lunes, 4 de mayo de 2015

Brujas, Bélgica - Parte 5

Era una fría tarde de marzo de 2014 y nos encontrábamos caminando por Brujas, una de las ciudades más conocidas y visitadas de Bélgica. Tal como describí en entradas anteriores, Brujas es una antigua ciudad que ha sido remodelada en las últimas décadas, intentando mantener su estilo original. Existen múltiples canales que atraviesan la ciudad y que son navegables, siendo Brujas denominada La Venecia del Norte. Al igual que otras ciudades de Bélgica y Holanda, las bicicletas tienen un rol preponderante, constituyendo uno de los principales medios de transporte, tanto para los residentes como para los visitantes. Ya van cuatro entradas de la ciudad, si querés leer la última, pasá por acá:


Hasta el momento habíamos recorrido a pie gran parte de la ciudad, navegado por los canales en lancha y revivido la historia de Brujas a través de Historium. Otro de los puntos importantes junto al Grote Markt era Belfort van Brugge, el Campanario de la ciudad. Hacia allí fuimos. Como resumen histórico, cientos de años atrás las campanas eran operadas manualmente y tenían distintos posibles significados, entre ellos: apertura y cierre de las puertas de la ciudad o el inicio y fin de la jornada laboral. El carillón consta de 47 campanas y para llegar al punto más alto hay que subir 366 (interminables) escalones. Para llegar al escalón 366 hay que enfrentarse a una escalera realmente estrecha y llena de ávidos turistas, pero es recomendable subirla y poder ver Brujas desde las alturas.



Es interesante poder ver el funcionamiento interno del campanario y leer los detalles históricos que se van relatando en cada uno de los descansos. Al igual que el paseo en lancha, el campanario es otro de los típicos paseos turísticos.

A unas dos cuadras del Grote Markt y formando parte del centro histórico de Brujas, se encuentra la Plaza Burg. Como puede imaginarse el lector, este es otro punto de importancia de la ciudad, dado que tanto el Ayuntamiento como la Basílica de la Santa Sangre son linderos a la plaza. Hicimos una breve recorrida por los alrededores, caminando entre edificios de cientos de años y con un tipo de construcción de esas que ya no se hacen. Llegamos al Ayuntamiento, tomamos algunas fotos pero no hicimos el más mínimo esfuerzo por entrar, tenía aspecto de no estar permitido. Posteriormente entramos a la basílica. Al igual que el resto de las edificaciones linderas, fue construida en el siglo XII. En su interior había una decena de turistas que encendían velas y tomaban fotos a los imponentes vitraux.



Continuamos la caminata por los múltiples canales de Brujas, alejándonos cada vez más del centro histórico. Nuestro objetivo era visitar Kruispoort (o Puerta de la Santa Cruz), una de las tantas puertas de acceso que tuvo la ciudad y que fue construida en 1297. En esa época, la Plaza Burg había sido fortificada y al igual que Kruispoort existían otras puertas distintas de acceso a la ciudad. El camino de acceso a la puerta es realmente recomendable de visitar, puesto que existen distintos molinos que acompañan el trayecto.


Luego de tomar algunas fotos y encontrarnos con varios molinos idénticos al de la foto, llegamos finalmente a Kruispoort. A decir verdad, no es nada del otro mundo, vale la pena la visita si se tiene un rato libre como para empaparse un poco con la historia local, pero es totalmente evitable la ida. Quizás algo positivo a rescatar en la ida a la puerta, fue poder visitar distintas calles de Brujas no tan repletas de turistas.


Algunas horas después decidimos salir a tomar algo por la ciudad. A fin de cuentas eran las últimas horas allí, dado que la mañana siguiente partiríamos hacia Bruselas. Fuimos hacia el centro, donde terminamos tomando unas cervezas en un bar deportivo local, mirando un clásico Barcelona contra Real Madrid. Nos sorprendió realmente lo fanáticos del fútbol español que eran los belgas, aunque a decir verdad, la mayoría eran hinchas de los Blaugranas, sólo unos pocos hinchaban por el Madrid.

A primera hora de la mañana siguiente nos encontrábamos en la terminal de trenes, dispuestos a partir a la capital de Bélgica: Bruselas. Tuvimos algunos incidentes con la compra de tickets que no vale la pena contar. Luego, compramos algunos comestibles y subimos al tren.

Como nota al pie, descubrí una especie de panadería en Bélgica que todo lo que tenía estaba excelente.


Como se ve en la foto, el nombre del lugar era Panos y como comentario, es bueno, bonito y barato. Respecto a la foto, me llamó la atención que la Fanta no tuviera colorante (por eso la claridad de su color).

Hemos terminado con Brujas, una ciudad que vale la pena visitar.

viernes, 1 de mayo de 2015

Brujas, Bélgica - Parte 4

Si hay alguna característica típica de este blog y que se ha mantenido desde su fundación, es la irregularidad con la que se generan sus entradas. Inicialmente había previsto escribir al menos dos por mes pero debo confesar que fracasé rotundamente.

Meses atrás, había compartido parte de mis experiencias en la ciudad de Brujas, en Bélgica. Ya van tres entradas referidas al tema y se puede acceder a la última a través del siguiente link:


Ya era cerca del mediodía y llevábamos varias horas caminando. Decidimos tomar uno de los tours por los canales de Brujas, quizás uno de los paseos más típicos que se pueden hacer en la ciudad. Luego de comprados los tickets y de una breve espera, subimos a bordo. Hay que tener en cuenta que hay decenas de lanchas haciendo los paseos y si no recuerdo mal, se puede subir en distintos puntos de la ciudad, por lo cual, la espera suele ser bastante corta. Tal como era previsible, es totalmente distinta la Brujas que se ve desde los canales respecto a la que se observa a nivel de calle. 



Cada barquito cuenta con un guía que permanentemente brinda detalles acerca de los canales así de las construcciones más importantes que permanentemente van apareciendo ante los ojos del turista. Como era previsible, el paseo (que dura alrededor de media hora) es altamente recomendable, siendo quizás el paseo más comprado por turistas.

Luego de bajar de las lanchitas el hambre ya había comenzado a hacerse sentir. Para aprovechar al máximo nuestra estadía, compramos un producto típico de la ciudad (posiblemente sea algo típico de toda Bélgica): un cono de papas fritas con salsa. A decir verdad, no parecían tener nada raro que las diferenciara de las papas fritas de cualquier otra parte del mundo, pero quizás por el hambre que teníamos, nos parecieron espectaculares. Mientras tanto, caminábamos por calles típicas de la ciudad, entre plazas, iglesias, turistas y bicicletas.



Sin embargo, nuestro objetivo ahora era llegar al punto central de la ciudad. El Grote Markt, es una plaza que aloja múltiples edificios históricos, así como monumentos tanto civiles como religiosos. Por haber visto distintas imágenes en internet, sabíamos que nos encontraríamos con un lugar deslumbrante, sin embargo, fue aún más impactante la sensación que nos generó. Si bien es un lugar grande en extensión (capaz no tanto como el Grote Markt de Bruselas), lo que más asombra es el conglomerado de edificios a su alrededor, desde edificios típicos, pasando por un campanario o un mercado cubierto.



Tal como se puede apreciar en la siguiente imagen, en el Grote Markt existe una zona para aquellos que quieren detenerse a tomar y comer algo.



Como mencionaba anteriormente, salvo que uno ya conozca este tipo de ciudades, se va a llevar una gran sorpresa al encontrarse con este paisaje.

Alrededor de la plaza existen distintos paseos que se pueden realizar, algunos de ellos gratis (como por ejemplo la entrada a una pequeña iglesia antigua) y algunos otros pagos. 

Optamos por conocer Historium. Según lo que pudimos averiguar, era un paseo que permitiría al visitante conocer la historia de la ciudad y adentrarse en la Brujas del medioevo. Para ser sincero, quizás haya sido el punto más bajo de nuestro paseo por la ciudad. Es cierto, hay siete salas de proyección donde se va contando la historia de la ciudad en múltiples idiomas, su esplendor y posterior debacle, pero por otra parte, se mezcla la historia de amor de dos personajes, como forma de darle continuidad a la historia. Es interesante el paseo ya que permite conocer muchos aspectos e historia de la ciudad que de lo contrario es posible que pasaran desapercibidos, pero no es mucho más que eso. Como último detalle del paseo, antes de salir obligatoriamente se pasa por un sector denominado Duvelorium, donde se puede hacer un alto y degustar una Duvel, una cerveza típica.

Hemos llegado al final de esta entrada. Seguramente reste un relato más sobre Brujas, donde hablaré entre otras cosas, del campanario y de las puertas de la ciudad.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Brujas, Bélgica - Parte 3

Por fin arrancaba la parte interesante del viaje. Hasta el momento y luego de salir de Montevideo, habíamos caminado varias veces el aeropuerto de San Pablo durante las ocho horas de espera. Al llegar al de Frankfurt debimos esperar nuestro tren varias horas más, tren que nos dejaría en Bruselas, donde debíamos esperar otro que nos dejaría (finalmente) en Brujas.

Esta es la tercera entrada correspondiente a la ciudad. Si te interesa leer las anteriores (donde incluyo detalles históricos), te invito a leer las entradas anteriores, entre ellas:


Era el primer día en la ciudad luego de un viaje agotador. Arrancamos bastante temprano, desayunando en el Starbucks de Brugge Centraal Station, la estación principal de trenes de la ciudad que estaba pegada al hotel.

La mañana era fría, con nubes y un poco de viento. Salimos de la estación e hicimos casi el mismo recorrido que en la noche anterior. Poco a poco nos íbamos encontrando con algunos de los canales de los tantos que hay en la ciudad, mientras continuamente nos cruzaban decenas de ciclistas por las múltiples ciclovías existentes. Por las adoquinadas calles de Brujas, es muy común ver turistas paseando en carros tirados por caballos. Supongo que sería una especie de city tour o algo así. Justo en esta imagen las calles no son de adoquines, pero bueno, la mayoría sí lo son.


La idea para el día era recorrer todo lo que pudiéramos de la ciudad, al fin y al cabo estaríamos tan sólo un día y medio. Tanto Brujas como Bruselas (y algunas otras ciudades de la zona), tienen su centro histórico entorno al Grote Markt o Plaza Mayor. Hacia allí íbamos. Mientras tanto, nos cruzábamos con construcciones sumamente antiguas, muchas de ellas remodeladas, pero todas respetando, aparentemente, el tipo de construcción original (de hace más de 500 años). Tal como contaba en la entrada anterior, a partir del año 1965 hubo una fuerte remodelación de la ciudad, que transformó a Brujas en una ciudad muy atractiva para los turistas.


Seguíamos avanzando. Pasamos por un convento y una exposición de Picasso, mientras el día aclaraba un poco y el frío bajaba un poco sus revoluciones. Cuanto más nos acercábamos al centro histórico, se veían cada vez más turistas, más chocolaterías, más lugares de venta de waffles (wafflerías?), más lugares de venta de conos de papas fritas con distintas salsas y canales, cada vez más canales. En cada uno de ellos, decenas de personas navegaban en lanchas, conociendo la ciudad desde otra óptica.


Me llamó mucho la atención la existencia de casas y edificios totalmente pegados a los cursos de agua, sin ningún tipo de contención aparente o algo que las proteja de la humedad. Eso sí, las construcciones eran muy pintorescas y muy fotografiadas por los turistas. Muchas de ellas eran utilizadas para la venta de chocolates, productos típicos o souvenirs.


Finalmente llegamos al Lago Minnewater, también conocido como Lago del Amor. Es un muy lindo lugar, aparentemente ideal para visitar en otoño, donde se pueden ver distintas tonalidades de rojos y marrones en las hojas de los árboles. Al pasear por el parque, decenas de patos y de cisnes descansan y navegan por las aguas. Alrededor del lago, existen construcciones típicas de la ciudad y algún que otro puente para cruzarlo.


Por el momento es todo. Seguramente reste una o dos entradas de Brujas, espero vengas disfrutando de la lectura!

jueves, 9 de octubre de 2014

Brujas, Bélgica - Parte 2

Era casi medianoche de uno de los últimos (y no por eso menos fríos) días de invierno en la ciudad de Brujas, Bélgica. Un par de turistas descendían en la estación principal de trenes de la ciudad, luego de una travesía que incluyó dos aviones, dos trenes y más de un día de viaje. El hotel escogido, el ibis budget, estaba casi pegado a la estación de trenes, sin embargo, para llegar al mismo era necesario subir una escalera que, con las horas de viaje y las valijas, se hizo interminable para los viajeros.

Esta entrada es la segunda correspondiente a la ciudad de Brujas, en Bélgica. Si querés leer o releer la primera parte, click en el siguiente enlace:


Comencemos por el principio. Brujas, Brugge o bien, La Venecia del Norte es una ciudad belga, capital de la provincia de Flandes Occidental. Cuenta con unos 117.000 habitantes y se encuentra en el noroeste de Bélgica. Su nombre significa puentes en idioma flamenco. De hecho, el flamenco (o flamenco occidental) es la lengua oficial de la provincia.

Uno de los principales atractivos de la ciudad es su casco histórico, manteniendo casi que intactas todas sus construcciones medievales. Al igual que otras ciudades europeas, Brujas es conocida como La Venecia del Norte, debido a la gran cantidad de canales que atraviesan la misma.


Entre los siglos 12 y 15, Brujas vivió su época dorada. Debido a su estratégica localización, fue cuna de cientos de emprendedores que desarrollaron nuevas formas de capitalismo en la ciudad, empleando innovadores métodos de comercio y de pago. A partir de esto, la ciudad comenzó a recibir oleadas de comerciantes de distintas nacionalidades. Por otra parte, la industria de la lana se expandió rápidamente, considerándose a los tejedores e hilanderos de la ciudad, como los mejores del mundo. En esos tiempos, el puerto de Brujas era uno de los más importantes de la región, generando que la población de la ciudad aumentara significativamente. Finalmente, en el siglo 15 Felipe el bueno definió en Brujas la localización de su corte, atrayendo a cientos de artistas, banqueros e importantes personalidades de Europa.

Luego de un importante declive en los siglos posteriores, en el año 1965 comenzó un renacimiento de la ciudad, restaurándose residencias, comercios, iglesias y edificios históricos. A partir de esto, se generó un boom turístico en Brujas, que actualmente recibe alrededor de dos millones de turistas por año.

Basta de tanta información y culturización, volvamos a la historia de los turistas, pero ahora relatada en primera persona.

Llegamos al hotel casi a medianoche, con un frío bastante jorobado. Hicimos check-in en el ibis budget, dejamos nuestras maletas y media hora después, estábamos hablando con el recepcionista del hotel. Aparentemente, le llamaba la atención que un par de turistas llegaran en mitad de la noche y aún así estuvieran dispuestos a hacer un primer reconocimiento de la ciudad. La realidad era que no habíamos podido cenar y buscábamos algún lugar abierto. Mapa en mente y siguiendo los consejos del buen hombre, salimos a caminar.

Lo primero que me llamó la atención, aún en mitad de la noche, fueron las ciclovías. Cada calle tenía un espacio importante designado, pero ya hablaré de esto más adelante. Lo que puedo decir por ahora, es que si caminás por una ciclovía, los ciclistas te van a mirar feo.


Siguiendo las recomendaciones del don del hotel, caminamos varias cuadras por una calle llamada Koning Albert I-laan. Por el momento, no habíamos visto nada de construcciones medievales ni canales. No era la Brujas que me habían vendido. En un momento determinado, llegamos a una plaza, con una fuente central y algunos lugares para comer a su costado. Lamentablemente, todos cerrados y sin movimiento. Sin embargo, las calles ya comenzaban a ser de adoquines y las casas a tener un aspecto más antiguo. La alegría fue aún mayor cuando notamos que una cuadra más adelante, había un lugar de comida turca (o símil) abierto.


Luego de una rápida cena, continuamos la marcha. Ahora sí parecía que estábamos acercándonos a la Brujas que uno ve en internet. Calles angostas, de adoquines. Casas de altura uniforme, de unos dos pisos o tres y con techos típicos.


Era extraño notarse caminando por esas calles, quizás las mismas que hace 500 años, pero ahora circuladas por autos de último modelo. Era raro también darse cuenta que los negocios en esas calles vendían productos tecnológicos o ropa moderna. Si no hubiese sido por esos pequeños detalles, tranquilamente uno se podría ver caminando en la Brujas de hace medio milenio.

Seguimos caminando por Noordzandstraat. Pronto notaríamos que el sufijo straat significa calle, dato útil si los hay. Un rato más adelante, luego de habernos cruzado con más bicicletas estacionadas en la calle que turistas caminando, llegamos a una zona con varios pubs, raramente abiertos. 


No dudamos, entramos a uno de ellos que estaba repleto de gente (o era muy pequeño el lugar) y tomamos una pinta de cerveza artesanal local, recomendada por el mozo del establecimiento. En ese momento, todo el cansancio del viaje pegó de golpe y decidimos que era una buena hora de volver al hotel.

Por acá termina esta entrada. En la siguiente, el primer día en Brujas!

domingo, 5 de octubre de 2014

Brujas, Bélgica - Parte 1

Entre finales de marzo y principios de abril, recorrí algunos destinos de Europa. Era la primera vez que cruzaba el gran charco, por lo cual, el objetivo era conocer la máxima cantidad de lugares posibles en los 17 días que duraría el viaje. La primera escala del mismo era la visita a la ciudad de Brujas (Brugge), en Bélgica. Viéndolo en retrospectiva, me llama la atención haber comenzado la travesía visitando una pequeña y antigua ciudad en un país casi que desconocido por los uruguayos. Sin embargo, la elección de Brujas (tal como espero reflejen estas líneas) fue además de azarosa, muy afortunada.

De todas maneras, sigamos el ritual que acompaña estos relatos. La entrada anterior fue la última de Berlín, capital de Alemania. Si te la perdiste, te invito a que pases por acá:


La travesía por Europa, cuya primera ciudad a relatar será Brujas, tuvo antes varias escalas que entiendo merecen ser relatadas en unas pocas líneas de la bitácora. Para llegar a nuestro primer destino, debíamos hacer escala en el aeropuerto Guarulhos de San Pablo. Allí nos subiríamos a un avión que nos trasladaría hasta la ciudad alemana de Frankfurt. Al llegar, el siguiente paso sería tomar un tren que nos dejaría en Bruselas, capital de Bélgica. Finalmente, un último tren nos permitiría llegar a Brujas.

No tengo dudas, el aeropuerto Guarulhos de San Pablo es el peor que he visitado. Tanto en el viaje de ida como en el de vuelta debimos detenernos siete horas allí. Es incómodo, lleno de gente, con muchos free shops y algunos pocos lugares para comer algo, que además eran carísimos. Tanto para subir a un avión como al descender, es necesario subirse a unos buses que trasladan a los pasajeros hasta su respectiva nave. Por un momento temí que el chofer de turno le errara al bus, cosa que por suerte no sucedió. Por ser vísperas del mundial de Brasil, sabíamos que se estaba por inaugurar una nueva terminal, pero no pudimos acceder a la misma. En un momento, el personal de una aerolínea informó que sus pasajeros tenían que presentarse, pero en lugar de hacerlo por altoparlantes, iban recorriendo los pasillos "informando" a la gente a los gritos. Era la primera vez que lo visitaba y me pareció que era más chico de lo que debía ser. En fin, no quiero desviarme demasiado del relato original, continuemos.

Luego de infinitas horas arriba del avión (algo así como once o doce), llegamos a Frankfurt, Alemania a las tres de la tarde. Al hacer migraciones, el oficial nos hizo las clásicas preguntas intentando corroborar que los turistas no se queden a vivir en su país. La situación se complicó un poco al no llevar impresos los pasajes de vuelta, pero cuando mostramos todas las reservas de hoteles y traslados ya pagos, convencimos al hombre. El aeropuerto de Frankfurt es el principal de su país y tercero en europa, transitando por el mismo más de 50 millones de pasajeros. Su interior es bastante moderno, con muchos ventanales y correctas señalizaciones. Una gran ventaja es que está conectado con la terminal de trenes, desde la que partiríamos hacia Bélgica.


Debimos estar un par de horas en la terminal de trenes, por lo cual, aprovechamos para recorrerla. Mucha prolijidad, quizás hasta demasiada para lo que estamos acostumbrados. Trenes que arribaban y partían a la hora indicada en los carteles. Recipientes para depositar distintos tipos de desperdicios. La gente con la que tuvimos contacto fue super cordial y hablando en perfecto inglés. Desde un costado de la terminal se accedía a un hotel Hilton Garden Inn cuyo diseño era similar al utilizado en la terminal, sobrio y con mucho vidrio. A esa altura, ya estábamos casi que en hora, así que fuimos al anden 7 a esperar el tren.


Si bien era uno de los últimos días de invierno, el frío se comenzó a hacer notar mientras esperábamos nuestro transporte. El tren llegó en la hora señalada y allí subimos. Estaríamos sobre el mismo cuatro horas, hasta llegar a Bruselas en el medio de la noche. Si en Frankfurt nos pareció que hacía frío, en Bruselas el clima era bastante peor. Esperamos en la estación Brussel-Noord el tren que nos llevaría a nuestro destino. Finalmente, subimos a un tren similar al de la próxima imagen, que sería el encargado de depositarnos en Brujas. Seré sincero, hasta ese entonces desconocía que hubieran trenes doble piso.


La última hora de viaje (la que separaba Bruselas de Brujas) se hizo sumamente rápida. Cuando quisimos acordar, estábamos bajando en la estación Brugge. El lugar escogido para pernoctar las dos noches que estaríamos en Brujas era el Hotel Ibis Budget Brugge Centrum Station. Tal como indica su nombre, se encontraba pegado a la estación de trenes, ideal para una fría noche de invierno y turistas con varias maletas.


Más allá de ser de los hoteles de menor precio, no tuvimos ninguna queja con el mismo. El ibis tenía lo esencial para asegurar un buen descanso y permitir al turista renovar energías para el día siguiente.

Ya escribí demasiado. En la próxima entrada relataré las primeras experiencias por la ciudad. Espero hayas disfrutado la presente!

domingo, 21 de septiembre de 2014

Berlín, Alemania - Parte 8

Eran las últimas horas en Berlín. Habíamos dejado atrás Alexanderplatz y ya estaba atardeciendo (anochecía apenas después de las 6 p.m.). El día estaba gris, fresco, un tanto lluvioso. La última visita que teníamos planificada para el día correspondía a un sector del Muro de Berlín un poco menos turístico que los visitados hasta el momento. Esta entrada es la octava correspondiente a la ciudad de Berlín en Alemania. Si te perdiste la última, te facilito un link:


El lugar que pensábamos visitar estaba a unos 2.5 kilómetros de Alexanderplatz, distancia suficiente como para caminar en unos pocos minutos a paso acelerado. Como comentario al margen, durante la caminata descubrí los té helados saborizados de Nestlé, en este caso, probé el de durazno. De haberlos descubierto antes, claramente se habrían convertido en un vicio.

Seguíamos avanzando, mientras la tarde se volvía (aún) más gris, fría y lluviosa. Casi que de camino entre nuestro origen y nuestro destino estaba Hackescher Markt, un mercadito con varios comercios y bares para tomar algunos caliboratos, alrededor de un espacio central bastante grande. Dadas las condiciones climáticas, preferimos continuar la caminata, sin detenernos mucho en el lugar.



Algunos minutos después llegábamos a Gedenkstätte Berliner Mauer, o en español, el memorial del Muro de Berlín. El mismo está situado en el medio de la ciudad y se extiende por casi 1.5 kilómetros. El lugar al que llegamos además, era lindero a Friedhof der Sophiengemeinde, un cementerio protestante de la ciudad. De hecho, según lo que leímos, este cementerio fue dividido en dos cuando se construyó el muro. En ese momento descubrimos que no era una buena combinación ir al memorial del muro pegado a un cementerio, en una fría y lluviosa tarde otoñal. Casi literalmente, el aire se cortaba con un cuchillo. El ambiente se sentía muy pesado, al punto de generar cierta incomodidad en el visitante. En el lugar hay varias columnas donde se explican hechos y se describen construcciones que había en el lugar.




El área era bastante amplia. En ciertos sectores había restos de muro graffiteados, en otros tantos, unas columnas que seguían el recorrido original. Cuando nosotros visitamos el lugar, seríamos unas diez personas en total leyendo la cartelería y viendo los alrededores. Todos con la misma expresión de respeto en el rostro. Y silencio. Demasiado silencio. En cierto sector, un monumento en honor a las 136 personas que murieron en el muro, entre civiles y guardias, con sus respectivas fotos (algunas incluso con flores).





No nos quedamos demasiado más tiempo en el lugar. La lluvia era cada vez más intensa, como si nos estuviera echando del lugar.



Al día siguiente, fuimos a recorrer una exposición gratuita llamada Topographie Des Terrors. En la misma, se realiza un relato histórico en forma cronológica de la situación de Alemania antes de la Segunda Guerra Mundial, de las causas de la misma, del durante y cómo quedó todo luego de 1945. La exposición es una clase de historia, con hechos que todos conocemos por haberlos aprendido en el liceo y otras tantas situaciones que desconocía. Es muy fuerte todo lo que se siente y aprende al visitar el lugar, por lo cual, recomiendo fuertemente ir en caso de estar en la ciudad.





El último punto visitado fue Checkpoint Charlie, el punto fronterizo más famoso en Berlín entre 1945 y 1990. Permitía el paso entre las zonas de control estadounidense y soviética, que ahora serían los barrios Mitte y Kreuzberg. Únicamente empleados militares y de embajadas de los aliados, entranjeros y funcionarios permanentes de la RDA y RFA tenían permitido el cruce por el lugar. El punto de control fue derribado en junio de 1990, mientras que en agosto del 2000 se inauguró la reconstrucción de la caseta, que se ha convertido en una de las principales atracciones turísticas de la ciudad.




Advertencia al visitante:



Y con esto se terminó la visita a Berlín, ciudad que recomiendo fuertemente visitar pues es de las pocas ciudades en el mundo con una gran cantidad de historia reciente (menos de cien años). Es increíble (y admirable) ver cómo han podido reconstruir todo y ser de los países más pujantes del mundo luego de haber quedado devastados al final de la guerra. Eso sí, si se pretende ir a la ciudad, el lector deberá saber que extrañamente, no todos los alemanes hablan inglés (al menos yo pensaba eso), por lo cual, la comunicación con los berlineses puede llegar a no ser un tanto complicada (salvo que el lector hable alemán).

lunes, 25 de agosto de 2014

Berlín, Alemania - Parte 7

Estábamos en Berlín, en los primeros días de abril de 2014. En la entrada anterior, habíamos caminado por la calle de tilos hasta llegar a una isla llena de museos en el centro de la ciudad. La lluvia que unas horas antes nos había detenido unos minutos en la Puerta de Brandeburgo, ya era historia. Al salir del Museo de Pérgamo, el día volvía a estar nublado aunque con algunos destellos luminosos. Si querés leer (o releer) la parte anterior, pasá por acá:


Recién habíamos salido del museo, ya llevábamos varias horas de recorrida y el hambre se estaba haciendo sentir. Una de las comidas típicas alemanas es el clásico frankfurter, por lo cual, dada la hora (ya era media tarde) y que no habíamos comido nada en el día (bah, capaz desayunamos antes), opté por comprarle una salchicha al pan a un vendedor ambulante. Este tipo de cocineros/vendedores son conocidos como Ich bin ein berliner, son personas que van recorriendo la ciudad cocinando sus salchichas. Para ejemplificar, son similares a los vendedores de helado que van con su carrito, la única diferencia es que los alemanes van cocinando además. El precio era súper económico (menos de dos euros), aunque el gusto dejaba bastante que desear. No es que fuera feo, sino diferente a lo que esperaba. Me quedo con los Schneck.

Seguimos nuestra recorrida abandonando la isla de los museos. A partir de ese punto, la ya mencionada Unter den Linden se convierte en Karl-Liebknecht-Straße, otra importante calle del centro de Berlín. Ahora que estoy investigando y rememorando los lugares visitados, me llama mucho la atención cómo las calles (por lo menos, varias de las importantes) cambian de nombre continuamente. Unter den Linden por ejemplo, a partir de la Puerta de Brandeburgo se llama de otra forma. En fin. En ese entonces ya estábamos caminando por Karl-Liebknecht-Straße. Apenas salir de la isla, sobre la izquierda hay un acuario bastante importante al que no fuimos y por ende, no daré mayores detalles. Una cuadra más adelante, esta vez sobre la derecha aparecen dos puntos importantes de la ciudad: Marienkirche y Berliner Fernsehturm.


Marienkirche es la Iglesia de Santa María de Berlín. Es una construcción muy antigua. Tan es así, que no se conoce la fecha exacta de construcción, aunque ya era mencionada en crónicas locales en el siglo XIII. Esto la convierte en una de las iglesias más antiguas de Berlín. En su origen, la misma era católica. Sin embargo, pasó a ser evangélica luterana a partir de la reforma protestante.




Por su parte, Berliner Fernsehturm es una torre de televisión construida en 1969 por la RDA. Actualmente es uno de los íconos de la ciudad, siendo de los lugares más visitados por turistas en Berlín. La torre mide 368 metros, siendo el cuarto edificio más alto de Europa. En su cúspide hay una cúpula, donde coexisten un restaurante giratorio y un mirador a 200 y pocos metros de altura, desde el cual se pueden ver todos los barrios berlineses.




Estar parado al lado de la torre permite darse cuenta de la enorme dimensión de la misma. De hecho, no fue sencillo fotografiarla estando cerca y debimos movernos bastante para encontrar un buen ángulo. Lamentablemente, cuando fuimos había una espera de tres horas para subir, por lo cual decidimos postergarlo para el día siguiente. Luego, terminó postergándose para el próximo viaje a la ciudad. Creo que hoy me arrepiento de la elección.



Continuando la caminata por Karl-Liebknecht-Straße llegamos a Alexanderplatz, una de las plazas más importantes de la ciudad. Está rodeada por edificios importantes, como Berliner Fernsehturm o el Park Inn Hotel, que es el edificio más alto de la ciudad con sus 125 metros. Dentro de la plaza hay un monumento llamado Urania-Weltzeituhr (Reloj Mundial), una estructura que rota permanentemente y muestra la hora actual de distintas ciudades del mundo. La parte de abajo del reloj está dividida en 24 caras, cada una correspondiente a un huso horario. La parte superior en cambio, muestra una versión simplificada del sistema solar, con sus planetas y órbitas. Junto con la torre de televisión, es uno de los puntos típicos de la ciudad.





Alrededor de Alexanderplatz hay un gran número de tiendas de todos los tipos. Asimismo, es un punto muy importante de trasbordo para pasajeros. De todas maneras, debo aclarar que el término plaza es un tanto distinto al que aplicamos en Uruguay. Alexanderplatz como se puede ver en la imagen es un gran espacio que permite que miles de personas transiten sin problemas, pero que no cuenta con el verde de una plaza típica uruguaya. Como comentario final, el origen del nombre de la plaza es en honor a la visita del zar Alejandro I de Rusia en el año 1805.



Por el momento es todo. Creo que estaría quedando una única entrada de Berlín, donde hablaré del muro y de topografía del terror, una exposición que valió la pena visitar.