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miércoles, 22 de julio de 2015

Castilla-La Mancha, España - Parte 1

Tiempo atrás, cuando planificaba posibles viajes al exterior o pensaba en cuáles serían mis próximos destinos, sabía que España sería, tarde o temprano, uno de los inevitables. Pese a esto, no era un lugar al que tuviera particular interés en ir, al contrario, inconscientemente tenía el convencimiento de que no me gustaría demasiado. Sin embargo, una insólita competencia de precios entre Iberia y Air Europa me pusieron delante de una PC eligiendo las fechas de salida y retorno antes de que me pudiera poner a reflexionar si quería ir o no. Y vaya que fue acertada la decisión!

Originalmente, esta entrada iba a corresponder a Bruselas, la segunda ciudad que visité en Bélgica, pero en honor al buen tiempo vivido, decidí ir a por España. 

A modo de tradición, dejo link a la entrada inmediata anterior, donde el relato se centraba en Brujas.

Lo primero a decir es que en sólo ocho días, recorrimos las ciudades de: Toledo, Consuegra, Granada, Nerja, Málaga, Torremolinos, Marbella, Ronda, Sevilla, Mérida, Salamanca, Ávila y Madrid, por lo cual, el lector notará que los relatos respecto a alguna de ellas serán por demás breves y con pocos detalles. No había tiempo para mucho más.

Lo segundo a decir (y bastante relacionado con el punto anterior) es que los relatos serán ordenados por comunidades autónomas más que por ciudades. A modo de información, España está compuesta por 17 comunidades autónomas, que a su vez están formadas por provincias (50 en total) divididas en 8118 municipios. El lector avispado ya habrá notado que la entrada que nos reúne corresponde a la comunidad de Castilla-La Mancha. A modo de MÁS información, es la tercera comunidad más extensa de España y cuenta con algo más de dos millones de habitantes.



Pisamos territorio europeo bien temprano en la mañana, en una fría mañana otoñal. El plan era sencillo: desayuno rápido en el aeropuerto de Barajas, levantar el auto que habíamos alquilado y partir presurosos hacia Toledo, nuestro primer destino y además, capital de la comunidad autónoma. Toledo se encuentra a unos 70 km de Madrid y es conocida como La ciudad imperial por haber sido la sede principal de la corte de Carlos I y también como La ciudad de las tres culturas, por haber estado poblada durante siglos por cristianos, judíos y musulmanes.

En cierta forma, Toledo es similar a Brujas, ciudad correspondiente a las entradas anteriores: ambas tienen muchos siglos de historia y han logrado mantener y preservar esa historia en sus edificaciones. Claro, Toledo no está rodeada de canales de agua y sus construcciones son bastante distintas a las belgas u holandesas, sin embargo, al caminar por sus calles, uno puede darse cuenta que siglos atrás, la vista no sería tan distinta.



Dejamos el auto bastante cerca del centro de la ciudad y luego de unas primeras fotos, comenzamos a caminar por unas callecitas realmente estrechas, con edificios de dos o tres pisos a su costado y donde las veredas y las calles casi lo mismo. Minutos después, llegábamos a la Plaza de Zocodover, cuyo nombre procede del arabe sūq ad-dawābb, que significa mercado de bestias de carga. La plaza en cuestión es de los puntos más importantes de Toledo desde tiempos medievales.



Al igual que muchas otras plazas de España (que prontamente veremos), la Plaza de Zocodover es un lugar espacioso, rodeado de construcciones bajas, tal como se aprecia en la imagen. Ésta en particular, actúa como plaza mayor de la ciudad, es decir, la principal de Toledo. Muchos de los balcones de las construcciones aledañas están adornados con banderas españolas, desconozco si serán oficinas públicas o simplemente vecinos orgullosos de su país.

Suficiente por ahora, en la próxima entrada seguiremos hablando (creo que exclusivamente) de Toledo y sus estrechas calles.

lunes, 4 de mayo de 2015

Brujas, Bélgica - Parte 5

Era una fría tarde de marzo de 2014 y nos encontrábamos caminando por Brujas, una de las ciudades más conocidas y visitadas de Bélgica. Tal como describí en entradas anteriores, Brujas es una antigua ciudad que ha sido remodelada en las últimas décadas, intentando mantener su estilo original. Existen múltiples canales que atraviesan la ciudad y que son navegables, siendo Brujas denominada La Venecia del Norte. Al igual que otras ciudades de Bélgica y Holanda, las bicicletas tienen un rol preponderante, constituyendo uno de los principales medios de transporte, tanto para los residentes como para los visitantes. Ya van cuatro entradas de la ciudad, si querés leer la última, pasá por acá:


Hasta el momento habíamos recorrido a pie gran parte de la ciudad, navegado por los canales en lancha y revivido la historia de Brujas a través de Historium. Otro de los puntos importantes junto al Grote Markt era Belfort van Brugge, el Campanario de la ciudad. Hacia allí fuimos. Como resumen histórico, cientos de años atrás las campanas eran operadas manualmente y tenían distintos posibles significados, entre ellos: apertura y cierre de las puertas de la ciudad o el inicio y fin de la jornada laboral. El carillón consta de 47 campanas y para llegar al punto más alto hay que subir 366 (interminables) escalones. Para llegar al escalón 366 hay que enfrentarse a una escalera realmente estrecha y llena de ávidos turistas, pero es recomendable subirla y poder ver Brujas desde las alturas.



Es interesante poder ver el funcionamiento interno del campanario y leer los detalles históricos que se van relatando en cada uno de los descansos. Al igual que el paseo en lancha, el campanario es otro de los típicos paseos turísticos.

A unas dos cuadras del Grote Markt y formando parte del centro histórico de Brujas, se encuentra la Plaza Burg. Como puede imaginarse el lector, este es otro punto de importancia de la ciudad, dado que tanto el Ayuntamiento como la Basílica de la Santa Sangre son linderos a la plaza. Hicimos una breve recorrida por los alrededores, caminando entre edificios de cientos de años y con un tipo de construcción de esas que ya no se hacen. Llegamos al Ayuntamiento, tomamos algunas fotos pero no hicimos el más mínimo esfuerzo por entrar, tenía aspecto de no estar permitido. Posteriormente entramos a la basílica. Al igual que el resto de las edificaciones linderas, fue construida en el siglo XII. En su interior había una decena de turistas que encendían velas y tomaban fotos a los imponentes vitraux.



Continuamos la caminata por los múltiples canales de Brujas, alejándonos cada vez más del centro histórico. Nuestro objetivo era visitar Kruispoort (o Puerta de la Santa Cruz), una de las tantas puertas de acceso que tuvo la ciudad y que fue construida en 1297. En esa época, la Plaza Burg había sido fortificada y al igual que Kruispoort existían otras puertas distintas de acceso a la ciudad. El camino de acceso a la puerta es realmente recomendable de visitar, puesto que existen distintos molinos que acompañan el trayecto.


Luego de tomar algunas fotos y encontrarnos con varios molinos idénticos al de la foto, llegamos finalmente a Kruispoort. A decir verdad, no es nada del otro mundo, vale la pena la visita si se tiene un rato libre como para empaparse un poco con la historia local, pero es totalmente evitable la ida. Quizás algo positivo a rescatar en la ida a la puerta, fue poder visitar distintas calles de Brujas no tan repletas de turistas.


Algunas horas después decidimos salir a tomar algo por la ciudad. A fin de cuentas eran las últimas horas allí, dado que la mañana siguiente partiríamos hacia Bruselas. Fuimos hacia el centro, donde terminamos tomando unas cervezas en un bar deportivo local, mirando un clásico Barcelona contra Real Madrid. Nos sorprendió realmente lo fanáticos del fútbol español que eran los belgas, aunque a decir verdad, la mayoría eran hinchas de los Blaugranas, sólo unos pocos hinchaban por el Madrid.

A primera hora de la mañana siguiente nos encontrábamos en la terminal de trenes, dispuestos a partir a la capital de Bélgica: Bruselas. Tuvimos algunos incidentes con la compra de tickets que no vale la pena contar. Luego, compramos algunos comestibles y subimos al tren.

Como nota al pie, descubrí una especie de panadería en Bélgica que todo lo que tenía estaba excelente.


Como se ve en la foto, el nombre del lugar era Panos y como comentario, es bueno, bonito y barato. Respecto a la foto, me llamó la atención que la Fanta no tuviera colorante (por eso la claridad de su color).

Hemos terminado con Brujas, una ciudad que vale la pena visitar.

domingo, 5 de octubre de 2014

Brujas, Bélgica - Parte 1

Entre finales de marzo y principios de abril, recorrí algunos destinos de Europa. Era la primera vez que cruzaba el gran charco, por lo cual, el objetivo era conocer la máxima cantidad de lugares posibles en los 17 días que duraría el viaje. La primera escala del mismo era la visita a la ciudad de Brujas (Brugge), en Bélgica. Viéndolo en retrospectiva, me llama la atención haber comenzado la travesía visitando una pequeña y antigua ciudad en un país casi que desconocido por los uruguayos. Sin embargo, la elección de Brujas (tal como espero reflejen estas líneas) fue además de azarosa, muy afortunada.

De todas maneras, sigamos el ritual que acompaña estos relatos. La entrada anterior fue la última de Berlín, capital de Alemania. Si te la perdiste, te invito a que pases por acá:


La travesía por Europa, cuya primera ciudad a relatar será Brujas, tuvo antes varias escalas que entiendo merecen ser relatadas en unas pocas líneas de la bitácora. Para llegar a nuestro primer destino, debíamos hacer escala en el aeropuerto Guarulhos de San Pablo. Allí nos subiríamos a un avión que nos trasladaría hasta la ciudad alemana de Frankfurt. Al llegar, el siguiente paso sería tomar un tren que nos dejaría en Bruselas, capital de Bélgica. Finalmente, un último tren nos permitiría llegar a Brujas.

No tengo dudas, el aeropuerto Guarulhos de San Pablo es el peor que he visitado. Tanto en el viaje de ida como en el de vuelta debimos detenernos siete horas allí. Es incómodo, lleno de gente, con muchos free shops y algunos pocos lugares para comer algo, que además eran carísimos. Tanto para subir a un avión como al descender, es necesario subirse a unos buses que trasladan a los pasajeros hasta su respectiva nave. Por un momento temí que el chofer de turno le errara al bus, cosa que por suerte no sucedió. Por ser vísperas del mundial de Brasil, sabíamos que se estaba por inaugurar una nueva terminal, pero no pudimos acceder a la misma. En un momento, el personal de una aerolínea informó que sus pasajeros tenían que presentarse, pero en lugar de hacerlo por altoparlantes, iban recorriendo los pasillos "informando" a la gente a los gritos. Era la primera vez que lo visitaba y me pareció que era más chico de lo que debía ser. En fin, no quiero desviarme demasiado del relato original, continuemos.

Luego de infinitas horas arriba del avión (algo así como once o doce), llegamos a Frankfurt, Alemania a las tres de la tarde. Al hacer migraciones, el oficial nos hizo las clásicas preguntas intentando corroborar que los turistas no se queden a vivir en su país. La situación se complicó un poco al no llevar impresos los pasajes de vuelta, pero cuando mostramos todas las reservas de hoteles y traslados ya pagos, convencimos al hombre. El aeropuerto de Frankfurt es el principal de su país y tercero en europa, transitando por el mismo más de 50 millones de pasajeros. Su interior es bastante moderno, con muchos ventanales y correctas señalizaciones. Una gran ventaja es que está conectado con la terminal de trenes, desde la que partiríamos hacia Bélgica.


Debimos estar un par de horas en la terminal de trenes, por lo cual, aprovechamos para recorrerla. Mucha prolijidad, quizás hasta demasiada para lo que estamos acostumbrados. Trenes que arribaban y partían a la hora indicada en los carteles. Recipientes para depositar distintos tipos de desperdicios. La gente con la que tuvimos contacto fue super cordial y hablando en perfecto inglés. Desde un costado de la terminal se accedía a un hotel Hilton Garden Inn cuyo diseño era similar al utilizado en la terminal, sobrio y con mucho vidrio. A esa altura, ya estábamos casi que en hora, así que fuimos al anden 7 a esperar el tren.


Si bien era uno de los últimos días de invierno, el frío se comenzó a hacer notar mientras esperábamos nuestro transporte. El tren llegó en la hora señalada y allí subimos. Estaríamos sobre el mismo cuatro horas, hasta llegar a Bruselas en el medio de la noche. Si en Frankfurt nos pareció que hacía frío, en Bruselas el clima era bastante peor. Esperamos en la estación Brussel-Noord el tren que nos llevaría a nuestro destino. Finalmente, subimos a un tren similar al de la próxima imagen, que sería el encargado de depositarnos en Brujas. Seré sincero, hasta ese entonces desconocía que hubieran trenes doble piso.


La última hora de viaje (la que separaba Bruselas de Brujas) se hizo sumamente rápida. Cuando quisimos acordar, estábamos bajando en la estación Brugge. El lugar escogido para pernoctar las dos noches que estaríamos en Brujas era el Hotel Ibis Budget Brugge Centrum Station. Tal como indica su nombre, se encontraba pegado a la estación de trenes, ideal para una fría noche de invierno y turistas con varias maletas.


Más allá de ser de los hoteles de menor precio, no tuvimos ninguna queja con el mismo. El ibis tenía lo esencial para asegurar un buen descanso y permitir al turista renovar energías para el día siguiente.

Ya escribí demasiado. En la próxima entrada relataré las primeras experiencias por la ciudad. Espero hayas disfrutado la presente!