martes, 20 de noviembre de 2012

New York City - Parte 9

Tiempo atrás, descubrí que tenía ganas de viajar y que seguramente disfrutaría mucho cuando lo hiciera. Meses (años?) después, se me ocurrió usar dinero del que estaba juntando, para hacer un viaje por Europa. Cuando la idea tomó forma, un cocodrilo invadió mi bolsillo y me susurró que Europa sería bastante caro, que quizás me convenía viajar a Estados Unidos. Se lo propuse a un amigo, que sorpresivamente se colgó con la idea y decidimos viajar en Enero de 2011 a Estados Unidos y México. Posteriormente, en Agosto/Setiembre del año siguiente, con el mismo compañero de ruta, hicimos un viaje relámpago a NYC, como para sacarse las ganas.

Este blog tiene por objetivo relatar experiencias de mis viajes, compartir sensaciones, lugares, y distintas culturas que he podido conocer en este último tiempo. Esta entrada en particular, sigue la línea de las anteriores y corresponde a la novena para la ciudad de Nueva York (correspondiente a mi segundo viaje a la ciudad). Si por H o por B no pudiste leerla, o esta es la primera vez que entrás a mi blog y querés acceder a entradas anteriores, hacé click en el enlace siguiente:


El plan era sencillo, íbamos a estar tres días y medio en la ciudad y queríamos hacer lo máximo posible. Contábamos con una ventaja importante respecto al viaje anterior: era verano. Ese detalle, por más simple que parezca, nos hizo una gran diferencia, los días eran mucho más largos respecto al viaje anterior y andar con menos ropa, nos permitió ser bastante más rápidos en las calles neoyorkinas. Sin embargo, el plan tenía una falencia: por la duración del viaje, no podíamos tener contratiempos. Debíamos ser organizados, aprovechar el tiempo al máximo, no perdernos, no fallar en nada. Evidentemente, el lector astuto, podrá darse cuenta que el plan no fue exitoso. Por distintas razones que no vienen al caso, pasamos la mañana de nuestro segundo día en la ciudad más importante del mundo, haciendo cola en UPS, para retirar un paquete que tenía que volver con nosotros a Montevideo. Hacía mucho calor, demasiado para andar cargando cosas por la ciudad (diga que el sistema de metros es francamente admirable y nos salvó bastante la plata). Quizás lo único positivo de esa mañana haya sido el haber probado una exquisitez: un bagel con crema con gusto a cebollas y no sé qué más, que estaba de la hostia. Es de esos sabores que querés volver a probar en tu vida (y que en Uruguay no hay nada similar!), con lo cual, tendré que volver a NYC a degustarlo nuevamente! 

La tarde nos deparaba otro mandado no muy gratificante. Algo que SI o SI debíamos hacer en nuestra estadía era ir a New Jersey. Dado que habíamos perdido alrededor de medio día ya, optamos por dedicar la tarde para realizar este paseo. La noche anterior, nos habíamos (me había) quedado con las ganas de comer una pizza de la cadena Pizza Hut. Nuestro tren (NYC -> NJ) partía desde la Penn Station, que casualmente, tenía una pizzería cercana, por lo cual, raudamente nos dirigimos a la misma. NYC es cosmopolita, quizás (seguramente) como ninguna otra ciudad del mundo. Sin embargo, nos llamó poderosamente la atención que TODO el personal de ese Pizza Hut parecía proceder de un mismo país, tenían todos aspectos similares y se comunicaban en un idioma inentendible por nosotros. Yo supuse que serían de India, Bangladesh o algún país de esos, pero también supuse que no les agradaría demasiado que les preguntáramos. Nos demoraron como 20 minutos en preparar una Pizza Margarita. Compramos un par de bebidas onda vitamínicas (que guardamos en un bolsillo de un bolsito de mano que llevábamos) y salimos corriendo para la estación de trenes.

Asombra ver la cantidad de gente que circula por la Penn Station, corren, caminan, pasan hablando por celular, con valijas de mano, con carros, es un alboroto constante pero raramente ordenado. Pese a esto, cualquier persona que te choque o se tropiece contigo, tiene la delicadeza de parar lo que estaba haciendo y disculparse, algo que entre la locura que viven, podría llegar a sorprender. Mientras hacíamos la cola para el tren, descubrimos que el próximo tren saldría en tres minutos. Todavía no sé cómo hicimos para en tres breves minutos, terminar la cola, sacar los pasajes, encontrar el anden donde partía el tren y subirnos al mismo.

El viaje fue bastante disfrutable, el tren se movía bastante rápido, con lo cual, pudimos apreciar el cambio de paisaje entre la ciudad gigante que es New York y el verde que comienza a verse cuando se circula por New Jersey. Continuamente puede notarse la presencia de casas y pueblos vecinos a las vías del tren, pero bastante más esporádicos que los vistos antes. Descubrimos ciudades pequeñas y pintorescas en nuestro recorrido mientras degustábamos la muzzarella, lleno de casas al estilo americano, pero totalmente distintos a cualquier otra gran ciudad estadounidense. La anécdota del viaje, refiere a un chorro de líquido que comenzó a caer desde nuestra valija de mano, hacia la espalda de unos viajeros ubicados en el asiento detrás al nuestro. Nuestras bebidas vitamínicas estaban mal cerradas (o se abrieron durante el viaje), mojando todo (los asientos, los americanos, la valija de mano, el piso, todo!).

El resto del viaje no tuvo ningún otro aspecto destacable. Llegamos a Astoria y con el cansancio acumulado de una larga jornada, no nos dio para volver a Manhattan. Decidimos entonces dar una vuelta por un minicentro de Astoria, donde cenamos y disfrutamos de unos caliboratos y de la gente linda americana.

El segundo día culminó con una sensación bastante amarga. Íbamos a estar menos de cuatro días en la ciudad y perdimos uno realizando "trámites". Por suerte, el resto del viaje no tuvo otras dificultades. El día tres (que será el que relate en la próxima entrada) fue estupendo, mágico, fabulofantástico o fantabuloso. Fuimos al sitio donde estaban las torres gemelas y pudimos ver el memorial, luego fuimos a la zona del Harlem, donde visitamos el predio de la Universidad de Columbia y comimos en un restaurant mexicano. En la tarde, recorrimos el bellísimo Central Park, donde nos encotramos con ciertos espectáculos artísticos, pero no logramos encontrar bicicletas para recorrerlo! En la tardecita fuimos al Wall Street y liquidamos la jornada yendo al Radio City Music Hall a ver el espectáculo Zarkana del Cirque du Soleil. Así que estate atento que se viene alto relato!

sábado, 29 de septiembre de 2012

New York City - Parte 8

Viajar envicia. O por lo menos, a mi me ha enviciado. Te queda siempre esa sensación de que fue poco y ganas de más, de conocer más, de recorrer más, de disfrutar más. Nunca parece suficiente, por más cansado que estés, mientras estás de viaje, cada mañana amanecés con energías renovadas y salís a la calle como si fuese el primer día. En este blog me he propuesto, entre otras cosas, relatar mis viajes y experiencias vividas. Este post es el octavo correspondiente a la ciudad de New York. En los primeros seis, encontrarás relatos correspondientes a mi primer viaje, en Enero de 2011. A partir del séptimo, lo vivido en Setiembre de 2012. Si querés leer el post anterior, hacé click en el siguiente link:



Estábamos en el primer día. Habíamos intentado conseguir descuentos para ver Zarkana, del Cirque du Soleil y no habíamos tenido éxito. Pasamos más de una hora (quizás dos) en esos trámites y no estábamos demasiado contentos con los resultados obtenidos. En el viaje entre Miami y NYC, habíamos hecho una lista de cosas por hacer en los pocos días de visita, y cada hora que pasaba, era (potencialmente) un lugar menos a visitar. A esa altura serían aproximadamente las 5 pm. Nos habíamos movido principalmente por la zona del Times Square, cerca del Rockefeller Center y del Radio City Music Hall. Nuestro listado de tareas incluía la visita al Museo de Cera Madame Tussaud's, que se encontraba realmente cerca de nuestra ubicación, por lo cual, fuimos hacia allí.

Visitar USA, siendo turista latinoamericano, tiene una desventaja: los precios. Cualquier museo, acuario o lugar turístico que quieras visitar, no te baja de los u$s 30 la entrada. Quizás para ellos es un precio razonable, pero bueno, para quienes vivimos de este lado del Ecuador no resulta demasiado barato. Aún así, compramos las entradas correspondientes y fuimos a visitar a ver qué onda. Ya de primera, te espera una estatua de Morgan Freeman en la entrada, invitándote a pasar. Es asombroso el nivel de detalle de las mismas; si bien en algunas es sencillo darse cuenta que no son reales, existen otras que perfectamente te las podés confundir con el famoso de turno. Dejo algunas fotos que ilustran mis comentarios:



Además de las esculturas, también hay algunas cosas más para ver. Hay un tipo disfrazado, simulando ser una estatua que cuando pasás por al lado te asusta, pero además, te reta a pasar por un pasillo, donde intentan (básicamente) asustarte: salen manos de las paredes, está todo oscuro, hay ruidos de repente. En un momento se me enfrío el pecho y me dio cuiqui entrar, después junté coraje y lo hice. En realidad, entré porque sino iba a resultar ser menos valiente que cuatro o cinco minitas que SI entraron. También (como en todos lados) te podés comprar recuerdos del lugar y, como yapa, podés ver una "obra" de "cine" (con los personajes de "The Avengers") creo que 4D. Los únicos efectos multilocos, es que te salpican con agua en un momento y del respaldo del asiento sale algo (tipo un pincho) que te da un golpecito en la espalda. Nada muy disparatado, aunque bien por el intento.

Cuando salimos del museo, pasamos por Macy's, autoproclamada como la tienda más grande del mundo. Es groseramente grande. Tiene como nueve pisos, donde podés encontrar ropa y accesorios de cualquier marca, aunque si se quiere conseguir buenos precios, capaz sea mejor ir a un Outlet. Una curiosidad del lugar, es que cada piso tiene un 70% de cosas para mujer y un 30% de hombre, pero además, en todos los pisos siguen la misma distribución. Por decir un bolazo, si va una mujer a Macy's, tiene que ir al sector Norte, mientras que un hombre, debería ir al sector Sur. Es un ejemplo choto, únicamente para ejemplificar la distribución. Tiene múltiples escaleras mecánicas y ascensores. De hecho, si no estoy equivocado, en los pisos superiores del edificio (encima de la tienda), hay viviendas. Pasamos un buen rato recorriendo el lugar. Como nuestra intención no era comprar, sino más bien recorrer, anduvimos rápido. Aún así, para ver toda la tienda, tenés que pasar un par de horas.

A esa altura ya era de noche. Instintivamente volvimos al Times Square, que oficia de imán, siempre terminás ahí parece. Como ya estaba picando el hambre, buscamos algún lugar para cenar. Intentamos ir al Hard Rock del Times Square, pero estaba repleto de gente y nos fuimos. Por otro lado, yo andaba con ganas de ir a Pizza Hut, por lo cual, consultamos el GPS y fuimos al más cercano. Al llegar, vimos que era un T.G.I. Friday's, que además tenía un cartel de la pizzería afuera. Entramos. Nos ubicamos. Al ver el menú, nos percatamos que habíamos sido vilmente engañados, no había nada de Pizza Hut en ese menú. Los precios estaban medio caros para lo que teníamos planeado gastar y nos demoraron pila de rato en traer el pedido. No fue una buena elección comer ahí, definitivamente.

La jornada terminó dando vueltas por Manhattan y volviendo, cansados (muy mucho) a Astoria, Queens.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

New York City - Parte 7

Tal vez sea complejo por vivir en una ciudad relativamente chica, o un país enano al lado de dos gigantes, pero sea lo que fuera, no me voy a cansar nunca de ir a New York. Como dijo un uruguayo la primera vez que fui, todos los días conocés algo nuevo, todos los días vez algo diferente, es una ciudad que no te deja de sorprender.

Cuando comencé a escribir estos relatos, mi objetivo era poder volver a viajar al poco tiempo de haber terminado de escribir todo, de forma de nunca detenerme en la escritura. Sin embargo, se combinaron dos asuntos que impidieron que esto pasara: el primero, se me complicó para escribir (mitad por boludo y mitad por tener otras cosas para hacer) y el segundo, porque a finales de agosto salió un viaje relámpago a NYC que alteró todo el cronograma que me había armado.

Este post corresponde a una serie perteneciente a la ciudad de New York, siendo el séptimo de su linaje. Los primeros seis se corresponden a mi primer viaje a la ciudad, en enero de 2011. A partir del séptimo y de ahora en más, relataré mis experiencias de mi segundo viaje, en el verano neoyorkino, 2012. Si querés leer los anteriores, pasá por:



Viajar a NYC, si se va por American Airlines, implica pasar por Miami. Llegamos a eso de las 5 AM al aeropuerto de la ciudad. Quizás por las ansias del viaje, quizás porque viajás incómodo como en un 149 a las seis de la tarde con destino Mendoza, lo cierto es que casi no pegué un ojo en toda la noche y estaba un tanto abombado (más de lo habitual!). Cuando hicimos los trámites de inmigración, me toca una minita con pinta latina, y nombre yanqui, con lo cual, apliqué la misma táctica del viaje anterior: le hablé en español. Me respondió en inglés. Evidentemente, no empezaba bien el día. Como siempre, me pidió que pusiera todos los dedos sobre el scaner que tienen, me preguntó para qué iba, cuanto tiempo y todos los papos, hasta que se dió cuenta que no había terminado de completar el formulario de ingreso, lo cual me hizo notar. Divino. Le pido una lapicera. La muy HDP, me mira seria y me dice que si, pero que tiene cargo (wtf! pensé yo, me cobra por usar dos minutos una la lapicera?!?!?!). Retrocedo, en búsqueda de una lapicera "without charges", a lo que me responde: "I'm joking" y me extiende la lapicera. Humillación miamesca a las 5 AM, tremendo arranque de jornada.

Luego del owned más grande del año, trasladamos las valijas para que las despacharan hacia New York y nos quedó un rato libre. Rato libre, un año y medio sin pisar USA hacía que  inexorable e inevitablemente se me cruzara una única palabra por la mente: Starbucks. Ya habíamos desayunado abundantemente bien en el avión, pero hay que resistirse al Caramel Macchiato! Aprovechamos para tomarlo, comiendo una especie de brownie de banana (creo) en la salida del aeropuerto, donde ya se notaba la temperatura calurosa que íbamos a buscar. Pasar de los 10 grados de Montevideo a los 25 grados de Miami a las 5 AM era una sensación gloriosa.

Una vez culminado el café, nos dirigimos hacia el lugar donde salía nuestro avión. En el camino, tal como pasa en Carrasco, nos cruzamos con un monumento (escultura? obra?) de un avión, colgado en uno de los pasajes de la terminal. Se me ocurrió fotografiarlo de abajo, para que se notara completo, por lo cual, debí acostarme (literalmente) en el piso del pasillo, para obtener la toma correcta. Aparentemente algún gil se rió (ni me enteré), pero no me conocía nadie, así que poco me importó. La dichosa foto es:


Seguimos viaje. En el avión, optamos por decidir qué paseos haríamos en nuestra estadía y cumplida esa tarea, miramos el primer capítulo de Breaking Bad (no subtitles), como para ir acostumbrando la oreja. Llegamos a NYC, pero con una diferencia con respecto al viaje anterior, esta vez llegamos en avión (la anterior en bus desde Boston). La vista es asombrosa, espectacular, me quedo corto en adjetivos si quiero describirlo. Por otra parte, en lugar de ir por el aeropuerto JFK, esta vez llegamos desde el aeropuerto de LaGuardia (LGA), mucho más chico que el Kennedy, pero sobre todo, mucho más cerca de nuestro destino, dado que nos hospedábamos en Astoria, Queens.

Luego de algunos incidentes menores (no encontrábamos a los dueños de casa), logramos entrar las valijas al apto y aprontarnos para salir. Esta vez iba preparado, llevé la camiseta del glorioso Peñarol a pasear por la gran manzana y la saqué a relucir el primer día.

Tal como nos había sucecido en el viaje anterior, el primer destino fue el Times Square. Previo a esto, y como supe aconsejar en uno de mis primeros posts, sacamos la free pass de subte, te despreocupás de andar sacando boletos y viajás todas las veces que querés por algunos dólares. En fin. Es inexplicable la diferencia entre NYC en verano y en invierno, la vez anterior con -10 grados y ahora con 30, la cantidad de ropa menos que precisás, la facilidad que tenés para moverte. Se vuelve mucho más transitable la ciudad en verano, por más que haya más gente en las calles y respirás felicidad (estoy hecho un poeta!). 

Luego de dar algunas (varias) vueltas por el Times Square (y de consumir un refrigerio de Starbucks), arrancamos hacia el Rockefeller Center, donde nos llevamos una mayúscula sorpresa. En el invierno de 2011, habíamos visto una pista de patinaje sobre hielo en la base de uno de los edificios, con una escultura dorada y banderas de países de todo el mundo a su alrededor. Ahora en cambio, había un espacio vacío, con algunas mesitas de algún café cercano. Pero nada de hielo, ni de patinaje, ni escultura, ni banderas, nada. Estuvimos un rato largo discutiendo y caminando alrededor del edificio para convencernos que estábamos en el mismo lugar. A los pocos días, nos enteramos que aparentemente, arman esa estructura para invierno y la desarman para el verano. Muy loco.

Uno de los objetivos que nos habíamos propuesto en el viaje era poder ir al Radio City Music Hall, al espectáculo Zarkana, del Cirque su Soleil. Sabíamos que a través de internet, se podían conseguir promociones especiales, de forma de ahorrar algunos dólares, o por el mismo precio, tener localidades con buena visibilidad. Días anteriores, ya habíamos encontrado una página con un código, que era el que permitía un descuento de 50% en la web de compra de tickets. Nos detuvimos en la puerta de un Starbucks a garronear internet e intentar acceder a ese código. No había forma. Conseguimos otros, pero no eran tan buenos y terminabas pagando una torta de guita.

Finalmente la búsqueda resultó infructuosa, con lo cual, decidimos ir al teatro a averiguar cómo era la movida y ver si podíamos tener algún descuento o algo. Nada. Alta decepción. Luego de varias horas, el Cirque du Soleil nos había vencido y nos quería hacer abonar el precio total, sin descuento. Optamos por esperar hasta la noche e (computadora mediante) intentar nuevamente. Pondría alguna foto del Radio City Music Hall, pero creo que en post anteriores ya lo hice.

Este post finaliza por acá. En el siguiente, relataré nuestra visita al museo de cera, Madame Tussaud's  Gracias por llegar hasta acá!

domingo, 9 de septiembre de 2012

New York City - Parte 6

Fallé, me había propuesto escribir de forma constante e ininterrumpida hasta contar todas mis experiencias. No lo logré. La facultad, el trabajo, y algunos otros menesteres me impidieron ser constante en la tarea. Si había algún lector asiduo, las disculpas del caso. Hechas las aclaraciones, prosigo.

Este post corresponde a mis experiencias vividas en la ciudad de Nueva York. Hasta ahora, se basaban en un único viaje realizado en el mes de Enero de 2011. Sin embargo, surgió uno nuevo a fines de Agosto, que fue medio relámpago, tanto en duración como en la toma de decisiones; en menos de 10 días surgió la idea, compramos los pasajes, viajamos y volvimos a Montevideo. Ya contaré más detalles, no quiero perder el hilo del blog. Este post entonces, viene a ser el número 6 correspondiente a New York City. Si querés acceder al post inmediato anterior, hacé click en:


Saliendo del Central Park, nos encontramos con un puesto de venta de productos Apple. Puede parecer poco interesante que cuente esto, me explico con una foto:


Esa es la entrada. Puede verse una escalera hacía un piso inferior. Todo el local (que es gigante!) está en un primer subsuelo, al cual se puede acceder bajando la escalera que se aprecia en la foto, o mediante un ascensor (que no se ve muy bien). Después de esto, no hay mucha magia, es un local de Apple donde se puede encontrar de todo, IPods, IPads, IPhones, accesorios, etc, etc, etc.

Continuamos la caminata. Era hora de llegar al Radio City Music Hall. Lo vimos por fuera (en el segundo viaje entramos). Wikipediando un poco, veo que está considerado como el teatro más importante del país (por ende, estimo que ha de ser uno de los teatros más importantes del mundo) y es apodado como Showplace of the Nation. La capacidad de este animalito es de unas 6.000 personas. Dejo una panorámica para que se hagan una idea:



En próximos post, cuando relate mi segundo viaje, describiré un poco más el teatro y el espectáculo que fuimos a ver (Zarkana, Cirque du Soleil).

El teatro está ubicado en el predio del Rockefeller Center. Tal como son la mayoría de las cosas en USA, el Rockefeller Center es enorme. Es un complejo de 19 edificios comerciales (la mayoría altísimos) en Midtown Manhattan. Fue construído por la familia Rockefeller por la década de 1930. Muchos de los edificios contienen agencias de prensa, bancos, tiendas importantes y teatros. Es un gran atractivo turístico de la ciudad y fue reconocido como National Historic LandMark en 1987. En nuestro primer viaje era pleno invierno y en la base de uno de los edificios habían armado una pista de patinaje sobre hielo, con una escultura dorada en uno de sus costados. La pista estaba rodeada múltiples banderas de países (estimo que estaría la bandera de todos) y en uno de sus laterales había un negocio de LEGO que era impresionante. Había obras (no encuentro otra palabra mejor) que tendrían miles (por no decir millones) de fichas: castillos, dragones, personajes famosos e incluso habían construido el mismo Rockefeller Center, en fin, quienes las hayan hecho son unos grandes.

Seguimos viaje. Esa misma tarde fuimos al Brooklyn Bridge. El puente une los distritos de Manhattan y de Brooklyn en New York City. En su momento, fue catalogado como el puente colgante más largo del mundo, midiendo 1.825 metros de largo. Es un símbolo (otro) de la ciudad y se utiliza habitualmente en postales o fotos para hacer referencia a la misma. Para el que no lo ubique aún, les dejo una tremenda foto del puente:



Lo recorrimos de inicio a fin y obtuvimos grandes panorámicas, tanto del puente, como de Manhattan. La vista desde el BB es asombrosa y altamente recomendable.

La estadía en New York City estaba terminando ya. De todas formas, esa misma noche y acompañados por otro uruguayo, residente en NYC (y que nos dio alojamiento en ambos viajes :D), hicimos algunos paseos bastante "exóticos" que detallo en breves líneas. 

- Conocimos una playa neoyorkina durante la noche. Ni idea si en verano se bañarán ahí o no. Fue bastante bizarro caminar sobre la arena cubierta de nieve, pero estuvo realmente bueno y es algo que sin ir con alguien que conozca, es difícil encontrar.
- Fuimos a la zona rusa de la ciudad. Entramos a un supermercado ruso, repleto de especialidades locales y productos típicos. Era un súper común y corriente, con la excepción de que la mayoría de las personas hablaban algo inentendible y muchos productos no tenía ni idea qué eran (y sus carteles no ayudaban en lo absoluto!).
- Pasamos por el barrio judío. En esa zona, todas las personas que nos cruzamos eran judíos ortodoxos, los hombres con su típico peinado y rulos oscuros, mientras que las mujeres iban vestidas de largo y formales.
- Finalmente, fuimos a una zona donde todos los habitantes eran de tez oscura. No sé en qué parte de la ciudad estábamos en ese momento.

Finalmente, no tenía idea que estuviera tan dividida la ciudad según la procedencia y características culturales de sus habitantes. Me llamó bastante la atención, pues si bien sabía que NYC era una ciudad altamente poblada por inmigrantes, no imaginaba que estuvieran tan segregados (o autosegregados, desconozco).

En síntesis, confirmé mis pronósticos, New York City es el mejor lugar para vivir y altamente recomendable para visitar. En el próximo post, espero contar la experiencia vivida hace algunas semanas.

viernes, 13 de julio de 2012

New York City - Parte 5

Supongo que cualquier mortal sentirá lo mismo. El primer gran viaje que haga, será incomparable. La primer subida a un avión, el primer despegue. Las ansias y nervios de los días previos. La tramitación de la VISA. El primer aterrizaje. En fin. 


Esta entrada corresponde a la parte 5 de la ciudad de New York, perteneciente a un viaje por la costa Este de Estados Unidos y México. Quizás haga referencia a entradas previas, por lo cual, si querés acceder a la anterior, hacelo acá:



Si mi memoria fotográfica no me falla y estoy relacionando bien los acontecimientos, voy a escribir sobre el día 3 en NYC. Tal como había comentado en otros post, la escala anterior a NYC fue Boston, desde el cual llegamos vía bus. Una de los lugares que más tenía ganas de conocer (y por el cual pasó el mencionado bus) era el Central Park. Es un lugar emblemático de la ciudad, inevitable para el turista. Tiene cierta magia en el aire. Sentís paz en medio de una ciudad en contínuo movimiento. Una isla en medio de la ciudad.

Era enero y hacía frío. Tuvimos la (mala) suerte de viajar en medio de la peor tormenta de nieve en los últimos 50 años en Estados Unidos. Muchos vuelos cancelados, mucho frío, mucha nieve. De todas formas, pese a eso, el Central Park estaba espectacular, mágico. 



Apenas llegamos, me di cuenta que es enorme. Es el doble de grande que Mónaco. Tiene muchos detalles (muchos escondidos), muchas cosas por conocer, con una cámara de fotos a mano, te enloquecés. Por las razones que expliqué anteriormente, el parque estaba cubierto de nieve. Era una capa espesa de 20 o 30 cms, salvo en los senderos del parque, que estaban completamente limpios y con su color negro asfáltico habitual. Existen muchos carros tirados por caballos, los que se pueden contratar para hacer un paseo por el parque. Nosotros preferimos caminar.

En una parte del parque, hay un "monumento" a John Lennon. Es una especie de placa circular, tipo un monolito, de unos dos o tres metros de diámetro y puesta en el piso, con la inscripción "IMAGINE".


Cerca, había una placa que agradecía a la generosidad de Yoko Ono y a una lista de países (incluido Uruguay) que habían aprobado y contribuido con la restauración de esa parte del parque. Continuamos caminando. En cierto lugar del parque, rodeado de nieve, había una fuente a la que llegaban múltiples caminos. Imagino que sería algún lugar central del parque, pero ni idea.

Algo medio bizarro que nos pasó, fue encontrarnos con un filipino (o de por ahí) vendiendo hot dogs al grito de "jo tó! jo tó!". No me inspiraba confianza, absolutamente nada. De todas formas, le compramos un jugo de naranja, cuyo color era similar al caribeño vencido de mandarina, y su gusto era peor.

La siguiente foto, tomada por mí, es de las mejores tomas del viaje. Es en uno de los bordes del parque, como podrán apreciar:


En un momento, llegamos a un ZOO infantil, al cual no entramos, dado que había que pagar y no pintaba mucho. De todas formas, pudimos recorrer un poco las zonas cercanas. Por otra parte, había un laguito cercano, donde habitaban decenas de patos y animales similares. Un entendido en la materia quizás podría reconocer varias especies de animales nadando en el lago, para mi eran todos patos. Creo que incluso se los podía alimentar, dado que no estaban muy separados del acceso del público.

Finalmente, como no podía ser de otra forma, nos encontramos con una pista de patín sobre hielo. Dado que ya habíamos demostrado nuestras aptitudes en la pista de Chicago, optamos por no avergonzar a los pobres niños patinadores. No queríamos que cargaran con ese peso el resto de su vida.

Luego de sacar varias fotos más, optamos por abandonar el parque. Algo curioso, en uno de los bordes, pueden verse diversas esculturas y monumentos de próceres y políticos latinoamericanos.

Por ahora no escribo más, aunque en estos días, prometo volver con la parte 6 de NYC!

viernes, 6 de julio de 2012

New York City - Parte 4

Nueva York es fascinante. La primer noche que pasamos allí, otro uruguayo supo decirnos que estaba enamorado de la ciudad, dado que todos los días conocía algo nuevo. Esta es la cuarta parte de mi viaje por NYC. Si querés leer la tercera, hace click acá.


El segundo día cruzamos hacia la isla de la libertad, donde reside la estatua famosa. Si no recuerdo mal, fue cerca del mediodía. Luego del paseo y fotos correspondientes, volvimos a la ciudad al atardecer (4 pm quizás). Esa tarde, optamos por subir al Empire State. Como datos interesantes, supo ser durante más de 40 años, la torre más alta del mundo. Además, fue nombrada una de las siete maravillas del mundo moderno.




Algo súper interesante, es que una vez adentro, mientras caminábamos por uno de los tantos pasillos, había algunas carteleras con el objetivo de conscientizar a la gente sobre el ahorro de energía. Lo planteaban como un proceso de varias etapas y mostraba que con un poquito de respeto por la naturaleza, se podía ahorrar (y mucho), tanto en barriles de petroleo, como en emisiones de gases de efecto invernadero.


En el Empire State hay dos vistas panorámicas. La primera es en el piso 86, creo que por 20 o 30 dólares se accede. Por otra parte, en el piso 102 hay otro observatorio, evidentemente, más caro. Por lo que leí en Internet, es más chico que el de más abajo, pero seguramente se vea más o menos lo mismo.


Serían las 6 pm. Afuera hacía frío, bastante. Cuando llegamos al piso 86, nos encontramos con una sala bastante amplia, las cuatro paredes de vidrio permitían visión 360 grados de la ciudad. Como cualquier habitación en Estados Unidos, estaba cómodamente calefaccionada. Para sorpresa nuestra, se podía salir de la sala hacia un balcón que rodeaba por completo la habitación (y sin pagar extra!). Allá fuimos. Sin temor a equivocarme, es la vez que sentí más frío en mis 24 jóvenes años. De cerca de 30 fotos sacadas, apenas 8 o 9 salieron sin ningún tipo de movimiento o temblor. De hecho, las que salieron más o menos bien, fueron sacas cuando se me ocurrió sacarme los guantes. Bastaron menos de 5 minutos para que se me congelaran las manos. Cuando terminamos de sacar las fotos, volvimos a la sala calefaccionada. Si afuera sentí MUCHO frío, apenas entramos a la habitación (y por un buen rato), sentí que me quemaba la cara (era la única parte del cuerpo que no tenía abrigo). Haciendo una cuenta fácil, adentro habría 23 grados, afuera, -20 (teniendo en cuenta que en la calle habrían unos -10). Los 40 grados de diferencia fueron los que me hicieron sentir cual pollo al spiedo.


Terminada nuestra expedición por el Empire State, y cuasi atraídos por sus luminarias, volvimos a ir al Times Square. Es increíble estar ahí en plena noche y que te parezca que es mediodía, la cantidad de luces y publicidades es asombrosa. Pasamos adelante una vez más del Hard Rock Café, y ahora me estoy arrepintiendo de no haber entrado. Posiblemente sea una excusa para volver. 


Como mencioné en los anteriores artículos, en una de las dos esquinas (en la más famosa) hay una escalinata a la que se puede acceder. No sé por qué, el día anterior no permitían subir, pero esa noche sí! Aprovechamos para sacarnos algunas fotos (más) y continuamos viaje. 


Mientras vagábamos por la zona, descubrimos una pantalla gigante con fotos de personas y mensajes escritos por ellas. La pantalla estaba encima de un negocio de ropa. Entramos al local a averiguar y nos dijeron que comprando algunas prendas, podías sacarte la foto. No dudamos y reventamos la tarjeta de crédito comprando un par de medias, lo que nos dio acceso a sacarnos una foto similar a esta:




Otro día sigo contando más historias.

jueves, 5 de julio de 2012

New York City - Parte 3

Desde que estoy escribiendo este blog, la parte más complicada siempre ha sido la introducción. De alguna u otra forma, es necesario introducir al lector en la historia y darle un motivo para leer el artículo completo. Voy a intentar resumir todo lo escrito hasta ahora. Me gusta viajar. Me gusta escribir. Se me ocurrió hacer una bitácora de viajes, de manera de compartir mis experiencias y como forma de no olvidar muchas de las anécdotas vividas. Estoy escribiendo actualmente acerca de New York City, siendo ésta la tercer parte. Si querés leer la parte 2:



A esa altura del día, ya me había convencido que NYC era la mejor ciudad del mundo. Va a ser complicado (muy, mucho) que otra ciudad la saque del pedestal. Creo que también en ese momento, fue cuando me di cuenta que viajar me apasionaba.

Pese a que este es el tercer artículo sobre NYC, sigo relatando nuestro primer día en la ciudad. Esa primera noche, teníamos ya una cita obligada. El dueño del apto en el que nos quedábamos (uruguayo también), tenía una banda y tocaba en un boliche neoyorkino. No me acuerdo la dirección del lugar, pero era la intersección de dos calles con nombre de número (ejemplo choto, en la 3era y la 8va). Mapa mediante, "llegamos". Sin embargo, el local no aparecía por ningún lado. En ese momento, caímos que las calles además tenían letras con los puntos cardinales. Me explico mejor, podían existir perfectamente dos calles "3era", la W (west) y la E (east). Decepción mediante, tuvimos que caminar como diez o quince cuadras más para encontrar el bendito boliche.

El toque estuvo bueno, encontramos muchos uruguayos que eran una especie de barrita de conocidos. Fue como encontrar un pedacito de Uruguay en el medio de NYC. Luego del toque, salimos todos juntos a comer unos tacos en un carrito (al mejor estilo de los carros de hamburguesas de MVD) mexicano. Luego de mucha charla como si nos conociéramos de toda la vida, tomamos un bus y volvimos al apto realmente cansados.

Pfff. Acabo de terminar el día uno.

Al igual que en las otras ciudades que habíamos visitado, en NYC hacía frío, nevaba y había bastante nieve acumulada en las calles, no tanto como en Boston, pero se hacía notar.

El día 2 en NYC amaneció soleado. No recuerdo mucho la temperatura, pero estimo habrían unos 0 grados. Decidimos ir a la isla de la libertad. Es presumible que el lector, en caso de no saberlo, haya imaginado que es el lugar donde se encuentra la "Estatua de la Libertad", cerca de la desembocadura del río Hudson (wikipedia sabe todo!). Además, la wiki me aporta (creo que en algún lugar de mi memoria este dato estaba) que fue un regalo de los franceses a los americanos, como signo de amistad.

Foto!

A la isla se cruza en ferry. Demorás un rato en llegar y podés sacar unas fotos espectaculares, tanto de la estatua como de la ciudad que te da la espalda. La desventaja, es que si vas en invierno, el vientito del mar, sumado a la baja temperatura, hacen una combinación gélida.


Si el lector me conoce y no ha visto ninguna foto mía en la isla de la libertad, le pido que se imagine la foto de arriba y mi cuerpo adelante. Ta, esa foto me la saqué. La isla de la libertad no es sólo la estatua (aunque es el ícono, evidentemente), además, hay un restaurant, miradores que apuntan hacia NYC (moneda mediante) y varios lugares para que puedas llevarte un recuerdo a cambio de algún billete verde. También un muñeco tamaño real, que te cuenta la historia de la isla y de la estatua, aunque no recuerdo mucho, creo que lo escuchamos dos minutos y nos fuimos.

Soy consciente que ya escribí bastante por hoy, así que basta!