugar menos a visitar. A esa altura serían aproximadamente las 5 pm. Nos habíamos movido principalmente por la zona del Times Square, cerca del Rockefeller Center y del Radio City Music Hall. Nuestro listado de tareas incluía la visita al Museo de Cera Madame Tussaud's, que se encontraba realmente cerca de nuestra ubicación, por lo cual, fuimos hacia allí.

Visitar USA, siendo turista latinoamericano, tiene una desventaja: los precios. Cualquier museo, acuario o lugar turístico que quieras visitar, no te baja de los u$s 30 la entrada. Quizás para ellos es un precio razonable, pero bueno, para quienes vivimos de este lado del Ecuador no resulta demasiado barato. Aún así, compramos las entradas correspondientes y fuimos a visitar a ver qué onda. Ya de primera, te espera una estatua de Morgan Freeman en la entrada, invitándote a pasar. Es asombroso el nivel de detalle de las mismas; si bien en algunas es sencillo darse cuenta que no son reales, existen otras que perfectamente te las podés confundir con el famoso de turno. Dejo algunas fotos que ilustran mis comentarios:



Además de las esculturas, también hay algunas cosas más para ver. Hay un tipo disfrazado, simulando ser una estatua que cuando pasás por al lado te asusta, pero además, te reta a pasar por un pasillo, donde intentan (básicamente) asustarte: salen manos de las paredes, está todo oscuro, hay ruidos de repente. En un momento se me enfrío el pecho y me dio cuiqui entrar, después junté coraje y lo hice. En realidad, entré porque sino iba a resultar ser menos valiente que cuatro o cinco minitas que SI entraron. También (como en todos lados) te podés comprar recuerdos del lugar y, como yapa, podés ver una "obra" de "cine" (con los personajes de "The Avengers") creo que 4D. Los únicos efectos multilocos, es que te salpican con agua en un momento y del respaldo del asiento sale algo (tipo un pincho) que te da un golpecito en la espalda. Nada muy disparatado, aunque bien por el intento.

Cuando salimos del museo, pasamos por Macy's, autoproclamada como la tienda más grande del mundo. Es groseramente grande. Tiene como nueve pisos, donde podés encontrar ropa y accesorios de cualquier marca, aunque si se quiere conseguir buenos precios, capaz sea mejor ir a un Outlet. Una curiosidad del lugar, es que cada piso tiene un 70% de cosas para mujer y un 30% de hombre, pero además, en todos los pisos siguen la misma distribución. Por decir un bolazo, si va una mujer a Macy's, tiene que ir al sector Norte, mientras que un hombre, debería ir al sector Sur. Es un ejemplo choto, únicamente para ejemplificar la distribución. Tiene múltiples escaleras mecánicas y ascensores. De hecho, si no estoy equivocado, en los pisos superiores del edificio (encima de la tienda), hay viviendas. Pasamos un buen rato recorriendo el lugar. Como nuestra intención no era comprar, sino más bien recorrer, anduvimos rápido. Aún así, para ver toda la tienda, tenés que pasar un par de horas.

A esa altura ya era de noche. Instintivamente volvimos al Times Square, que oficia de imán, siempre terminás ahí parece. Como ya estaba picando el hambre, buscamos algún lugar para cenar. Intentamos ir al Hard Rock del Times Square, pero estaba repleto de gente y nos fuimos. Por otro lado, yo andaba con ganas de ir a Pizza Hut, por lo cual, consultamos el GPS y fuimos al más cercano. Al llegar, vimos que era un T.G.I. Friday's, que además tenía un cartel de la pizzería afuera. Entramos. Nos ubicamos. Al ver el menú, nos percatamos que habíamos sido vilmente engañados, no había nada de Pizza Hut en ese menú. Los precios estaban medio caros para lo que teníamos planeado gastar y nos demoraron pila de rato en traer el pedido. No fue una buena elección comer ahí, definitivamente.

La jornada terminó dando vueltas por Manhattan y volviendo, cansados (muy mucho) a Astoria, Queens.

viernes, 6 de julio de 2012

New York City - Parte 4

Nueva York es fascinante. La primer noche que pasamos allí, otro uruguayo supo decirnos que estaba enamorado de la ciudad, dado que todos los días conocía algo nuevo. Esta es la cuarta parte de mi viaje por NYC. Si querés leer la tercera, hace click acá.


El segundo día cruzamos hacia la isla de la libertad, donde reside la estatua famosa. Si no recuerdo mal, fue cerca del mediodía. Luego del paseo y fotos correspondientes, volvimos a la ciudad al atardecer (4 pm quizás). Esa tarde, optamos por subir al Empire State. Como datos interesantes, supo ser durante más de 40 años, la torre más alta del mundo. Además, fue nombrada una de las siete maravillas del mundo moderno.




Algo súper interesante, es que una vez adentro, mientras caminábamos por uno de los tantos pasillos, había algunas carteleras con el objetivo de conscientizar a la gente sobre el ahorro de energía. Lo planteaban como un proceso de varias etapas y mostraba que con un poquito de respeto por la naturaleza, se podía ahorrar (y mucho), tanto en barriles de petroleo, como en emisiones de gases de efecto invernadero.


En el Empire State hay dos vistas panorámicas. La primera es en el piso 86, creo que por 20 o 30 dólares se accede. Por otra parte, en el piso 102 hay otro observatorio, evidentemente, más caro. Por lo que leí en Internet, es más chico que el de más abajo, pero seguramente se vea más o menos lo mismo.


Serían las 6 pm. Afuera hacía frío, bastante. Cuando llegamos al piso 86, nos encontramos con una sala bastante amplia, las cuatro paredes de vidrio permitían visión 360 grados de la ciudad. Como cualquier habitación en Estados Unidos, estaba cómodamente calefaccionada. Para sorpresa nuestra, se podía salir de la sala hacia un balcón que rodeaba por completo la habitación (y sin pagar extra!). Allá fuimos. Sin temor a equivocarme, es la vez que sentí más frío en mis 24 jóvenes años. De cerca de 30 fotos sacadas, apenas 8 o 9 salieron sin ningún tipo de movimiento o temblor. De hecho, las que salieron más o menos bien, fueron sacas cuando se me ocurrió sacarme los guantes. Bastaron menos de 5 minutos para que se me congelaran las manos. Cuando terminamos de sacar las fotos, volvimos a la sala calefaccionada. Si afuera sentí MUCHO frío, apenas entramos a la habitación (y por un buen rato), sentí que me quemaba la cara (era la única parte del cuerpo que no tenía abrigo). Haciendo una cuenta fácil, adentro habría 23 grados, afuera, -20 (teniendo en cuenta que en la calle habrían unos -10). Los 40 grados de diferencia fueron los que me hicieron sentir cual pollo al spiedo.


Terminada nuestra expedición por el Empire State, y cuasi atraídos por sus luminarias, volvimos a ir al Times Square. Es increíble estar ahí en plena noche y que te parezca que es mediodía, la cantidad de luces y publicidades es asombrosa. Pasamos adelante una vez más del Hard Rock Café, y ahora me estoy arrepintiendo de no haber entrado. Posiblemente sea una excusa para volver. 


Como mencioné en los anteriores artículos, en una de las dos esquinas (en la más famosa) hay una escalinata a la que se puede acceder. No sé por qué, el día anterior no permitían subir, pero esa noche sí! Aprovechamos para sacarnos algunas fotos (más) y continuamos viaje. 


Mientras vagábamos por la zona, descubrimos una pantalla gigante con fotos de personas y mensajes escritos por ellas. La pantalla estaba encima de un negocio de ropa. Entramos al local a averiguar y nos dijeron que comprando algunas prendas, podías sacarte la foto. No dudamos y reventamos la tarjeta de crédito comprando un par de medias, lo que nos dio acceso a sacarnos una foto similar a esta:




Otro día sigo contando más historias.

lunes, 25 de junio de 2012

Chicago, "The windy city" - Parte 5

Toda historia tiene un inicio, que podés encontrar acá:
http://mathiasonthetrip.blogspot.com/2012/06/chicago-windy-city-parte-1.html

Si ya leíste todas las partes anteriores, FELICITACIONES!
Debés ser uno de los dos que lo han hecho!

Tal como expresé en la parte 4 de Chicago, el objetivo de la parte 5 será contar situaciones distintas, bizarras, extrañas o al menos, que no estuvieran planificadas.

Las corridas por el aeropuerto de Miami
El vuelo que iniciaba el recorrido, salía de Montevideo a las 23.15 de la noche. Debido a que no existen vuelos directos (todavía (?)) hacia Chicago, debimos hacer escala en Miami. El plan de viaje indicaba que teníamos menos de dos horas entre vuelo y vuelo. Sin embargo, el que partía desde Montevideo, vaya uno a saber por qué, se atrasó como 45 minutos. Luego de un viaje bastante normal (salvo por el hecho de que me costó dormirme y tuve que diazepanearme un poco), arribamos a Miami 20 minutos atrasados del plan original. Como estábamos haciendo escala en Miami y era nuestra entrada a Estados Unidos, debimos ir a buscar nuestras maletas y despacharlas hacia Chicago, para recién después, encontrar el lugar al que teníamos que ir para tomar el siguiente avión. No sé si el aeropuerto de Miami es gigante, si corrimos en vueltas o qué, lo cierto, es que con la valija de mano habremos corrido como 15 o 20 minutos y parecía que cada vez estábamos más lejos. Por la alegoría de mi relato, el lector podrá darse cuenta que llegamos bien a tomar el siguiente avión, pero sufrimos más de lo esperado! Igual ta, alguna foto que otra metí.

El problema de la valija al llegar
Si hay un momento en el que quedo pegado, es este. Ya hice la historia que tomamos el metro en el aeropuerto de Chicago, que nos dejó a cuatro cuadras del hostal. Cuando nos bajamos con TODAS las valijas, teníamos que salir por una puerta giratoria, desde la parada de metro, hacia la calle. Iluso yo, pensé que la puerta giraba 360 grados, y se me ocurrió dejar una valija atrás, pensando que podía dar toda la vuelta en la puerta y volver a buscarla. Evidentemente, la puerta no giraba los 360 grados y me quedó una valija en el camino. Diga que se podía ir por otro lado a  buscarla, sino, no iba a ser el mejor comienzo de viaje.

La noche de Chicago
Estuvimos dos noches en Chicago. Sin embargo, no tengo recuerdos de dos noches, salvo que en las dos noches hayamos hecho lo mismo. Fuimos a un bar cercano al hostal (tipo, dos cuadras). En la calle, no andaba un alma, eran cerca de las 10 pm. Sin embargo, adentro del bar estaba repleto. Era un espacio bastante grande, con una barra central cuadrada y sillas alrededor para quienes quisieran tomar en la barra. Además, había mesas y sillas por todas partes. Todo el mundo charlando feliz, karaoke, Jack Daniel's con coca y algunos shots para sacar el frío.

Burritos & Margaritas
Luego de una de esas dos noches, salimos del bacilón y fuimos a un barzucho mexicano. Pedimos un burrito que era enorme, parecía como para tres personas. No había chance de terminarlo. Creo que no tomamos margaritas, no sé por qué, si porque no había, o porque el local no tenía mucha pinta de ser pulcro.

Esmeralda
Ya veníamos cebados con hablar en español. Yo cuando llegué a Miami hice todo el check-in en español. En el hostal había un mexicano con el que hablamos de fútbol. Encontramos bastantes personas que hablaban español. El mediodía del segundo o tercer día, fuimos a comer a un restaurant de pinta latina. La moza, una señora de tipo 50 años, con mucho aspecto de doña centroamericana se nos acercó. En el cartelito que tenía su nombre, decía "Esmeralda". Evidentemente, le hablamos en español. Puso la peor cara de OGT y se hizo la que no entendía. Seguro que no...

La salida de gala
Una de las tarde-noche en las que salimos, terminamos yendo a un local donde había música en vivo. Una vez que estábamos adentro, el ambiente era bastante formalote. Los tipos de pantalón de vestir y saco, las señoras de trajecito, y el más joven tenía unos 38 años. Se nos acercó un security a invitarnos a que nos acercáramos a la ropería. Allí fuimos gentilmente invitados a cambiarnos (ellos nos proporcionaban la ropa), o bien a retirarnos. Evidentemente, nos quedamos! Terminé de vaquero, remera con un saco arriba y unos zapatos talle 46 aprox. Tomamos algo y nos fuimos rápido. El local estaba bastante bueno, pero creo que estaba más enfocado a gente más grande. 

Un año y medio después de haber escrito esta entrada, acabo de descubrir que el local se llamaba Readhead Piano Bar. Yey!

La yapa
Creo que fue en Chicago, aunque no lo recuerdo muy bien. Haciendo uso de la garra charrúa y de la viveza criolla, se me ocurrió "violar una regla". Me colé en el metro (teniendo en mi bolsillo la tarjeta para viajar). En realidad, aproveché la misma pasada de molinete de entrada. Después anduve perseguido como por dos horas! 

Me olvidé de todo esto
Una de las cosas a las que me sometía al escribir estas líneas, era a olvidarme de contar algunas cosas, por o cual, todo lo que se me vaya ocurriendo no lo voy a relatar en un nuevo artículo, sino en esta sección.

Una de las dos noches que pasamos en Chicago, fuimos a tomar algo al Hard Rock Café. En realidad, pasamos primero por la tienda de souvenirs a comprar algunos recuerdos (en mi caso una remera) y chusmear un poco. Sin embargo, el café estaba al lado y tenía un ambiente espectacular. Entramos a ver qué onda. Era un local grande (enorme) y con dos niveles. El otro día estaba intentando acordarme si tocaba una banda en vivo o no. No pude. Me acuerdo que tomamos unos caliboratos y seguimos viaje. Altamente recomendable si alguien anda por ahí.

También Chicago supo conocer mi destreza como patinador en hielo. Cual gacela en la sabana, supe deslizarme por el gélido mar blanco y sacarle chispas con mi velocidad. En realidad, no fue tan así. Lo cierto, es que botijas de cinco o seis años pasaban como pedo por al lado mío como si patinar fuera tan fácil como caminar. Me sentí humillado. Por algún lado andan algunas fotos, pero el lector jamás las conocerá!



viernes, 22 de junio de 2012

Chicago, "The windy city" - Parte 2

Lo que leerás a continuación, corresponde a la segunda parte de:
http://mathiasonthetrip.blogspot.com/2012/06/chicago-windy-city-parte-1.html

Chicago es una ciudad increíble. Quizás se deba a que era la primer ciudad a la que llegábamos, o quizás es increíble realmente. Tendría que volver a ir y redescubrirla. Junto con New York (también volvería a Orlando), es una ciudad en la que me quedaron muchas por hacer, muchos lugares por conocer y a la que sin dudar, volvería a ir.


Si no recuerdo mal, habremos estado cuatro o cinco días. Apenas llegamos, como mencioné en el artículo anterior, comenzó a nevar, no mucho, pero hacía bastante frío. Dejamos todo en el hostal y salimos a caminar bajo la nieve. Dejo constancia que el orden del relato puede no corresponderse con el orden real de los acontecimientos, aunque intentaré respetarlo lo más fielmente.


Empezamos a caminar por una avenida bastante principal. No me daban los ojos para mirar todos los edificios y paisajes. Tampoco me daba la cámara para sacar tantas fotos. Pese a que lo intuía, me llamó mucho la atención la diferencia del skyline de las construcciones de Chicago, respecto a las de Montevideo. Edificios de 60, 80 pisos eran habituales y los había por todas partes.


En un momento llegamos una plaza con pista de patín. No, no patiné (en esa!). Igual, es anecdótico el hecho, pues en realidad, quería hacer mención a un "monumento" (por no encontrarle una mejor definición) llamado "Cloud Gate" (puerta de/hacia la nube). Agregué una foto de las que saqué allí. Es cuando menos raro. Al observar detenidamente el monumento, se puede apreciar el reflejo de los edificios vecinos.




Dicho esto, sigo la historia.
Continuamos el recorrido. Creo que a esa altura ya habíamos pasado por Starbucks. Para quien no ha tenido la experiencia, es una cadena de cafeterías internacional, que durante el viaje se nos volvió casi un amigo de ruta (más que un amigo, un hermano). Tal vez por el frío, por la necesidad de tomar algo caliente, o nomás por lo rico que era el café y el chocolate, lo cierto es que supimos ir hasta dos o tres veces por día durante todo el viaje. Hay tres tamaños de café (el venti creo que era el más grande) y bastante variedad de tipos y sabores. Para sacarse el frío, puede agregársele uno, dos o hasta tres shots al café. En fin, altamente recomendable. Y si te pudrís de tomar café, el chocolate caliente de Starbucks es MUY rico (sobretodo si hace frío). A Uruguay no ha llegado aún. Habría que hacer una fuerza para traerlos!


Continúo. A esa altura eran como las 4 pm y ya notábamos que estaba anocheciendo. También notamos que no habíamos almorzado aún, por lo cual, empezamos a buscar algún lugar para calmar al estómago. Entramos en un lugar cercano al Hard Rock Café de Chicago. Si el lector es impaciente, se preguntará por qué carajo dedico tantas líneas al almuerzo. La razón es simple. Los mozos en Estados Unidos son amables, MUY amables, quizás, demasiado amables, atentos y efusivos. Me explico. Apenas entrás a un lugar a comer, ya te preguntan cuántas personas son y te dirigen a una mesa acorde. Te traen la carta. No pasaron cinco minutos, que ya viene el mozo a ver si decidiste qué vas a comer (así el lugar esté vacío y no haya nadie para atender, o que hubiera necesidad de vaciar las mesas rápido). Evidentemente, acostumbrados a los bares uruguayos, nosotros aún no habíamos ni empezado a mirar el menú. Hasta que no les decís qué vas a comer, cada cinco minutos vuelven a ver si decidiste o no. Uno podría pensar que cuando te traen la comida detienen su actitud y te dejan comer tranquilo. Pero no. Cada poco rato vuelven a ver si todo está OK, o si precisás algo. Al principio, es hasta gracioso (por la diferencia del servicio respecto al uruguayo), pero después comienza a molestar un poco. No digo que sea bueno o malo el servicio o la atención, de hecho, se notaba que los mozos se preocupaban de que todo estuviera bien, pero fue una de las pocas diferencias culturales que me chocó o por lo menos, me resultó llamativo.


Esa misma noche fuimos al John Hancock Center. No voy a subir ninguna foto, porque no salieron muy bien. El interesado puede googlear un poco. Para resumirlo, es una de las torres más altas de Chicago. En su momento, fue el rascacielos más alto del mundo (fuera de New York). Subimos al piso 95, donde hay una cafetería con vista panorámica. Te sentís en el techo del mundo, pero te das cuenta también de lo chiquito que sos. Aprovechamos para sacarnos el frío tomando algo, compramos algunos recuerdos (de hecho, un recuerdo de esos me lo sacaron en el aeropuerto, después cuento mejor) y seguimos viaje. Y así terminamos el día. En la vuelta al hostal, vimos ardillas correteando en la nieve y subiéndose a los árboles. Otra boludez, pero me resultó simpática.


Voy dejando por acá. Después sigo.