martes, 1 de julio de 2014

Berlín, Alemania - Parte 2

La historia nos sitúa en Berlín, allá por abril de 2014. Habíamos aterrizado en un aeropuerto secundario de la ciudad, bastante lejano del centro. Mediante la combinación de ómnibus y subte, llegamos a la Pension Thomas, que se encontraba cerrada. Luego de resolver numerosas pruebas de ingenio, logramos acceder a la misma y dejar las valijas en la habitación.

Si te perdiste el relato anterior, estás a tiempo de leerlo acá!



El alojamiento donde nos quedábamos no estaba nada mal. Pese a las dificultades iniciales, las habitaciones eran bastante confortables, con camas cómodas y todo súper limpio y ordenado. El único detalle era que los baños eran compartidos. De todas maneras, estaban realmente limpios en todo momento y no daban la sensación de ser usado por decenas de personas por día.

Ya era media tarde y optamos por salir a caminar hacia el centro. Teníamos varios puntos marcados para visitar, muchos de ellos en la misma zona. Caminamos por Hauptstraße, que en español sería "la calle principal". El clima era bastante agradable, por lo cual, los casi cuatro kilómetros de caminata, no se sintieron demasiado. Estábamos llegando a Potsdamer Platz, el primer punto marcado en el mapa. Sin embargo, un par de cuadras antes nos encontramos con un gran edificio color mostaza, que aparentemente sería la Filarmónica de Berlín. Unos metros más adelante y ya llegando a nuestro primer destino, nos encontramos con el Sony Center.



A modo de resumen, el Sony Center es un complejo de tiendas y oficinas, construido por Sony e inaugurado en el año 2000. En su interior, hay hoteles, una tienda Sony, un Starbucks, un cine IMAX, restaurantes y demás tiendas. Además, en su interior, hay wifi gratuito. Tal como se ve en la foto, hay una especie de plaza central. A su alrededor, los restaurantes dejan las mesas y sillas para sus clientes. Por otra parte, hay un espacio que rodea el centro de la plaza, donde se puede descansar sin la necesidad de consumir nada en ninguna de las tiendas. El techo del complejo es una especie de cúpula de vidrio que permite el ingreso de luz. El Sony Center es un lugar muy concurrido y creo que es ideal para visitar en caso de que el día sea lluvioso.

Pese a todo lo anterior, el primer punto marcado en el mapa no era el Sony Center, sino Potsdamer Platz. A modo de resumen, es una importante plaza pública de la ciudad, siendo uno de sus lugares más destacados. A principio del siglo XX, era un lugar muy movido de Berlín. Sin embargo, la mayoría de sus edificios fueron destruidos por los bombardeos de los aliados durante la segunda guerra mundial. Con la construcción del Muro de Berlín, Potsdamer Platz se transformó en tierra de nadie, siendo inutilizada durante decenas de años. Finalmente, luego de su caída, se produjo la reconstrucción del lugar, que demoró menos de una década (y que no se parece en nada a lo que había antes).

En esta primera imagen, puede verse Potsdamer Platz a inicio del siglo XX.



Luego de la segunda guerra mundial, quedó en este estado.


Finalmente, Potsdamer Platz en el año 2004.


El edificio que se ve sobre la derecha en la última imagen, es el Sony Center. Desde este ángulo, puede apreciarse mucho mejor la cúpula central.

Sobre el sector oeste de la plaza, se dejó a modo de recordatorio un pequeño sector del Muro, con imágenes y relatos de lo acontecido. Vaya uno a saber por qué, cientos de personas han dejado pegados sus chicles (gomas de mascar para los lectores extranjeros) allí, por lo cual, la escena es un tanto extraña.

Saliendo de Potsdamer Platz y caminando por Ebertstraße, sobre la izquierda se podrá divisar el Tiergarten (zoológico), mientras que a la derecha, se arriba al Holocaust-Mahnmal (Memorial del Holocausto). Este memorial, recuerda a los judíos asesinados durante el Holocausto. Memorial que para ser sincero, es muy raro y no entendí su significado. Está compuesto por miles de losas de distinta altura, que conforman cientos de caminos en un predio gigante.


Algunas de esas losas son bastante más altas que un humano (llegan a medir más de cuatro metros), por lo cual, es fácil perderse en caso de ir en grupos. Tiempo después, averigüé cuál era la razón de ser o el significado del memorial: según el proyecto original, estaría diseñado para generar una atmósfera incómoda y confusa. Ciertamente, lo logra.

Sobre Ebertstraße, calle que comunica Potsdamer Platz con el memorial, existe una hilera de adoquines al ras del piso, paralela a la calle, que indica que por ese lugar pasaba el Muro de Berlín. Ese es uno de los aspectos que me llamó mucho la atención de la ciudad: Permanentemente recuerdan su historia reciente, tanto con este memorial, con recuerdos del muro por múltiples lugares de la ciudad, así como con otras cosas que luego iré describiendo.

Luego del memorial, aparece la embajada de los Estados Unidos en nuestro camino y finalmente, Brandenburger Tor (la Puerta de Brandeburgo).

Me cansé de escribir (por hoy). En próximas entradas, relataré varias cosas que mencioné someramente en las líneas precedentes. Espero hayas disfrutado y haya valido la pena llegar hasta acá!

domingo, 29 de junio de 2014

Berlín, Alemania - Parte 1

Cuando comencé a escribir estos relatos, allá por junio de 2012, no imaginaba que apenas dos años después, tendría tanto material y experiencias para contar y que entraría en un debate interno, sobre qué ciudad sería la próxima en mis cuentos. Por ese entonces, sólo había hecho un único viaje importante por la costa este de Estados Unidos, sumado a unos días en Playa del Carmen, México.

La situación al día de hoy, indica que tengo más ciudades pendientes por relatar, que las efectivamente relatadas, así que tengo dos opciones para remediar esta situación:

1) Dejar de viajar un par de años e ir actualizando de a poco mi bitácora.
2) Apurar la pluma e intentar escribir más seguido.

Todo hace indicar que la opción 2 es la más sensata. Creo que los lectores que me conocen, concuerdan conmigo.

Bien, vayamos al grano. Voy a hablar de Berlín. Es cierto que tengo varios pendientes de viajes anteriores, e incluso, ni siquiera fue la primera ciudad que visité en mi viaje a Europa. Berlín tampoco fue mi ciudad favorita de las visitadas en el viejo continente (Londres se lleva todos los premios), aunque me pareció realmente muy interesante y estaría dispuesto a volver a visitarla. En fin, no hay una razón principal, simplemente, voy a escribir de Berlín. Así que, gehen wir!

Berlín, como todos saben (?), es la capital de Alemania y está situada en el noreste del país, a 70 km. de Polonia. Es la ciudad más poblada del país, con 3.4 millones de habitantes y es de las más pobladas de la Unión Europea. La ciudad fue fundada en el año 1237, siendo la capital del Reino de Prusia (1701 - 1918), de la República de Weimar (1919 - 1933) y del Tercer Reich (1933 - 1945). Luego de la Segunda Guerra Mundial, la ciudad fue dividida: la parte este de la ciudad se convirtió en la capital de la República Democrática Alemana; mientras que la parte oeste pasó a convertirse en una parte importante de la República Federal de Alemania (su capital era Bonn). Finalmente, fue entre los años 1990 y 1991 cuando desapareció la RDA (anexándose a la RFA), trasladándose la capital, de Bonn a Berlín.

Alemania es un país por el que, debo confesar, tengo gran respeto y admiración. El siglo pasado (seguramente por errores propios) estuvieron dos veces literalmente destruidos y divididos (por las guerras y el muro) y sin embargo, hoy es la potencia más importante e influyente de toda Europa. Imagino que debe ser por su forma de ser o de pensar, pero los alemanes tienen la pinta de que son capaces de levantarse ante las peores circunstancias y salir fortalecidos de las mismas. Quizás por eso haya decidido visitarlos y quizás por eso, sea que el primer relato europeo vaya en la misma dirección.

Llegamos al aeropuerto secundario de la ciudad, el Flughafen Berlin-Schönefeld. Pese a su carácter de secundario, este aeropuerto recibe decenas de vuelos diarios, la mayoría de ellos internacionales. 




Con el propósito de ahorrar unos dólares en los vuelos, optamos por viajar en aerolíneas Low Cost, en este caso, en EasyJet. La ventaja principal es las mismas, es que se viaja realmente barato y en poco tiempo (a diferencia de un tren por ejemplo). Las desventajas son dos: se debe viajar con poco equipaje (o pagar extra) y generalmente, no vuelan entre los aeropuertos principales de las ciudades, sino que utilizan otros un tanto más alejados de las mismas. Esto último, implica que el traslado al centro pueda llegar a demorar un buen rato.

Mientras intentábamos conectarnos a la red local del aeropuerto, encontramos la oficina dedicada a orientar al turista. Allí, una señora muy amable nos indicó en perfecto inglés, cómo llegar a la Pension Thomas, lugar donde nos alojaríamos. Debíamos hacer una conexión: tomar un bus hasta Rudow y luego conectar en subte hasta Kleistpark. Sencillo. Para esto, la señora alemana nos preguntó cuántos días estaríamos y nos recomendó sacar un ticket por tres días, tickets que compramos sin dudar. Lo único que tendríamos que hacer, era, la primera vez que usáramos el bus, insertar el boleto en una máquina al costado del chofer. A partir de ese momento, el ticket sería válido por tres días. La ventaja que tiene el sistema de transporte de Berlín, es que tanto buses como subtes están unificados, por lo cual, el boleto podría ser utilizado en cualquiera de ellos. Algo que nos llamó la atención, es que las paradas de subte no cuentan molinetes ni nadie que controle que el pasajero tenga boleto de viaje, por lo cual, se podría viajar en los mismos sin pagar un peso (un euro). Presumiblemente, sean pocos los alemanes que tengan esa conducta.

Subimos al ómnibus con todo el equipaje y comenzamos a movernos por Berlín. Lamentablemente, Rudow no aparecía (pese a ser la primera parada que tenía el bus que subimos), por lo cual, apelando a la generosidad del chofer alemán y con mi pulido inglés (?) intenté ubicarnos espacialmente. Me indicó con pocas palabras que la siguiente parada sería la que buscábamos. A esa altura, era una buena noticia dado que pensábamos que nos habíamos pasado de parada. Ya en Rudow, encontramos el subte al que debíamos subir (creo que el U7) y (luego de varias paradas) llegamos a Kleistpark. Unas cuadras más adelante, llegamos a la Pension Thomas, en el barrio Schöneberg.

Esto que se viene ahora, corresponde a uno de los momentos más raros del viaje. Llegamos al alojamiento, que tenía una puerta similar a la de un edificio de apartamentos, pero sin timbres. Intentamos abrirla, pero la misma estaba trancada. Momento de caos, no podíamos entrar al hotel! A la izquierda de la pensión había una especie de galería. Entramos y vimos una puerta que daba a la Pension Thomas y que no estaba trancada. En la siguiente imagen, sobre el número 8, la pensión. La puerta de la izquierda, corresponde a la galería.




Subimos las escaleras con todo el equipaje, siguiendo las indicaciones que había en las paredes, que indicaban que la recepción se encontraba en el segundo piso. El lector lo está imaginando y se lo voy a confirmar: la puerta del segundo piso, también estaba trancada. Caos nuevamente. Volvimos a bajar y subir las escaleras, buscando algún cartel esclarecedor (por más que estuviera en alemán). Nuevamente en el segundo piso, nos llamó la atención una caja fuerte al costado de la puerta trancada, con un teclado para digitar un PIN. Me acerco y encima de la misma, había un cartel escrito en alemán, inglés y algún otro idioma que indicaba que era necesario contactarse con un número de teléfono local. Casi sin esperanzas, envié un mensaje solicitando el PIN, mensaje que mágicamente fue respondido a los pocos segundos, conteniendo el número deseado. Abrimos la caja fuerte, que contenía cada una de las llaves de las habitaciones, entre ellas, una con mi nombre escrito. Luego de todas estas pruebas de ingenio, logramos entrar a la habitación alquilada.

Por ahora, no escribiré más. Los espero en el próximo capítulo de la bitácora!

viernes, 20 de junio de 2014

Florida - Miami Beach - Parte 8

El lector asíduo a este medio, habrase dado cuenta que, pese a que el mapa de rutas se ha incrementado en los últimos tiempos, las entradas no han seguido el mismo ritmo de apariciones. Hasta hoy. Acá vuelvo con la prosa a retomar los relatos!

Veníamos hablando sobre "La" Flórida (con acentuación en la ó): sobre compras y shoppings; sobre un largo paseo por la costa oeste del estado, con estadía en Sarasota; sobre los parques de Disney y su centro (Downtown Disney) y sobre varias cosas más. Sin embargo, si hay algo característico de Miami, son sus playas. La ciudad cuenta con una gran franja costera, llena de muy buenas playas (así como de altos edificios), denominada Miami Beach. En particular, sobre el sur de esta franja, se encuentra una famosa playa, llamada South Beach (no se mataron mucho con el nombre). En esta entrada, presumiblemente la última sobre Florida, hablaré de las playas de Miami y quizás también sobre la ida a la casa de Dexter. Let's go!

Antes, si querés leer la entrada anterior:



He estado tres veces en Miami, la primera de las veces en enero, durante un viaje con múltiples destinos, donde la estadía en Miami fue de apenas dos días. La segunda, una estadía de unas dos semanas sobre fines de febrero. Por último, unos tres días y medio (o cuatro quizás) en agosto y por primera vez, con auto alquilado.

En esta entrada, pretendo hacer un mix de todas las experiencias vividas y contar todo lo que recuerde y entienda relevante de las mismas. Allá vamos!

Lo primero a decir, es que pese a su fama de verano todo el año, se puede ligar mal con el clima. Si se va en invierno, nunca está demás llevar un bucito liviano y unos championes. Si bien el clima es bastante estable y se puede hacer playa casi todos los días, no hay que olvidarse que es "casi todos los días". Es mis idas a Miami en enero y febrero, he vivido días frescos y lluviosos.

Cambio de página, hablemos de las playas. Hay una famosa calle que recorre toda la franja costera de Miami Beach, denominada Collins Ave. Existen múltiples alojamientos y edificios de alta gama sobre esta calle, en cualquiera de los dos casos con precios desorbitantes, pero sobre todo, sobre la parte sur de la playa. Apartamentos de 5 o 6 millones de dólares son frecuentes en esta zona, así como autos de cientos de miles de los billetes verdes. De todas maneras, eso no quita que no se encuentren alojamientos a buen precio por esa zona, con la ventaja de estar a una cuadra de la playa. 

Las mejores playas de la zona están en la parte sur, como dije antes, en South Beach. Playas de arenas cuasi blancas y aguas cuasi transparentes. Pero atención, South Beach es una muy buena playa, muy concurrida y muy famosa, sin embargo, son playas muy visitadas y no tan paradisíacas como pueden llegar a ser las del Caribe. Por ejemplo, el lector desprevenido no debería pensar que esta imagen no tiene un poco de Photoshop:



El agua no es tan clara ni cristalina como se ve en la imagen, pero los edificios están y se ven tal cual :)

De todas maneras, si el lector no es muy exquisito, podrá disfrutar de una muy buena playa, con buenas olas y agua clara. Lo bueno del agua clara, es que las aguavivas se ven a la distancia y se pueden evitar. El comentario anterior no es en tono de chiste lamentablemente.

Si se quiere probar algunos sabores a los que no se está acostumbrado, en South Beach hay múltiples locales donde se puede desayunar un rico (?) açai con cereales y frutas. Supuestamente es un fruto que sale de las palmeras, con múltiples propiedades, entre ellas, la de antioxidante. Aparentemente, es bastante famoso en algunas regiones del orbe. Yo no lo conocía y no me pareció muy rico. Supongo que es un tema de gustos. No sé. En esta imagen, puede verse el delicioso desayuno (la fruta mencionada va licuada).



Por otra parte, más sobre el lado norte de Miami Beach, hay múltiples edificios que son costeros a la playa y que se elevan por decenas de pisos, lo que genera que en varios sectores de la playa muchas horas antes de la puesta de sol, haya sombra. Pese a esto, si se quiere evitar el conglomerado de gente, una buena alternativa podría ser hacer playa en North Beach, aproximadamente, sobre Collins Ave. y la 70 (las calles transversales están numeradas del 1 en adelante, partiendo desde el sur).

Ya que estamos en North Beach, dedico unas líneas a Dexter, la serie de TV. Si se está con algún tiempo libre, en Bay Harbor Island, en el número 1155 de 103rd Street, es la casa de Dexter Morgan. Se ve que miles de personas han ido a sacarse fotos a la mencionada locación, dado que hay varios carteles que advierten que está penado traspasar la propiedad, así como que la zona está vigilada. Para quien haya visto la serie, acá vive Dexter: 



Moverse en Miami es relativamente sencillo, aunque a diferencia de otras grandes ciudades, no tiene subte. Sin embargo, los buses cubren toda la ciudad y son bastante rápidos (salvo en la playa). Eso sí, el boleto cuesta dos dólares (para los que dicen que el de Montevideo es el más caro). Algo raro de los ómnibus de Miami, es que alguien que ande en bicicleta, la puede enganchar adelante del bus y al bajarse, desengancharla y seguir su recorrido en bici.

Continuemos.

South Beach es una zona con un gran movimiento nocturno. Está lleno de discotecas para quienes quieran salir a bailar (un poco caras), así como lugares para salir a comer. Particularmente, hasta la 15th Street hay una calle aún más cercana a la playa que Collins Ave.: la famosa Ocean Dr. Sobre la misma, hay decenas de lugares para salir, donde es más rápido moverse a pie que en auto, dado que la gente suele pasearse, sacando a relucir sus Ferrari o sus Porsche. Ocean Dr. también es famosa por ser elegida por muchos famosos para vivir, entre otros, por Gianni Versace.

Finalmente, la anécdota famosa de la camioneta. Tal como mencioné anteriormente, una única vez manejamos por Miami. La primera noche, recién llegados de Cleveland, decidimos recorrer un poco e ir a cenar a Ocean Dr. Dado que estaba repleta de autos la zona, optamos por alejarnos un poco y dejar la camioneta en una zona residencial, aproximadamente por la 17 St. En dicho lugar, existía un cartel que expresamente permitía estacionar en ese día y hora, por lo cual, nos despreocupamos. Aparentemente, interpretamos mal la señal y el cartel indicaba lo que estaba prohibido y no lo permitido, por lo cual, al llegar un par de horas después, la camioneta no estaba. Por suerte (?) pudimos solucionar el pequeño (?) inconveniente con unos doscientos y pico de dólares. Mal momento pasamos.

Este debería ser el fin de los relatos de Florida. Si se me ocurre algún otro detalle, lo agregaré a la brevedad. Espero hayas disfrutado!

domingo, 11 de mayo de 2014

Florida - Naples/Sanibel/Sarasota - Parte 7

Casi dos meses sin escribir! Ya estaba extrañando este hábito que nunca llegó a ser tal! Generalmente cuando decido incorporar una entrada a esta bitácora, tengo que estar motivado. Tengo que tener ganas reales de escribir sobre un tema. Hace tiempo que tengo ganas de tener ganas de escribir, pero no llegaban. Hasta hoy. Tengo la idea de escribir bastante más a menudo a partir de ahora y por un buen tiempo, dado que cuento con bastante material nuevo y la memoria tiende a olvidar detalles que me gustaría relatar.

La última vez, había hablado sobre los parques de Orlando. No es muy complicado de acceder a las entradas anteriores (están todas a la derecha de la pantalla), pero voy a ser generoso y facilitar el acceso a la entrada próxima pasada.



Como he comentado en entradas anteriores, dado que he visitado Miami o alguna ciudad del Estado de Florida en (casi) todos mis viajes a Estados Unidos y sin dudas, es el Estado donde más tiempo he estado (qué generoso el idioma Castellano para permitirme esta redundancia), las historias relatadas no estarán ordenadas en forma cronológica, sino que estarán agrupadas según el tema que se me ocurra hablar. En este caso, escribiré acerca de una aventura de dos días por la costa oeste de Florida, donde visité ciudades que (al menos para mi) son poco conocidas y generalmente son opacadas por las ultrafamosas Miami y Orlando.

En nuestro viaje del mes de Agosto de 2013 a Cleveland y Miami, en el avión de ida (MVD-MIA), tuvimos oportunidad de hablar con un ciudadano estadounidense que había llegado al Uruguay para participar de una cacería de patos. Sí, muy raro. Lo cierto, es que le comentamos al don que teníamos la idea de visitar la costa oeste de Florida (puntualmente, la ciudad de Sarasota) y fervientemente nos recomendó visitar una "hermosa" playa, llamada Sanibel. Consultando el mapa, vimos que esta playa quedaba casi que de pasada entre Miami y Sarasota, por lo cual, decidimos darle una chance al consejo del señor.

Vale aclarar que en esta oportunidad, habíamos alquilado un auto. Bah, andábamos con flor de camioneta nueva de paquete (como usted lo deseaba) dado que en la rentadora de autos, no tenían el modelo barato que habíamos alquilado. Dejo una foto de la camionetita Ford Explorer.




Lo cierto es que en esta camioneta, haríamos los casi 400 kilómetros que separan Miami Beach de Sarasota. Para los que piensen que la nafta es barata en Estados Unidos, les comento que este bichito de luz, consumía un litro por cada siete km, una ganga!

En caso de que el lector sea una persona proactiva y amante de la investigación, ya habrá notado que recorrer el camino entre la costa este y oeste de Florida, implica manejar varias horas por una autopista donde no hay nada, salvo miles de autos yendo y viniendo. No hay comercios, hay muy pocas salidas y sobre todo, no hay estaciones de servicio. De hecho, algo que me llamó la atención fue que antes de entrar a la autopista, vimos diversa cartelería advirtiendo al conductor de que en los próximos 200 (creo) kilómetros, no tendría ningún lugar para cargar nafta. Un delirio, teniendo en cuenta que realmente, son miles los autos que circulan por día en esas rutas.

Luego de un par de horas manejando por la autopista 75, llegamos a la ciudad de Naples. Algo que ya habíamos previsto (más allá de detenernos en la recomendada por el cazador de patos, Sanibel) era conocer alguna otra playa de la costa oeste de Florida. En ese sentido, Naples parecía ser una buena opción. Para quien no la conoce, Naples es una pequeña ciudad de unos 20 mil habitantes y sinceramente, cuenta con unas playas hermosas. Ojo, no quiero engañar al lector, no son playas de agua turquesa, pero la misma es clara (medio verdosa) y casi transparente. Además, la temperatura de la misma era ideal, tuvimos ganas de quedarnos un par de horas, en lugar de únicamente pegarnos un breve chapuzón. Respecto a la ciudad, Naples me dio la sensación de ser una especie de balneario medio glamouroso, con todas las casas con un estilo similar a este:




Daba para quedarse un rato más, sin embargo, debíamos seguir rumbo a Sanibel y posteriormente, Sarasota. Íbamos con mucha expectativa: El señor de los patos nos había asegurado que era un lugar de ensueño y de hecho, consultando hoy en google, surgen imágenes casi paradisíacas de estas playas. Sin embargo, nosotros no encontramos ese bello paisaje que nos habían prometido. Sin querer extenderme mucho en el relato, relataré algunos hechos que quizás hayan contribuido negativamente en nuestro parecer. Nos desviamos unos cuantos kilómetros (y horas) para llegar. Una vez que se sale de la autopista, se debe manejar en unos caminos donde la velocidad máxima es de 30 millas por hora (unos 45 hm/h) durante un buen rato. Hacía un calor bastante jorobado y nos daba la impresión de que no llegábamos más a la playa de las que tan bien nos habían hablado. Cuando por fin arribamos, el agua no era tan maravillosa como imaginábamos, por lo cual, hicimos visita de médico y volvimos a nuestro camino.

Un par de horas después, estaríamos llegando a Sarasota, a la casa de un amigo de mi amigo, casa donde pernoctaríamos una noche. No voy a dar detalles de la misma, simplemente diré que es la mejor casa en la que he estado (y probablemente vaya a estar durante un muy buen tiempo). 

Sarasota es una ciudad famosa, entre otras cosas, por tener a Siesta Beach, la mejor playa de los Estados Unidos según el Dr. Beach (el doctor playa). Supongo que con ese nombre, será un erudito de la materia. Lo cierto es que la playa es fantástica (nuevamente como advertencia al lector, no es una playa caribeña) y muy recomendable de visitar. Además, permite ver atardeceres como este:



Luego de ese atardecer, cuando volvíamos de la playa, se me rompieron mis lentes (en una anécdota bastante tonta, que no vale la pena ni contar). Al otro día volvimos a pasar un par de horas más en este bello lugar. Sin conocer gran parte de las playas de Estados Unidos, puedo afirmar que Siesta Key es de las mejores y tiene un agua muy disfrutable. Lamentablemente, no nos podíamos quedar mucho tiempo más, puesto que quienes nos alojaban se iban de viaje al mediodía. De todas maneras, fueron sumamente gentiles y generosos con nosotros, abriéndonos las puertas de su casa. Desde este medio, sólo puedo decirles: Gracias!

Lamentablemente, casi todo tiene un inicio y un final (las rectas no) y esta entrada ha llegado a su fin. No sé de qué irá la próxima entrada, aunque seguramente, hable de Miami Beach y el incidente con la camioneta.

sábado, 8 de marzo de 2014

Florida - Orlando - Parte 6

En la entrada anterior, había prometido que escribiría acerca de dos parques de diversiones que visité en mi viaje a Miami, en Febrero de 2013, avisándole al lector que sería una entrada larga, apelando al famoso dicho de que el que avisa no traiciona. Pese a esto, gasté bastantes líneas en describir Downtown Disney y ya no me quedaba demasiada energía como para continuar.

Esta entrada entonces, tiene la particularidad de ser la continuación inmediata se su predecesora, la cual se puede acceder desde aquí:

La primera jornada de parques comenzó temprano, dado que teníamos que procurar nuestras entradas para los mismos. El plan ya estaba armado. Iríamos primero a Magic Kingdom y al día siguiente, a Islands of Adventure. Orlando tiene una particularidad respecto a sus parques: las entradas pueden comprarse prácticamente en cualquier lugar de la ciudad; se consiguen en tiendas, hoteles, almacenes o símil. Otro asunto interesante, es que muchos de estos lugares ofrecen precios promocionales, por lo cual, nunca es conveniente comprar ante la primera oferta. Asimismo, existen algunos lugares donde las entradas pueden ser compradas a precios con un gran descuento, pero eso sí, es necesaria la asistencia (previa) a una charla donde un/a joven con su mejor sonrisa y predisposición, intentará venderte algo.

Conseguidas las entradas (sin tener que ir a ninguna charla), salimos hacia la zona de parques, hasta llegar a Magic Kingdom. Bah, en realidad no llegamos a Magic Kingdom, sino a una mini estación de trenes que te lleva al parque. Pese a la alta frecuencia de viajes, los vagones iban siempre llenos de gente con sus cámaras prontas.

Una vez que se termina el viaje y uno entra al parque, se encuentra con una gran (gran por lo ancha, no por su largo) calle repleta de gente, con el castillo de la cenicienta de fondo. 



Justo en el momento en que llegamos, había un desfile de carrozas, con personajes famosos del mundo Disney, por lo cual, recorrimos la zona lentamente, intentando no perder detalle. Además, a los costados de la calle principal, pueden verse diversos locales donde se pueden comprar recuerdos del lugar y comer alguna cosa. Sinceramente, caminar por ese lugar hace que por momentos uno pierda la noción de la edad que tiene, sacando a relucir su niño interior. 

A diferencia de lo que pueden llegar a ser otros parques de diversiones, Magic Kingdom no se caracteriza por sus juegos intrépidos o grandes montañas rusas. La idea del parque (desde mi punto de vista) es entrar en contacto con personajes de los cuentos que te leen cuando sos chico. Y vaya si lo logran. Cuando llegamos al pie del castillo, nos encontramos con un show de Mickey, Minnie y otros, bailando junto a bailarines "humanos", causando el delirio de los más chicos.


Caminando por el parque, uno puede encontrarse con la recreación de una casa en un (gran) árbol. Las habitaciones están a diferente altura entre sí y se accede a las mismas a través de un camino hecho de madera. No sé si esta casa sería de algún personaje famoso de Disney, pero bueno, a los efectos, la casa está linda para visitar.

En otro sector del parque, se podía hacer un recorrido en bote y ver animales salvajes (falsos) a los costados. Particularmente, este paseo no fue muy de mi agrado, pues debimos hacer una cola enorme (de más de una hora) y nos tocó una guía que en su afán de animar el viaje y hacerlo más real, creo que consumía alguna sustancia estimulante.

Algo que me pareció muy interesante de Magic Kingdom es que caminando por cualquier sector del mismo, uno puede encontrarse con referencias a cuentos o películas. El ejemplo más claro de esto es una recreación de la espada del rey arturo, lugar donde los visitantes se detienen inmediatamente a tomarse una foto.

Finalmente, la diversión en este parque no se termina al caer la noche. Sobre el final de la jornada, organizan alrededor del castillo un desfile de carrozas luminosas, así como de distintos personajes, que pasan repartiendo saludos y alegría a todos los espectadores.


Una vez que el desfile culmina, hay un show de fuegos artificiales que deja a más de uno boquiabierto. Si no recuerdo mal, dura más de diez minutos y mientras los fuegos explotan, el castillo es iluminado con distintos colores y formas. Los aplausos que se producen cuando termina el espectáculo, son plenamente justificados. El show es altamente aconsejable.

Cuando estábamos emprendiendo la vuelta (el parque estaba casi cerrando), yendo hacia la estación de trenes, entramos a un edificio donde los visitantes podían fotografiarse con el ratón Mickey, quien además, se la juega y te firma un autógrafo.

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Al día siguiente nos esperaba Islands of Adventure. Para quienes supimos ser medio enfermitos por el mundo de Harry Potter, este parque es poco más que un santuario. Sin embargo, es necesaria la siguiente aclaración: este parque no es exclusivamente dedicado al niño mago, sino apenas un sector del mismo.

Al llegar al parque, inmediata y cuasi instintivamente, comencé a caminar hacia el castillo de Hogwarts. Durante la caminata me crucé con el pajaro loco, quien estaba tan deseoso de sacarse una foto conmigo, que me convenció de detenerme y sacarme una foto con él.

Cumplida la sesión fotográfica y luego de caminar unos minutos más, el mundo mágico comenzó a aflorar de la nada, hasta que me encontré con esto:


El expreso de Hogwarts! Sí señor! Me hubiera gustado que apareciera la plataforma 9 y 3/4 y que luego de pasar por una (falsa) pared, uno diera con este tren, pero ta, no me quejo. Un siempre sonriente trabajador ferroviario se ofrecía gentilmente a cada uno de los turistas para sacarse una foto y hacer la experiencia aún más real.

Luego de toda la algarabía del tren, caminando unos metros más, se llega a una representación del callejón Diagon, con todos sus locales abiertos para los fervientes (loquitos) admiradores de la saga. Y ta, ya que estaba ahí, entré a un par de negocios. Tal como era previsible, se podía comprar de todo un poco referente a Harry Potter, desde buzos y bufandas, hasta libros y varitas. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce, los precios estaban bastante caros, o por lo menos, más caros de lo que este servidor estaba dispuesto a pagar. 45 dólares por un pedazo de madera con forma de varita y un estuche de Ollivanders, desde mi humilde opinión, no se justifican.

En las afueras de los locales, hay unos toneles donde se puede comprar la famosa cerveza de mantequilla (maldita editorial Salamandra y tus traducciones). Sin embargo, voy a cortarle la ilusión a todos los jóvenes: lo que te venden no es cerveza de mantequilla, sino jugo de calabaza.


En una parte del parque, hay un estrado donde cada cierto tiempo, un grupo de jóvenes que simulan ser estudiantes del colegio, brindan un show de canciones típicas de la saga. Es entretenido y se pasa un buen rato mirándolos. Por otra parte, en una de las montañas rusas, uno puede encontrarse con el auto animado del segundo libro o bien con la cabaña de Hagrid.



Continuando con el sector dedicado a HP, hay un simulador donde justamente, se simula un viaje en escoba durante un partido de Quidditch. Particularmente, no me agradó demasiado (quizás porque en la mitad de la simulación el juego se detuvo). Sin embargo, es excelente la decoración de la cola de espera. Se pasa por los invernaderos del castillo así como por distintos pasillos con muchas referencias a las películas. Me lamenté profundamente haber dejado la cámara de fotos en el locker, siguiendo los consejos de los carteles.

Además de HP, este parque tiene diferentes sectores. Hay algunas montañas rusas bastante interesantes, como Hulk y otra que simula un ambiente espacial futurista (no me acuerdo el nombre). Hay algunos juegos acuáticos también (ideales en caso de que el día esté muy caluroso), sin embargo, no se esmeraron mucho en su diseño. Me encantaría ir a un parque donde en los juegos de agua, te ensopes. Sin embargo, con un poco de mala suerte, en estos juegos te podía pasar de salir casi seco.

Creo que terminé (por fin) esta entrada referente a parques. Gracias por llegar hasta acá!

jueves, 6 de marzo de 2014

Florida - Orlando - Parte 5

Te abre la cabeza. No hay vuelta. Viajar te abre la cabeza. Además, se convierte en un vicio difícil de controlar (sobre todo presupuestalmente). Sin embargo, desde mi punto de vista, cada peso gastado durante un viaje, se convierte instantáneamente en una de las mejores inversiones que se pueden hacer.

En esta serie de entradas, vengo hablando de mis experiencias por el estado de Florida, Estados Unidos. Dado que he podido recorrer bastante el estado, he decidido provisoriamente escribir entradas temáticas. Las compras fueron el tema principal de la parte anterior, ahora, hablaré de parques de diversiones!

Como forma de agrupar este tipo de contenidos, dejo enlace para cada una de las entradas donde conté mis experiencias en estos lugares:

(1) Seaworld (Orlando, Florida) - Enlace a Seaworld
(2) Busch Gardens (Tampa, Florida) - Enlace a Busch Gardens
(3) Cedar Point (Sandusky, Ohio) - Enlace a Cedar Point

Una advertencia al lector: esta entrada va a ser bastante más larga que las anteriores. No digan que no avisé.

En mi segunda estancia en Miami, tenía planeado volver a Orlando y visitar algunos parques de Disney. Tal como conté en (1) y (2), en mi estadía anterior en esta ciudad, únicamente había visitado un parque de agua que no me había llenado mucho el ojo. Fue entonces que, auto mediante, partimos hacia allí. El viaje entre Miami y Orlando demora unas cuatro horas, incluyendo la parada obligatoria que hicimos en la casa de Ronald para recargar energía.

Orlando tiene una gran ventaja que se acentúa si uno anda en auto: alojarse en un hotel es realmente muy barato (bah, es muy barato en comparación a dormir en otras ciudades). Otra gran ventaja es que no es necesario reservar previamente: dada la cantidad de plazas disponibles, es muy difícil llegar a un hotel y que el mismo no tenga camas disponibles. Calles como International Dr., Universal Blvd o Palm Pkwy están repletas de hoteles y lugares para alojarse muy económicos. Una alternativa es quedarse en alguno de los hoteles "oficiales" de los parques de Disney. La ventaja principal es que uno se aloja prácticamente que adentro de los parques. La desventaja es casi obvia, los precios son bastante más altos que los que se pueden encontrar en otras zonas.

Llegamos a Orlando cuando ya era de noche y uno de los paseos que habíamos planeado, era conocer Downtown Disney. Voy a intentar explicar en forma resumida qué es este lugar. Downtown Disney es un paseo que por las características de la zona, se debe hacer de noche (de día vas a los parques (ahora que lo pienso, no sé si DD abrirá de día)). Es un lugar donde todos los establecimientos están decorados con elementos de Disney y donde se puede, desde ir a comer, hasta comprarse un muñeco de Star Wars o de princesas.



Lamentablemente, la siguiente foto no le hace suficiente mérito a lo lindo del lugar, pero bueno, tampoco encontré ninguna suficientemente mejor en internet. En este caso, se puede ver una de las calles de Downtown Disney. A la izquierda, un lago donde uno puede subirse a un globo que simula ser aerostático. A la derecha, diferentes locales donde uno puede adquirir productos de Disney. Atrás (no se alcanza a ver), yo.


Me hubiera gustado comprarme un reloj (bastante simplote) de Mickey, pero para contextualizar un poco, costaba unos 40 usd más impuestos. Tal como se aprecia en la primera foto, además de relojes, uno puede comprar macacos, remeras, tazas, mochilas, gorros, así como cualquier producto en el que pueda estamparse un personaje de cuentos o películas.

Continuemos. Para los amantes de las motos, hay un local de Harley Davidson. Además de productos relacionados, uno puede sacarse una foto con una moto bastaaante grande. Bien de motoquero. Lego también está presente en Downtown Disney. Hay un gran local donde venden las famosas fichas y con figuras ya construidas. Sinceramente, al verlas de cerca, es imposible imaginarse quién tiene suficiente paciencia como para armar algo así:


Caminando por DD uno puede encontrarse también con un restaurante temático bastante conocido: Planet Hollywood. Esta cadena de comidas fue creada con el respaldo de actores como Sylvester Stallone, Bruce Willis, Demi Moore y Arnold Schwarzenegger. En su interior toda la decoración hace referencia a películas famosas, con elementos fácilmente reconocibles de las mismas. Como ejemplo, la bicicleta que fue utilizada en la película The Truman Show, de Jim Carrey.


Existen muchísimos lugares para comer y tomar dentro de DD, así como decenas de atractivos por conocer. Se me ocurre que este paseo es uno de los paseos casi obligados en caso de andar por la vuelta.

Terminamos esta jornada cenando unos combos en Taco Bell, una famosa cadena de comidas (rápidas) mexicanas.

La idea original de esta entrada era hablar respecto a los parques Islands of Adventure Magic Kingdom. Sin embargo, voy a generar un poco de expectativa (?) y lo dejaré para lo siguiente.

martes, 4 de marzo de 2014

Florida - Miami/Orlando - Parte 4

Hace unos meses atrás, cuando comenzaba a pensar cómo haría para relatar mis experiencias en el estado de Florida, me veía en una posición difícil. Por lejos, ha sido el lugar (fuera de Uruguay) donde más tiempo he estado, así como uno de los lugares que más he podido recorrer en varias ocasiones. Podría seguir lo que viene siendo costumbre para cada ciudad: escribir lo vivido cronológicamente sin complicarme demasiado. Sin embargo, opto por algo distinto esta ocasión.

Si el lector ha caído por acá sin demasiada información previa, le recomiendo pasar por:


Allí comienzan mis relatos respecto al mencionado estado.

Pues bien, es momento de hablar de un tema recurrente cuando un turista pasa por Miami (y alrededores): las compras. A lo largo de esta entrada, pretenderé hablar acerca de shoppings y lugares similares que pude visitar y recorrer varias horas. El lector deberá comprender que no relataré experiencias en los centros comerciales más chic de la Florida, sino que muy por el contrario, apunté al segmento de establecimientos low cost. Aclarado esto, comencemos.

Cronológicamente, el primer lugar que visité se denomina Premium Outlet y está ubicado en la ciudad de Orlando, Florida. El lector frecuente podrá recordar que en la segunda entrada de Florida, ya mencioné este lugar. En breves palabras, es un shopping de outlets, con la característica principal de ser a cielo abierto. Como muchas veces es complicado imaginarse un lugar a partir de su descripción, dejo una imagen:


Tal y como puede verse en la imagen, hay outlets de muchísimas marcas (famosas y no tanto) que forman un centro con más de doscientos locales. Si uno de los objetivos de una persona al visitar este tipo de lugares es comprar compulsivamente, recomiendo dedicar un día entero a recorrerlo. Con paciencia, pueden encontrarse ofertas que rayan lo ridículo y que permiten ahorrar una buena cantidad de dólares. A diferencia de un shopping tradicional, las veces en las que he podido ir a Premium Outlet, si bien había una considerable cantidad de gente, se podía caminar sin andar pechándose con otros, quizás esta sea una ventaja de su enorme tamaño.

Pasaré ahora a hablar sobre tres centros comerciales que se encuentran en Miami y alrededores: Aventura Mall, Sawgrass Mills y Dolphin Mall. Como consejo (sobre todo para los dos primeros lugares) en caso de ir en auto, recomiendo prestar especial atención al lugar donde se lo deja.

Tal como indica su nombre, Aventura Mall se encuentra en una zona denominada Aventura, apenas al norte de North Miami Beach. Si se conduce por la Collins Ave. desde el sur, se podrán ver (a la derecha) múltiples torres construídas por el magnate Donald Trump, muchas de ellas incluso, cuentan con playas privadas para que sus usuarios no se junten con la chusma (?). Volviendo al tema principal, Aventura es un shopping gigante (comparando con cualquier shopping montevideano). Pude conocer este centro comercial en la mañana de un día entre semana, por lo cual, no me llamó la atención la poca gente que transitaba por los pasillos del lugar. De hecho, uno de los pocos lugares con alta concurrencia era un Starbucks en uno de los pisos superiores. Café en mano, pude conocer una casa de la marca Ferrari, con una réplica de un auto de carreras dentro del local. Macy's también era parte de Aventura Mall. Sin embargo, la mayoría de las marcas que se encontraban en este shopping no me resultaban conocidas y como detalle, en ninguno de los locales se veían los precios en las vidrieras. Mala señal. Evidentemente, el único consumo que hice en Aventura Mall fue un rico café.

Sawgrass Mills es un establecimiento que se encuentra bastante más al norte que Aventura, apenas al oeste del aeropuerto de Fort Lauderdale y apenas al este de los Everglades. A diferencia del shopping anterior, en Sawgrass Mills uno puede romper la chanchita tranquilo y gastar unos buenos dólares sin remordimiento. Las principales marcas tienen su local en este shopping y la mayoría de ellas son outlets, con lo cual se pueden conseguir productos realmente más baratos que su precio original. Ojo, no todos los productos se encuentran tan baratos, pero recorriendo un poco se obtienen precios únicos. Es más, existen algunas casas como Marshalls o T.J.Maxx, en donde se pueden encontrar productos de marca a precios incluso más baratos que en su local oficial. Algo interesante de este lugar, es un lugar para ir a comer llamado Rainforest Cafe. El mismo, se encuentra decorado como si se estuviera en medio de una selva, con múltiples maquetas que representan animales, tal como muestro en la siguiente imagen:



Finalmente, en Sawgrass probé algo típicamente estadounidense: los Pretzels de canela. Son altamente recomendables!

El último shopping del que hablaré es Dolphin Mall. El mismo es un shopping muy cercano al aeropuerto principal de Miami y es ideal para visitar el último día y luego emprender el retorno. En este caso, seré un tanto más breve; Dolphin Mall es muy parecido a Sawgrass Mills, aunque bastante más pequeño. A nivel de precios, creo que Sawgrass tiene mejores ofertas, aunque quizás también dependa de la época del año en la que se vaya. Como comentarios culinarios, contaré brevemente dos vivencias: por un lado, en este mall probé el pollo más exquisito que comí en mi vida (no sé que tenía, pero parecía bañado en una salsa con naranja y miel), por otro lado, probé jugo de caña de azúcar (pasan las cañas por una prensadora y del otro lado sale el jugo) que resultó ser bastante dulce.

Como bonus track, mencionaré Sports Authority, no es un shopping sino una casa de deportes con muy buenos precios. Recomendado si se busca comprar calzado o (como yo) raquetas de tenis.