martes, 25 de agosto de 2015

Castilla-La Mancha, España - Parte 2

Luego de varias horas de vuelo, una hora de auto hasta llegar a Toledo y unas cuantas otras caminando por la ciudad, los viajeros acusaban cierto cansancio y ganas de encontrarse de lleno con una parte importante de la cultura ibérica: su cocina. Pero antes de hablar de comida, dejo un link a la entrada anterior:


No éramos muy exigentes. El requisito que tenía que cumplir el lugar donde nos detuviéramos a comer era bien simple: tener jamón ibérico. Sin embargo, a medida que íbamos caminando y decidiendo, nos dimos cuenta de algo bien básico: la gran mayoría de los restaurantes ofrecían el ansiado jamón, por lo cual nos despreocupamos e intentamos entrar al lugar que nos pareciera más tradicional, más típico de España. Minutos después estábamos calmando nuestras ganas con varias fetas de jamón y una Amstel, cerveza típica españo... holandesa.

Ligado al punto anterior, me interesa detenerme un poco en el jamón ibérico. Al igual que con cualquier otro producto, existen distintas calidades y productores de jamón, pero nunca se nos había ocurrido indagar entre las distintas opciones. Pese a esto, apenas llegamos a España nos quedó algo claro, dicho por los propios españoles, la mejor opción era el Jamón Ibérico de Bellota.


En este caso, los animales son criados en predios con determinadas características (en dehesa), alimentados en base a hierbas y cereales y durante tres o cuatro meses, con bellotas y pastos hasta alcanzar su peso óptimo. Las restantes clasificaciones de jamones implican la crianza en otros predios o bien, una distinta alimentación.

Basta de hablar de comidas. Continuamos caminando la ciudad y encontrándonos con cientos de casas de época, con dos o tres pisos, pequeños balcones y faroles.


Debido a lo estrecho de las calles, era muy frecuente que no les diera el sol, pese a estar caminando por ellas en pleno día. Otras por ejemplo, eran literalmente escaleras para transeúntes, por supuesto no habilitadas para la circulación de vehículos. Algo que también me llamó bastante la atención fue encontrar construcciones cuyas puertas o ventanas eran similares a estilos árabes. Tal como se aprecia en la foto, es indudable su influencia.


Mientras continuábamos la marcha, encontrándonos con varios grupos de turistas y con decenas de locales de artesanías, dimos con un museo denominado Antiguos Instrumentos de Tortura. La entrada era muy económica (algo así como dos euros), por lo cual, decidimos darle una chance. Sin entrar en demasiados detalles (por si el lector resulta ser impresionable), se podían ver horcas, elementos utilizados para el desmembramiento o decapitaciones de acusados y demás. Resultó ser bastante interesante para conocer un poco de la historia antigua.

Cambiando radicalmente de tema, es bastante frecuente en España encontrarse con representaciones de Don Quijote de la Mancha y por supuesto, Toledo no fue la excepción.


Apostados delante de tiendas, de casas o simplemente como parte del paisaje, el Quijote se deja ver por todos lados.

A unos 60 kilómetros de la ciudad de Toledo se encuentra el municipio de Consuegra. El plan respecto a este lugar no era recorrerlo exhaustivamente sino visitar un castillo y varios molinos de viento, aprovechando que nos quedaba de paso (nuestro siguiente destino era Granada). Nos encontramos con un paisaje en el que, al igual que con Toledo, era fácilmente extrapolarse a varios siglos atrás. Un castillo de plena edad media y varios molinos conformaban una vista única.


Como imaginará el lector, Don Quijote también estaba presente en Consuegra junto a los molinos, pero entendí no valía la pena agregar otra foto.

Hemos llegado al fin de la (extensísima) entrada y terminado con Castilla-La Mancha. La próxima entrada corresponderá a Granada, perteneciente a la comunidad autónoma de Andalucía. Espero hayas disfrutado!

miércoles, 22 de julio de 2015

Castilla-La Mancha, España - Parte 1

Tiempo atrás, cuando planificaba posibles viajes al exterior o pensaba en cuáles serían mis próximos destinos, sabía que España sería, tarde o temprano, uno de los inevitables. Pese a esto, no era un lugar al que tuviera particular interés en ir, al contrario, inconscientemente tenía el convencimiento de que no me gustaría demasiado. Sin embargo, una insólita competencia de precios entre Iberia y Air Europa me pusieron delante de una PC eligiendo las fechas de salida y retorno antes de que me pudiera poner a reflexionar si quería ir o no. Y vaya que fue acertada la decisión!

Originalmente, esta entrada iba a corresponder a Bruselas, la segunda ciudad que visité en Bélgica, pero en honor al buen tiempo vivido, decidí ir a por España. 

A modo de tradición, dejo link a la entrada inmediata anterior, donde el relato se centraba en Brujas.

Lo primero a decir es que en sólo ocho días, recorrimos las ciudades de: Toledo, Consuegra, Granada, Nerja, Málaga, Torremolinos, Marbella, Ronda, Sevilla, Mérida, Salamanca, Ávila y Madrid, por lo cual, el lector notará que los relatos respecto a alguna de ellas serán por demás breves y con pocos detalles. No había tiempo para mucho más.

Lo segundo a decir (y bastante relacionado con el punto anterior) es que los relatos serán ordenados por comunidades autónomas más que por ciudades. A modo de información, España está compuesta por 17 comunidades autónomas, que a su vez están formadas por provincias (50 en total) divididas en 8118 municipios. El lector avispado ya habrá notado que la entrada que nos reúne corresponde a la comunidad de Castilla-La Mancha. A modo de MÁS información, es la tercera comunidad más extensa de España y cuenta con algo más de dos millones de habitantes.



Pisamos territorio europeo bien temprano en la mañana, en una fría mañana otoñal. El plan era sencillo: desayuno rápido en el aeropuerto de Barajas, levantar el auto que habíamos alquilado y partir presurosos hacia Toledo, nuestro primer destino y además, capital de la comunidad autónoma. Toledo se encuentra a unos 70 km de Madrid y es conocida como La ciudad imperial por haber sido la sede principal de la corte de Carlos I y también como La ciudad de las tres culturas, por haber estado poblada durante siglos por cristianos, judíos y musulmanes.

En cierta forma, Toledo es similar a Brujas, ciudad correspondiente a las entradas anteriores: ambas tienen muchos siglos de historia y han logrado mantener y preservar esa historia en sus edificaciones. Claro, Toledo no está rodeada de canales de agua y sus construcciones son bastante distintas a las belgas u holandesas, sin embargo, al caminar por sus calles, uno puede darse cuenta que siglos atrás, la vista no sería tan distinta.



Dejamos el auto bastante cerca del centro de la ciudad y luego de unas primeras fotos, comenzamos a caminar por unas callecitas realmente estrechas, con edificios de dos o tres pisos a su costado y donde las veredas y las calles casi lo mismo. Minutos después, llegábamos a la Plaza de Zocodover, cuyo nombre procede del arabe sūq ad-dawābb, que significa mercado de bestias de carga. La plaza en cuestión es de los puntos más importantes de Toledo desde tiempos medievales.



Al igual que muchas otras plazas de España (que prontamente veremos), la Plaza de Zocodover es un lugar espacioso, rodeado de construcciones bajas, tal como se aprecia en la imagen. Ésta en particular, actúa como plaza mayor de la ciudad, es decir, la principal de Toledo. Muchos de los balcones de las construcciones aledañas están adornados con banderas españolas, desconozco si serán oficinas públicas o simplemente vecinos orgullosos de su país.

Suficiente por ahora, en la próxima entrada seguiremos hablando (creo que exclusivamente) de Toledo y sus estrechas calles.

lunes, 4 de mayo de 2015

Brujas, Bélgica - Parte 5

Era una fría tarde de marzo de 2014 y nos encontrábamos caminando por Brujas, una de las ciudades más conocidas y visitadas de Bélgica. Tal como describí en entradas anteriores, Brujas es una antigua ciudad que ha sido remodelada en las últimas décadas, intentando mantener su estilo original. Existen múltiples canales que atraviesan la ciudad y que son navegables, siendo Brujas denominada La Venecia del Norte. Al igual que otras ciudades de Bélgica y Holanda, las bicicletas tienen un rol preponderante, constituyendo uno de los principales medios de transporte, tanto para los residentes como para los visitantes. Ya van cuatro entradas de la ciudad, si querés leer la última, pasá por acá:


Hasta el momento habíamos recorrido a pie gran parte de la ciudad, navegado por los canales en lancha y revivido la historia de Brujas a través de Historium. Otro de los puntos importantes junto al Grote Markt era Belfort van Brugge, el Campanario de la ciudad. Hacia allí fuimos. Como resumen histórico, cientos de años atrás las campanas eran operadas manualmente y tenían distintos posibles significados, entre ellos: apertura y cierre de las puertas de la ciudad o el inicio y fin de la jornada laboral. El carillón consta de 47 campanas y para llegar al punto más alto hay que subir 366 (interminables) escalones. Para llegar al escalón 366 hay que enfrentarse a una escalera realmente estrecha y llena de ávidos turistas, pero es recomendable subirla y poder ver Brujas desde las alturas.



Es interesante poder ver el funcionamiento interno del campanario y leer los detalles históricos que se van relatando en cada uno de los descansos. Al igual que el paseo en lancha, el campanario es otro de los típicos paseos turísticos.

A unas dos cuadras del Grote Markt y formando parte del centro histórico de Brujas, se encuentra la Plaza Burg. Como puede imaginarse el lector, este es otro punto de importancia de la ciudad, dado que tanto el Ayuntamiento como la Basílica de la Santa Sangre son linderos a la plaza. Hicimos una breve recorrida por los alrededores, caminando entre edificios de cientos de años y con un tipo de construcción de esas que ya no se hacen. Llegamos al Ayuntamiento, tomamos algunas fotos pero no hicimos el más mínimo esfuerzo por entrar, tenía aspecto de no estar permitido. Posteriormente entramos a la basílica. Al igual que el resto de las edificaciones linderas, fue construida en el siglo XII. En su interior había una decena de turistas que encendían velas y tomaban fotos a los imponentes vitraux.



Continuamos la caminata por los múltiples canales de Brujas, alejándonos cada vez más del centro histórico. Nuestro objetivo era visitar Kruispoort (o Puerta de la Santa Cruz), una de las tantas puertas de acceso que tuvo la ciudad y que fue construida en 1297. En esa época, la Plaza Burg había sido fortificada y al igual que Kruispoort existían otras puertas distintas de acceso a la ciudad. El camino de acceso a la puerta es realmente recomendable de visitar, puesto que existen distintos molinos que acompañan el trayecto.


Luego de tomar algunas fotos y encontrarnos con varios molinos idénticos al de la foto, llegamos finalmente a Kruispoort. A decir verdad, no es nada del otro mundo, vale la pena la visita si se tiene un rato libre como para empaparse un poco con la historia local, pero es totalmente evitable la ida. Quizás algo positivo a rescatar en la ida a la puerta, fue poder visitar distintas calles de Brujas no tan repletas de turistas.


Algunas horas después decidimos salir a tomar algo por la ciudad. A fin de cuentas eran las últimas horas allí, dado que la mañana siguiente partiríamos hacia Bruselas. Fuimos hacia el centro, donde terminamos tomando unas cervezas en un bar deportivo local, mirando un clásico Barcelona contra Real Madrid. Nos sorprendió realmente lo fanáticos del fútbol español que eran los belgas, aunque a decir verdad, la mayoría eran hinchas de los Blaugranas, sólo unos pocos hinchaban por el Madrid.

A primera hora de la mañana siguiente nos encontrábamos en la terminal de trenes, dispuestos a partir a la capital de Bélgica: Bruselas. Tuvimos algunos incidentes con la compra de tickets que no vale la pena contar. Luego, compramos algunos comestibles y subimos al tren.

Como nota al pie, descubrí una especie de panadería en Bélgica que todo lo que tenía estaba excelente.


Como se ve en la foto, el nombre del lugar era Panos y como comentario, es bueno, bonito y barato. Respecto a la foto, me llamó la atención que la Fanta no tuviera colorante (por eso la claridad de su color).

Hemos terminado con Brujas, una ciudad que vale la pena visitar.

viernes, 1 de mayo de 2015

Brujas, Bélgica - Parte 4

Si hay alguna característica típica de este blog y que se ha mantenido desde su fundación, es la irregularidad con la que se generan sus entradas. Inicialmente había previsto escribir al menos dos por mes pero debo confesar que fracasé rotundamente.

Meses atrás, había compartido parte de mis experiencias en la ciudad de Brujas, en Bélgica. Ya van tres entradas referidas al tema y se puede acceder a la última a través del siguiente link:


Ya era cerca del mediodía y llevábamos varias horas caminando. Decidimos tomar uno de los tours por los canales de Brujas, quizás uno de los paseos más típicos que se pueden hacer en la ciudad. Luego de comprados los tickets y de una breve espera, subimos a bordo. Hay que tener en cuenta que hay decenas de lanchas haciendo los paseos y si no recuerdo mal, se puede subir en distintos puntos de la ciudad, por lo cual, la espera suele ser bastante corta. Tal como era previsible, es totalmente distinta la Brujas que se ve desde los canales respecto a la que se observa a nivel de calle. 



Cada barquito cuenta con un guía que permanentemente brinda detalles acerca de los canales así de las construcciones más importantes que permanentemente van apareciendo ante los ojos del turista. Como era previsible, el paseo (que dura alrededor de media hora) es altamente recomendable, siendo quizás el paseo más comprado por turistas.

Luego de bajar de las lanchitas el hambre ya había comenzado a hacerse sentir. Para aprovechar al máximo nuestra estadía, compramos un producto típico de la ciudad (posiblemente sea algo típico de toda Bélgica): un cono de papas fritas con salsa. A decir verdad, no parecían tener nada raro que las diferenciara de las papas fritas de cualquier otra parte del mundo, pero quizás por el hambre que teníamos, nos parecieron espectaculares. Mientras tanto, caminábamos por calles típicas de la ciudad, entre plazas, iglesias, turistas y bicicletas.



Sin embargo, nuestro objetivo ahora era llegar al punto central de la ciudad. El Grote Markt, es una plaza que aloja múltiples edificios históricos, así como monumentos tanto civiles como religiosos. Por haber visto distintas imágenes en internet, sabíamos que nos encontraríamos con un lugar deslumbrante, sin embargo, fue aún más impactante la sensación que nos generó. Si bien es un lugar grande en extensión (capaz no tanto como el Grote Markt de Bruselas), lo que más asombra es el conglomerado de edificios a su alrededor, desde edificios típicos, pasando por un campanario o un mercado cubierto.



Tal como se puede apreciar en la siguiente imagen, en el Grote Markt existe una zona para aquellos que quieren detenerse a tomar y comer algo.



Como mencionaba anteriormente, salvo que uno ya conozca este tipo de ciudades, se va a llevar una gran sorpresa al encontrarse con este paisaje.

Alrededor de la plaza existen distintos paseos que se pueden realizar, algunos de ellos gratis (como por ejemplo la entrada a una pequeña iglesia antigua) y algunos otros pagos. 

Optamos por conocer Historium. Según lo que pudimos averiguar, era un paseo que permitiría al visitante conocer la historia de la ciudad y adentrarse en la Brujas del medioevo. Para ser sincero, quizás haya sido el punto más bajo de nuestro paseo por la ciudad. Es cierto, hay siete salas de proyección donde se va contando la historia de la ciudad en múltiples idiomas, su esplendor y posterior debacle, pero por otra parte, se mezcla la historia de amor de dos personajes, como forma de darle continuidad a la historia. Es interesante el paseo ya que permite conocer muchos aspectos e historia de la ciudad que de lo contrario es posible que pasaran desapercibidos, pero no es mucho más que eso. Como último detalle del paseo, antes de salir obligatoriamente se pasa por un sector denominado Duvelorium, donde se puede hacer un alto y degustar una Duvel, una cerveza típica.

Hemos llegado al final de esta entrada. Seguramente reste un relato más sobre Brujas, donde hablaré entre otras cosas, del campanario y de las puertas de la ciudad.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Brujas, Bélgica - Parte 3

Por fin arrancaba la parte interesante del viaje. Hasta el momento y luego de salir de Montevideo, habíamos caminado varias veces el aeropuerto de San Pablo durante las ocho horas de espera. Al llegar al de Frankfurt debimos esperar nuestro tren varias horas más, tren que nos dejaría en Bruselas, donde debíamos esperar otro que nos dejaría (finalmente) en Brujas.

Esta es la tercera entrada correspondiente a la ciudad. Si te interesa leer las anteriores (donde incluyo detalles históricos), te invito a leer las entradas anteriores, entre ellas:


Era el primer día en la ciudad luego de un viaje agotador. Arrancamos bastante temprano, desayunando en el Starbucks de Brugge Centraal Station, la estación principal de trenes de la ciudad que estaba pegada al hotel.

La mañana era fría, con nubes y un poco de viento. Salimos de la estación e hicimos casi el mismo recorrido que en la noche anterior. Poco a poco nos íbamos encontrando con algunos de los canales de los tantos que hay en la ciudad, mientras continuamente nos cruzaban decenas de ciclistas por las múltiples ciclovías existentes. Por las adoquinadas calles de Brujas, es muy común ver turistas paseando en carros tirados por caballos. Supongo que sería una especie de city tour o algo así. Justo en esta imagen las calles no son de adoquines, pero bueno, la mayoría sí lo son.


La idea para el día era recorrer todo lo que pudiéramos de la ciudad, al fin y al cabo estaríamos tan sólo un día y medio. Tanto Brujas como Bruselas (y algunas otras ciudades de la zona), tienen su centro histórico entorno al Grote Markt o Plaza Mayor. Hacia allí íbamos. Mientras tanto, nos cruzábamos con construcciones sumamente antiguas, muchas de ellas remodeladas, pero todas respetando, aparentemente, el tipo de construcción original (de hace más de 500 años). Tal como contaba en la entrada anterior, a partir del año 1965 hubo una fuerte remodelación de la ciudad, que transformó a Brujas en una ciudad muy atractiva para los turistas.


Seguíamos avanzando. Pasamos por un convento y una exposición de Picasso, mientras el día aclaraba un poco y el frío bajaba un poco sus revoluciones. Cuanto más nos acercábamos al centro histórico, se veían cada vez más turistas, más chocolaterías, más lugares de venta de waffles (wafflerías?), más lugares de venta de conos de papas fritas con distintas salsas y canales, cada vez más canales. En cada uno de ellos, decenas de personas navegaban en lanchas, conociendo la ciudad desde otra óptica.


Me llamó mucho la atención la existencia de casas y edificios totalmente pegados a los cursos de agua, sin ningún tipo de contención aparente o algo que las proteja de la humedad. Eso sí, las construcciones eran muy pintorescas y muy fotografiadas por los turistas. Muchas de ellas eran utilizadas para la venta de chocolates, productos típicos o souvenirs.


Finalmente llegamos al Lago Minnewater, también conocido como Lago del Amor. Es un muy lindo lugar, aparentemente ideal para visitar en otoño, donde se pueden ver distintas tonalidades de rojos y marrones en las hojas de los árboles. Al pasear por el parque, decenas de patos y de cisnes descansan y navegan por las aguas. Alrededor del lago, existen construcciones típicas de la ciudad y algún que otro puente para cruzarlo.


Por el momento es todo. Seguramente reste una o dos entradas de Brujas, espero vengas disfrutando de la lectura!

jueves, 9 de octubre de 2014

Brujas, Bélgica - Parte 2

Era casi medianoche de uno de los últimos (y no por eso menos fríos) días de invierno en la ciudad de Brujas, Bélgica. Un par de turistas descendían en la estación principal de trenes de la ciudad, luego de una travesía que incluyó dos aviones, dos trenes y más de un día de viaje. El hotel escogido, el ibis budget, estaba casi pegado a la estación de trenes, sin embargo, para llegar al mismo era necesario subir una escalera que, con las horas de viaje y las valijas, se hizo interminable para los viajeros.

Esta entrada es la segunda correspondiente a la ciudad de Brujas, en Bélgica. Si querés leer o releer la primera parte, click en el siguiente enlace:


Comencemos por el principio. Brujas, Brugge o bien, La Venecia del Norte es una ciudad belga, capital de la provincia de Flandes Occidental. Cuenta con unos 117.000 habitantes y se encuentra en el noroeste de Bélgica. Su nombre significa puentes en idioma flamenco. De hecho, el flamenco (o flamenco occidental) es la lengua oficial de la provincia.

Uno de los principales atractivos de la ciudad es su casco histórico, manteniendo casi que intactas todas sus construcciones medievales. Al igual que otras ciudades europeas, Brujas es conocida como La Venecia del Norte, debido a la gran cantidad de canales que atraviesan la misma.


Entre los siglos 12 y 15, Brujas vivió su época dorada. Debido a su estratégica localización, fue cuna de cientos de emprendedores que desarrollaron nuevas formas de capitalismo en la ciudad, empleando innovadores métodos de comercio y de pago. A partir de esto, la ciudad comenzó a recibir oleadas de comerciantes de distintas nacionalidades. Por otra parte, la industria de la lana se expandió rápidamente, considerándose a los tejedores e hilanderos de la ciudad, como los mejores del mundo. En esos tiempos, el puerto de Brujas era uno de los más importantes de la región, generando que la población de la ciudad aumentara significativamente. Finalmente, en el siglo 15 Felipe el bueno definió en Brujas la localización de su corte, atrayendo a cientos de artistas, banqueros e importantes personalidades de Europa.

Luego de un importante declive en los siglos posteriores, en el año 1965 comenzó un renacimiento de la ciudad, restaurándose residencias, comercios, iglesias y edificios históricos. A partir de esto, se generó un boom turístico en Brujas, que actualmente recibe alrededor de dos millones de turistas por año.

Basta de tanta información y culturización, volvamos a la historia de los turistas, pero ahora relatada en primera persona.

Llegamos al hotel casi a medianoche, con un frío bastante jorobado. Hicimos check-in en el ibis budget, dejamos nuestras maletas y media hora después, estábamos hablando con el recepcionista del hotel. Aparentemente, le llamaba la atención que un par de turistas llegaran en mitad de la noche y aún así estuvieran dispuestos a hacer un primer reconocimiento de la ciudad. La realidad era que no habíamos podido cenar y buscábamos algún lugar abierto. Mapa en mente y siguiendo los consejos del buen hombre, salimos a caminar.

Lo primero que me llamó la atención, aún en mitad de la noche, fueron las ciclovías. Cada calle tenía un espacio importante designado, pero ya hablaré de esto más adelante. Lo que puedo decir por ahora, es que si caminás por una ciclovía, los ciclistas te van a mirar feo.


Siguiendo las recomendaciones del don del hotel, caminamos varias cuadras por una calle llamada Koning Albert I-laan. Por el momento, no habíamos visto nada de construcciones medievales ni canales. No era la Brujas que me habían vendido. En un momento determinado, llegamos a una plaza, con una fuente central y algunos lugares para comer a su costado. Lamentablemente, todos cerrados y sin movimiento. Sin embargo, las calles ya comenzaban a ser de adoquines y las casas a tener un aspecto más antiguo. La alegría fue aún mayor cuando notamos que una cuadra más adelante, había un lugar de comida turca (o símil) abierto.


Luego de una rápida cena, continuamos la marcha. Ahora sí parecía que estábamos acercándonos a la Brujas que uno ve en internet. Calles angostas, de adoquines. Casas de altura uniforme, de unos dos pisos o tres y con techos típicos.


Era extraño notarse caminando por esas calles, quizás las mismas que hace 500 años, pero ahora circuladas por autos de último modelo. Era raro también darse cuenta que los negocios en esas calles vendían productos tecnológicos o ropa moderna. Si no hubiese sido por esos pequeños detalles, tranquilamente uno se podría ver caminando en la Brujas de hace medio milenio.

Seguimos caminando por Noordzandstraat. Pronto notaríamos que el sufijo straat significa calle, dato útil si los hay. Un rato más adelante, luego de habernos cruzado con más bicicletas estacionadas en la calle que turistas caminando, llegamos a una zona con varios pubs, raramente abiertos. 


No dudamos, entramos a uno de ellos que estaba repleto de gente (o era muy pequeño el lugar) y tomamos una pinta de cerveza artesanal local, recomendada por el mozo del establecimiento. En ese momento, todo el cansancio del viaje pegó de golpe y decidimos que era una buena hora de volver al hotel.

Por acá termina esta entrada. En la siguiente, el primer día en Brujas!

domingo, 5 de octubre de 2014

Brujas, Bélgica - Parte 1

Entre finales de marzo y principios de abril, recorrí algunos destinos de Europa. Era la primera vez que cruzaba el gran charco, por lo cual, el objetivo era conocer la máxima cantidad de lugares posibles en los 17 días que duraría el viaje. La primera escala del mismo era la visita a la ciudad de Brujas (Brugge), en Bélgica. Viéndolo en retrospectiva, me llama la atención haber comenzado la travesía visitando una pequeña y antigua ciudad en un país casi que desconocido por los uruguayos. Sin embargo, la elección de Brujas (tal como espero reflejen estas líneas) fue además de azarosa, muy afortunada.

De todas maneras, sigamos el ritual que acompaña estos relatos. La entrada anterior fue la última de Berlín, capital de Alemania. Si te la perdiste, te invito a que pases por acá:


La travesía por Europa, cuya primera ciudad a relatar será Brujas, tuvo antes varias escalas que entiendo merecen ser relatadas en unas pocas líneas de la bitácora. Para llegar a nuestro primer destino, debíamos hacer escala en el aeropuerto Guarulhos de San Pablo. Allí nos subiríamos a un avión que nos trasladaría hasta la ciudad alemana de Frankfurt. Al llegar, el siguiente paso sería tomar un tren que nos dejaría en Bruselas, capital de Bélgica. Finalmente, un último tren nos permitiría llegar a Brujas.

No tengo dudas, el aeropuerto Guarulhos de San Pablo es el peor que he visitado. Tanto en el viaje de ida como en el de vuelta debimos detenernos siete horas allí. Es incómodo, lleno de gente, con muchos free shops y algunos pocos lugares para comer algo, que además eran carísimos. Tanto para subir a un avión como al descender, es necesario subirse a unos buses que trasladan a los pasajeros hasta su respectiva nave. Por un momento temí que el chofer de turno le errara al bus, cosa que por suerte no sucedió. Por ser vísperas del mundial de Brasil, sabíamos que se estaba por inaugurar una nueva terminal, pero no pudimos acceder a la misma. En un momento, el personal de una aerolínea informó que sus pasajeros tenían que presentarse, pero en lugar de hacerlo por altoparlantes, iban recorriendo los pasillos "informando" a la gente a los gritos. Era la primera vez que lo visitaba y me pareció que era más chico de lo que debía ser. En fin, no quiero desviarme demasiado del relato original, continuemos.

Luego de infinitas horas arriba del avión (algo así como once o doce), llegamos a Frankfurt, Alemania a las tres de la tarde. Al hacer migraciones, el oficial nos hizo las clásicas preguntas intentando corroborar que los turistas no se queden a vivir en su país. La situación se complicó un poco al no llevar impresos los pasajes de vuelta, pero cuando mostramos todas las reservas de hoteles y traslados ya pagos, convencimos al hombre. El aeropuerto de Frankfurt es el principal de su país y tercero en europa, transitando por el mismo más de 50 millones de pasajeros. Su interior es bastante moderno, con muchos ventanales y correctas señalizaciones. Una gran ventaja es que está conectado con la terminal de trenes, desde la que partiríamos hacia Bélgica.


Debimos estar un par de horas en la terminal de trenes, por lo cual, aprovechamos para recorrerla. Mucha prolijidad, quizás hasta demasiada para lo que estamos acostumbrados. Trenes que arribaban y partían a la hora indicada en los carteles. Recipientes para depositar distintos tipos de desperdicios. La gente con la que tuvimos contacto fue super cordial y hablando en perfecto inglés. Desde un costado de la terminal se accedía a un hotel Hilton Garden Inn cuyo diseño era similar al utilizado en la terminal, sobrio y con mucho vidrio. A esa altura, ya estábamos casi que en hora, así que fuimos al anden 7 a esperar el tren.


Si bien era uno de los últimos días de invierno, el frío se comenzó a hacer notar mientras esperábamos nuestro transporte. El tren llegó en la hora señalada y allí subimos. Estaríamos sobre el mismo cuatro horas, hasta llegar a Bruselas en el medio de la noche. Si en Frankfurt nos pareció que hacía frío, en Bruselas el clima era bastante peor. Esperamos en la estación Brussel-Noord el tren que nos llevaría a nuestro destino. Finalmente, subimos a un tren similar al de la próxima imagen, que sería el encargado de depositarnos en Brujas. Seré sincero, hasta ese entonces desconocía que hubieran trenes doble piso.


La última hora de viaje (la que separaba Bruselas de Brujas) se hizo sumamente rápida. Cuando quisimos acordar, estábamos bajando en la estación Brugge. El lugar escogido para pernoctar las dos noches que estaríamos en Brujas era el Hotel Ibis Budget Brugge Centrum Station. Tal como indica su nombre, se encontraba pegado a la estación de trenes, ideal para una fría noche de invierno y turistas con varias maletas.


Más allá de ser de los hoteles de menor precio, no tuvimos ninguna queja con el mismo. El ibis tenía lo esencial para asegurar un buen descanso y permitir al turista renovar energías para el día siguiente.

Ya escribí demasiado. En la próxima entrada relataré las primeras experiencias por la ciudad. Espero hayas disfrutado la presente!